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Sligo Rovers desciende tras 22 temporadas en la élite

La noche en Tolka Park no fue solo una goleada. Fue un final de era. Sligo Rovers, instalado sin interrupción en la SSE Airtricity Premier Division desde 2005, cayó 5-1 ante un Shelbourne implacable y certificó un descenso que llevaba semanas anunciándose.

Un gigante cansado, sin respuesta

El equipo de Darren Purse llegaba hundido en el fondo de la tabla, sabiendo que solo la victoria le permitía seguir respirando. No ganó. Ni estuvo cerca. Cuatro derrotas ligueras consecutivas, más de tres meses sin celebrar un triunfo y una dinámica que ya no admitía maquillajes desembocaron en la sentencia más dura: la Primera División les espera en 2027.

Para un club que ha pasado casi toda su existencia en la máxima categoría, con apenas breves paréntesis fuera de ella —el último en 2004—, el golpe es histórico. Y la forma en que se produjo, demoledora.

Shelbourne huele sangre

Shelbourne llegaba con todos los signos a favor. No había perdido ante Sligo en los tres enfrentamientos previos de la temporada y lo dejó claro desde el inicio. Mandó en el balón, en el territorio y en la sensación de peligro.

Sin embargo, el primer aviso serio fue visitante. En el minuto 7, Archie Meekison filtró un pase perfecto para Kaiyne Woolery, que cruzó su disparo y vio cómo el balón se marchaba rozando el segundo palo. Fue un destello aislado. Nada más.

El castigo llegó pronto. En el 13’, Ademipo Odubeko se abrió paso a trompicones dentro del área, disparó y la pelota se colaba ya cuando Daniel Kelly, de vuelta tras sanción, apareció sobre la línea para empujarla y asegurar el gol. Séptimo tanto liguero para Kelly, aunque la jugada llevaba el nombre de Odubeko.

Shelbourne olió debilidad y apretó. A mitad de la primera parte, otra vez Kelly rozó el segundo tras un buen servicio de Odubeko desde la derecha, con un tiro raso que se perdió por centímetros. Poco después, el capitán Kerr McInroy sacudió el larguero con un disparo brutal desde unos 25 metros que dejó temblando la portería y a Sligo aún más metido atrás.

McInroy lo volvió a intentar justo antes del descanso, con un zurdazo que salió por poco. Shelbourne dominaba, llegaba, insistía. Pero el fútbol, a veces, tiene su propia ironía.

Un respiro antes del naufragio

Cuando el primer tiempo agonizaba, Sligo encontró aire de la nada. Un malentendido entre el guardameta Ed Beach y Milan Mbang dentro del área local dejó la pelota viva, y Woolery apareció con decisión para fusilar y poner el 1-1 justo al filo del descanso. Un golpe inesperado para la grada. Un hilo de esperanza para un equipo al borde del abismo.

Duró muy poco.

La avalancha roja

Nada más arrancar la segunda parte, Kelly volvió a estar cerca del gol con una volea que se fue rozando la escuadra. Era el preludio de lo que venía.

En el minuto 50, Odubeko devolvió la ventaja a Shelbourne culminando una jugada dentro del área. Marcó, cayó lesionado en la acción y tuvo que dejar el campo de inmediato. Entró John Martin. Y el partido cambió de goleada a humillación.

Martin necesitó un solo toque para dejar su firma. Minuto 52: centro de Kelly desde la derecha y cabezazo certero del recién ingresado para el 3-1. La defensa de Sligo, ya tocada, empezó a descomponerse.

Antes de la hora de juego, Mbang apareció sin oposición dentro del área para empujar el cuarto. Sligo ya no respondía, solo encajaba. Dos minutos después, en el 61’, Martin repitió con otro remate de cabeza para el 5-1. Un doblete en diez minutos. Una capitulación total del equipo visitante.

Shelbourne olió sangre y siguió atacando. Martin rozó el hat-trick en los instantes finales. No lo logró, pero poco importó: el conjunto de John Russell firmó su victoria más abultada de la temporada y se instaló en la cuarta plaza, dos puntos por delante de Derry City, que aún tiene un partido pendiente.

Sligo mira al vacío

Mientras la afición local celebraba, la realidad se cerraba sobre Sligo Rovers. El descenso ya no es una amenaza, es un hecho. Un club acostumbrado a mirarse en el espejo de la élite se ve ahora obligado a reconstruirse desde la segunda categoría.

Queda temporada por completar: Dundalk en casa, Shamrock Rovers a domicilio y un último choque ante Derry City. Partidos que, hace no tanto, se leían en clave europea o de ambición. Hoy suenan a trámite doloroso.

Habrá tiempo para el análisis, para el debate interno, para preguntarse en qué punto exacto se torció todo. Pero la tabla no entiende de nostalgias. Después de 22 temporadas seguidas en la Premier Division, Sligo Rovers ya sabe que el próximo curso será distinto. Muy distinto.