Tuchel y el crucial partido ante Croacia en la Nations League
Thomas Tuchel aterriza en Croacia con la serenidad del técnico que sabe que cada detalle cuenta y que, aun en un escenario extraño, no hay margen para el despiste. Inglaterra se juega mucho en la Nations League y lo hará en un ambiente poco habitual: gradas cerradas, salvo por niños y un pequeño grupo de aficionados visitantes.
No es el contexto soñado. Pero el seleccionador inglés deja claro que no piensa permitir que el partido se convierta en un amistoso de verano.
Un partido “a puerta cerrada” que no lo estará del todo
El duelo ante Croacia se disputará oficialmente a puerta cerrada, aunque el reglamento permite la presencia de niños y de un reducido grupo de seguidores. Para Tuchel, ese matiz importa.
Está encantado de que haya pequeños en la grada, de que puedan ver de cerca a sus ídolos, y de que esos “100 o 200” hinchas ingleses que han viajado tengan su recompensa. Habla de ellos como los más fieles, los que nunca fallan. Y para el vestuario, subraya, eso pesa.
El resto será raro. Silencio, eco, una atmósfera que se parece demasiado a un entrenamiento de pretemporada. Justo lo que el técnico alemán quiere evitar. Insiste en que no hay lugar para el modo vacaciones: es un partido crucial de Nations League y el equipo debe competir como si el estadio estuviera lleno hasta la última butaca.
Clima de calma, rival de máximo nivel
El escenario engaña. El entorno es idílico: buen tiempo, gente amable, un lugar perfecto para entrenar. Tuchel lo reconoce sin rodeos: “¿Qué no te puede gustar de aquí?”. La selección viene de siete semanas de convivencia en Estados Unidos, un bloque que se conoce, que ha creado lazos, que llega unido.
Pero enfrente aparece Croacia, un rival que el técnico no maquilla. Habla de “gran nación futbolística”, de un país orgulloso, de un equipo lleno de calidad, que mezcla juventud y experiencia, dirigido por un entrenador joven al que todos quieren responder.
Tuchel lo siente como un partido de copa. No un trámite, sino algo cercano a una semifinal: tensión alta, margen de error mínimo, detalles que deciden. Admira a los futbolistas croatas, su técnica, su carácter competitivo. Y señala un nombre propio: Martin Baturina. Inglaterra quiere cortar su buena racha ante equipos ingleses, pero el entrenador avisa de que no es el único foco de peligro. Tendrán un ojo puesto en él, sí, pero sin perder de vista al resto.
Gestión del cansancio y una sola baja
En lo deportivo, el mensaje es claro: casi todos llegan en condiciones óptimas. Tuchel y su cuerpo técnico han levantado el pie en los últimos entrenamientos para controlar la fatiga de los jugadores con más carga, como Elliot Anderson y Anthony Gordon. Tres días entre partido y partido han sido oro para ajustar esfuerzos.
Solo hay una ausencia: Nico O’Reilly abandonó la concentración para tratarse de unas molestias que le impedían trabajar con normalidad. Es el único descartado. El resto completó la última sesión “a un nivel alto”, según el técnico, y está listo para entrar en la lista.
La sensación es de plantilla enchufada, con piernas frescas y la mente enfocada en un partido que puede marcar el tono del tramo final de la competición.
El terremoto Manchester City también sacude la concentración
Mientras Tuchel prepara el plan de partido, hay un tema que se cuela inevitablemente en las conversaciones del vestuario: el veredicto sobre Manchester City. La posible caída del club de la élite nacional ha abierto un debate que va mucho más allá del día a día de la selección.
El seleccionador no se esconde: sabe que los jugadores hablan del asunto, que los propios futbolistas del City lo llevan encima, que en los ratos libres el tema aparece una y otra vez. Él prefiere mantenerse al margen de las grandes sentencias. Admite que no quiere ser “otra voz” con “medio conocimiento” del caso. Escucha, comenta lo justo, y vuelve al foco: el partido.
La cuestión, sin embargo, tiene una derivada directa para Inglaterra. Si el City termina fuera de la máxima categoría, ¿qué pasa con los internacionales que compitan en divisiones inferiores? Tuchel lo deja cristalino: no cerrará la puerta a nadie por el nivel de la liga en la que juegue.
Su criterio será deportivo, no burocrático. Elegirá “el mejor equipo para la concentración, la ocasión, el torneo”, caso por caso. Si un futbolista rinde, si encaja en el plan, la categoría de su club no será una barrera. En un momento en el que el fútbol inglés se interroga sobre su futuro inmediato, esa postura marca territorio.
Una noche extraña, un examen real
Inglaterra saldrá al césped en un estadio que sonará a vacío, ante un rival que no entiende de amistosos, con un grupo que mira de reojo el terremoto institucional que sacude a uno de sus gigantes. El decorado puede parecer de pretemporada. El contenido, no.
Tuchel lo sabe y lo repite: es un partido grande. De los que moldean carácter, de los que enseñan quién está preparado para competir cuando el ruido desaparece y solo queda el balón.
La pregunta es sencilla y, a la vez, definitiva: en una noche sin público, ¿quién va a hacer de ruido para Inglaterra?






