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Thiago Pitarch: La nueva esperanza de Mourinho en el centro del campo

Con el parón de selecciones a punto de bajar el telón y el Real Madrid preparando el regreso a la rutina del club, José Mourinho tiene una carpeta abierta sobre la mesa: el centro del campo. Y dentro de esa carpeta, un nombre subrayado en rojo: Thiago Pitarch.

El último experimento del doble pivote

Mourinho ha ido moviendo piezas en la sala de máquinas desde que arrancó la temporada. Ha probado combinaciones, ha mezclado perfiles, ha buscado ese punto exacto entre seguridad defensiva, salida limpia y llegada al área rival. Aurelien Tchouameni, Federico Valverde, Eduardo Camavinga y Bernardo Silva ya han pasado por su laboratorio táctico en el doble pivote.

Solo falta uno por entrar en la mezcla: Thiago Pitarch.

Según informa MARCA, el joven centrocampista está ya “totalmente preparado” para pelear por minutos reales en ese sistema. No se trata de un canterano más que rellena entrenamientos. Forma parte de los planes del primer equipo, entrena con ellos, viaja, respira ese vestuario. Lo único que le falta es lo que marca la diferencia en el fútbol de élite: la oportunidad.

Un perfil distinto en un centro del campo saturado

Pitarch no llega para romper puertas a base de físico, sino para ofrecer algo diferente. Su juego se sostiene en la técnica, en el control en espacios reducidos, en la capacidad para girarse donde otros solo ven rivales. Ha mostrado una madurez impropia de su edad, un detalle que en Valdebebas no pasa desapercibido.

El problema es evidente: el embudo de minutos. Con Tchouameni, Valverde, Camavinga y Bernardo Silva como opciones consolidadas, el camino hacia el once se estrecha. No hay huecos regalados en un Real Madrid que compite por todo cada tres días.

Y, sin embargo, su caso engancha. Porque Mourinho ya ha demostrado que no le tiembla el pulso a la hora de probar jugadores en posiciones más retrasadas. Sabe que el doble pivote exige mucho más que tocar y soltar. Hay que leer cuándo saltar a la presión, cuándo enfriar el partido, cuándo romper líneas con un pase o una conducción.

Para un joven, esa lista de responsabilidades puede pesar como una losa. Pitarch, de momento, ha dejado claro que no se encoge.

Un calendario que abre una rendija

Las próximas semanas pueden cambiar su temporada. El Real Madrid encara un calendario denso, con La Liga y la Champions League apretando el margen de maniobra. La rotación en el centro del campo ya no es un lujo; es una obligación.

A eso se suma la crisis en defensa. La situación atrás es tan delicada que Mourinho contempla utilizar a Tchouameni como central, al menos en el duelo ante el Villarreal. Si el francés se incrusta en la zaga, se libera un espacio más en la base del juego.

Ahí es donde el nombre de Pitarch deja de ser una idea y empieza a parecer una solución.

Mourinho, no obstante, no está obligado a lanzarlo al fuego como titular indiscutible. Puede dosificarlo, medir cada minuto, cada contexto. Darle aire sin quemarlo. Una fórmula lógica sería arroparlo con un mediocentro ya hecho. Jugar, por ejemplo, con Fede Valverde a su lado en ese doble pivote le permitiría soltarse con una red de seguridad detrás.

La oportunidad que define carreras

Pitarch ya ha enseñado destellos en sus apariciones con el primer equipo. No ha necesitado grandes focos para dejar la sensación de que hay algo ahí, de que no es un simple parche de cantera. El cuerpo técnico lo sabe. El vestuario también.

Ahora el reloj corre hacia un tramo de temporada que obliga a tomar decisiones valientes. Mourinho tiene entre manos su último experimento en el centro del campo. Thiago Pitarch espera, preparado, al borde del escenario.

La pregunta ya no es si está listo. La pregunta es cuándo decidirá el técnico que ha llegado el momento de descubrir si ese talento aguanta el peso del Bernabéu cuando el balón quema de verdad.