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Ter Stegen: del regreso al liderazgo en la selección alemana

El camino de vuelta nunca es una línea recta. Marc-André ter Stegen lo sabe mejor que nadie. El portero, ahora cedido en el Ajax, ha tenido que pelear tanto con su cuerpo como con su cabeza para volver a sentirse futbolista. Más que una recuperación, ha sido una reconstrucción.

El ex del Barcelona admite que la repetición de problemas físicos le golpeó donde más duele a un guardameta: en la confianza. Cuando el cuerpo falla una y otra vez, la mente empieza a resquebrajarse.

«No puedo decir que no haya tenido dudas en algunos momentos, sobre todo después de una lesión, y más cuando una lleva a otra. Empiezas a dudar de ti mismo y nada se siente bien», confesó a Sky Germany el guardameta de 34 años.

Esa espiral, tan conocida en la élite, le obligó a mirarse al espejo.

Pero en plena rehabilitación, algo cambió. Ter Stegen empezó a notar respuestas. Señales. «Durante la rehabilitación también te das cuenta de que tu cuerpo está respondiendo y te está dando las gracias por volver al buen camino», explicó. Ahí apareció la versión que le ha sostenido toda su carrera: el competidor que jamás se rinde. «Nunca dudé de que volvería, porque esa es mi mentalidad y así me veo como persona. Hay altibajos en la rehabilitación, sí. Y estoy contento de que todo esté saliendo como imaginaba. Que estoy sano ahora mismo, y lo valoro de verdad».

No es una frase hecha. Ter Stegen no jugaba con Alemania desde una derrota por 2-0 ante Francia en junio de 2025. Demasiado tiempo viendo los partidos desde la grada, demasiados himnos escuchados sin sentir el césped bajo los tacos. Esa distancia le ha cambiado la mirada. Cada entrenamiento, cada sesión de porteros, cada balón que toca, lo vive ahora como un privilegio, no como una rutina.

«Para mí, siempre es algo especial volver aquí», subrayó. «Sobre todo después de una época en la que las cosas no han salido como querías, cuando tu cuerpo no ha estado colaborando, entonces lo aprecias todo mucho más. Creo que he trabajado duro para volver a este punto».

Ahí asoma otro matiz: gratitud y hambre a la vez. No vuelve para despedirse. Vuelve para competir.

«Estoy increíblemente feliz y con muchas ganas de ver muchas caras nuevas: viejos conocidos, viejos amigos que están aquí, y simplemente empezar de cero y dar lo mejor para el equipo, para nosotros y para vosotros», añadió. «Estoy encantado, y por eso se me ve sonriendo. Estoy feliz de estar de vuelta al 100 %, con la selección, y de poder estar en el campo y ojalá jugar un fútbol exitoso. Eso es lo que todos queremos».

Nuevo seleccionador, nuevo rol

Mientras Ter Stegen peleaba con su cuerpo, la selección alemana cambiaba de piel. La llegada de Jürgen Klopp al banquillo ha removido jerarquías y discursos. Nuevo tono, nuevas exigencias, otra energía. Y dentro de ese nuevo escenario, el guardameta del Ajax ha recibido la confirmación que llevaba años persiguiendo: será el número uno en este parón internacional.

Klopp no ha tardado en fijar su jerarquía. El mensaje es claro: confianza total en un portero que, durante buena parte de su carrera con la Mannschaft, ha vivido a la sombra de Manuel Neuer. Esta vez no se trata de esperar una oportunidad por lesión o rotación. Es una apuesta directa.

Para Ter Stegen, el respaldo del seleccionador llega en el momento justo. Recuperado físicamente, fortalecido mentalmente, con una lectura distinta de su propia carrera, asume ahora un papel que va más allá de las paradas. Se le exige jerarquía.

Él lo entiende así. «De un jugador más experimentado siempre se espera que haya cierta calma en situaciones en las que las cosas se pueden poner difíciles. Eso estará, al 100 %», aseguró. No es una promesa vacía, es una declaración de intenciones.

El portero también puso el foco en el peso del núcleo duro del vestuario. «Tenemos que confiar en jugadores que quizá han jugado algunos partidos internacionales más, como Jo Kimmich y Kai Havertz, por ejemplo, o como yo». Nombres que sostienen al grupo cuando el partido se tuerce, cuando el ruido aprieta.

Alrededor de ellos, una ola nueva. «Y luego están las caras nuevas. Creo que aportarán frescura, y para el entrenador es fantástico ver muchas caras nuevas y ver qué pueden ofrecernos para la selección», remató.

La escena es potente: Ter Stegen, con cicatrices recientes pero la mirada limpia, bajo los palos; Klopp, en la banda, empujando cada acción; veteranos y recién llegados mezclados en un mismo objetivo. Alemania se rearma. Y su guardián, al fin, vuelve a estar donde siempre creyó que debía estar.

Ter Stegen: del regreso al liderazgo en la selección alemana