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Sir Alex Ferguson y su regreso al Teatro de los Sueños

Sir Alex Ferguson ha vivido noches de todo tipo en Old Trafford. Finales decididas en el descuento, títulos levantados bajo la lluvia, ovaciones interminables. Pero ninguna escena le intimidó tanto como su regreso al estadio tras sufrir una hemorragia cerebral en 2018.

El técnico más laureado en la historia de Manchester United ha reconocido que estaba “aterrado” ante la idea de volver a sentarse en el palco del Teatro de los Sueños, apenas unos meses después de haber estado en cuidados intensivos en el Salford Royal Hospital.

En 2021 ya había contado que temió perder la memoria y la capacidad de hablar. Ahora ha ido un paso más allá y ha desnudado sus emociones antes de ese primer regreso, para el empate 1-1 de United ante Wolves, menos de cuatro meses después de su ingreso hospitalario.

“Estaba aterrorizado. Ojalá pudiera decir que estaba cómodo. No lo estaba”, confesó en BBC Breakfast. No era miedo al fútbol. Era miedo a la reacción. A no saber cómo le recibiría su gente. “No sabía cuál iba a ser la reacción. Luego hacen el anuncio y, por supuesto, se escucha un gran aplauso”.

El momento le desbordó. A él y a su familia. “Mi mujer estaba conmigo y estaba casi llorando. Cuando nos sentamos, me dijo: ‘Es fantástico’”. Ferguson lo resume con una frase que encaja con su historia en el club: “Es una de esas cosas. Es la generosidad de nuestra afición y el reconocimiento a mi tiempo allí”.

A sus 84 años, Sir Alex sigue siendo una presencia habitual en Old Trafford. Su figura en el palco, observando cada ataque y cada tropiezo de Manchester United, se ha convertido en parte del paisaje del estadio. Y, pese a lo vivido, asegura sentirse bien. “Me siento bastante bien a pesar de pequeñas lesiones”, explicó.

El camino hasta llegar a ese punto no fue sencillo. Hubo un instante que le heló la sangre más que cualquier tanda de penaltis: cuando perdió la voz. “Había perdido la voz; no podía hablar. Fue un momento aterrador”, recordó. No era solo el silencio. Era la sensación de no poder comunicarse con los suyos.

La escena con sus nietos le quedó grabada. “Recuerdo que mis nietos vinieron a verme y yo había perdido la voz”. Para un hombre que construyó su leyenda a base de discursos en el vestuario, miradas al banquillo y charlas en el despacho, aquella ausencia de palabras era un abismo.

Entonces apareció la terapia. Nada de épica, sino trabajo minucioso, casi escolar. “Trajeron a una terapeuta y empezó a hacer cosas como pedirme que escribiera nombres de pájaros, nombres de animales, nombres de ríos. De esa manera volvió mi voz”.

No fue un gol en el minuto 93. No fue un título decidido en el último día de liga. Pero para Ferguson, recuperar la voz y sentir de nuevo el rugido de Old Trafford probablemente se le parezca mucho. Y cada vez que se levanta en el palco, aplaude o asiente, el estadio sabe que no solo ve a un mito del banquillo, sino a alguien que ya ha ganado el partido más difícil de su vida.