El vértigo de Hurzeler y la presión sobre Arbeloa en la Premier League
En febrero, el Amex Stadium fue un lugar hostil para Fabian Hurzeler. Brighton acababa de perder 0-1 en casa ante su gran rival, Crystal Palace. El equipo caía al 14º puesto, con solo una victoria en 12 partidos de Premier League, y la grada dictaba sentencia: “you’re getting sacked in the morning”. No era una tarde de dudas, era una tarde de veredicto.
El técnico alemán, entonces con 31 años y ya convertido en el entrenador permanente más joven de la historia de la Premier League, respondió con una frase que hoy suena casi programática. “Solo hay dos opciones. Rendirse o seguir empujando más fuerte, y esa es siempre la opción que elijo en mi vida”. Aquella declaración, en un contexto de crisis, parecía más una defensa propia que un manifiesto de futuro.
Ocho meses después, la escena ha cambiado por completo. Brighton recibe de nuevo a Crystal Palace este domingo (14:00 BST) como un equipo transformado: tercero en la tabla, con victorias de autoridad ante el vigente campeón Arsenal y ante el ganador de la Europa League, Aston Villa. El mismo rival, el mismo estadio, pero otro clima. Ahora, las dudas no giran en torno a si Hurzeler sobrevivirá, sino a cuánto tiempo podrán retenerlo.
Once triunfos en 18 partidos de liga han catapultado a las “Gaviotas” de vuelta a Europa y han disparado la cotización de su entrenador. El hombre que escuchó “you don’t know what you’re doing” desde la grada se ha convertido en el técnico que los aficionados temen perder. El giro es tan brusco como revelador.
La apuesta del club por sostener el proyecto se reforzó antes incluso de que llegara esta racha: nuevo contrato de larga duración para Hurzeler y unos 150 millones de libras en fichajes durante el verano. No fue un cheque en blanco, fue una señal clara de confianza en medio de la tormenta. Y ahora, con el equipo instalado en la parte alta, esa decisión parece visionaria.
El ruido también ha cambiado de tono fuera del estadio. Tras la victoria del pasado sábado en el campo del Sunderland, las tertulias telefónicas pospartido ya no se preguntaban si Hurzeler era el adecuado, sino cuánto tardará un gigante en llamar a su puerta. Un giro radical en apenas unos meses.
Para Glenn Murray, exdelantero del Brighton, la explicación está en cómo el alemán atravesó la mala racha. “Aprendes más sobre ti mismo y sobre la gente que te rodea cuando pierdes partidos”, recordó en declaraciones a BBC Sport. “Hurzeler ha salido por el otro lado y la forma en que ha conseguido que este grupo de jugadores rinda es excepcional”. No es solo una cuestión de resultados; es la sensación de que el equipo ha encontrado una identidad competitiva bajo presión.
Este domingo, cuando Crystal Palace vuelva a pisar el Amex, el eco de aquellos abucheos de febrero seguirá flotando en la memoria colectiva. Pero la atmósfera será otra. El club que aguantó cuando era más fácil pulsar el botón del pánico ahora mira hacia arriba, con un joven entrenador que ha convertido la amenaza de despido en carta de presentación para la élite.
Arbeloa, sin red en Fulham
A casi 100 kilómetros de allí, el ambiente es mucho menos idílico. En Craven Cottage, Alvaro Arbeloa se asoma a un fin de semana que puede marcar su futuro inmediato. Fulham recibe a Hull City este sábado (15:00 BST) con el técnico todavía sin conocer la victoria en la Premier League y el equipo hundido en el último puesto con solo dos puntos.
Chris Sutton, ex campeón de la Premier League, no lo disimula: “Este se siente como un partido enorme para el entrenador de Fulham, Alvaro Arbeloa, que sigue esperando su primer triunfo en liga”. El contexto no ayuda. La semana pasada, Fulham tenía el partido ganado ante Ipswich y lo dejó escapar en los minutos finales. “Perder así, tan tarde, fue desesperante para ellos”, apuntó Sutton.
El patrón se repite. Sutton ha visto al equipo contra Liverpool y Manchester United: buenas fases, fútbol aceptable, pero incapacidad para cerrar los encuentros. Y el calendario tampoco da tregua. Después de Hull, llega una salida complicada a Coventry. Para un club que no se caracteriza por quemar entrenadores, el escenario empieza a resultar incómodo. “Si pierden este, la presión realmente se le echará encima a Arbeloa”, advirtió el exdelantero.
El propio técnico intenta proyectar calma. Tras la derrota en el campo del recién ascendido Ipswich, Arbeloa fue tajante sobre su situación personal. “Nunca me preocupo por mi puesto”, afirmó. “No siento miedo. No puedes ser entrenador si lo sientes. Tienes que trabajar, tomar decisiones y mostrar confianza a tus jugadores”. Insistió en que lo que le inquieta no es su silla, sino la clasificación del club. “No se trata de mi posición, se trata de la posición de Fulham. Eso es lo más importante. Obviamente solo son seis partidos, pero es verdad que necesitamos puntos”.
El problema es que los números golpean siempre al final. Fulham se acostumbró a la estabilidad desde la llegada de Marco Silva en 2021: un equipo competitivo, rara vez amenazado seriamente por el descenso. La marcha del portugués este verano rumbo a Benfica abrió un vacío que el club decidió llenar con una apuesta arriesgada.
Arbeloa llegó con un currículum corto en la élite. Exjugador de Liverpool y Real Madrid, su única experiencia real al máximo nivel en el banquillo había sido un breve periodo como técnico de Real Madrid entre enero y mayo de este año, en condición interina tras el despido de Xabi Alonso. Un salto enorme para un entrenador de 43 años sin un cuerpo de trabajo consolidado.
El riesgo se está notando sobre el césped. El talón de Aquiles del Fulham de Arbeloa son los últimos minutos. El equipo ha encajado goles en el tramo final (del 75 en adelante) en cuatro de sus seis partidos de Premier League. Ante Ipswich, el desenlace fue especialmente cruel: empate en el minuto 88 y el golpe definitivo de Dara O’Shea en el 91. Un puñal en un equipo que ya vivía bajo sospecha.
Puertas adentro, el escenario tampoco es sencillo. Según informa el corresponsal de BBC Sport, Sami Mokbel, “no hay escapatoria” para Arbeloa: vive un fin de semana potencialmente decisivo. Apenas seis jornadas después de su estreno, ya emergen dudas sobre su continuidad. Sus métodos no han encajado del todo en el vestuario y el trato a ciertos jugadores ha generado sorpresa entre algunos miembros de la plantilla.
Aun así, el técnico insiste en que la semana ha transcurrido con normalidad. “No, no”, respondió cuando le preguntaron si había pedido claridad sobre su futuro. “Para mí ha sido una semana normal, en la que hemos trabajado duro y preparado un partido difícil contra un equipo muy difícil”. Arbeloa asegura sentirse respaldado por el grupo. “Lo hicieron durante muchos minutos contra Ipswich. Lo hicimos contra Manchester United y lo hicimos contra Liverpool. Para mí, tenemos que intentar mantener ese nivel durante 90 minutos, eso es importante”.
El mensaje interno es de compromiso. “Vi el compromiso de los jugadores en cómo han entrenado. Están muy centrados en el partido de mañana. Lo más importante es el rendimiento de mis jugadores”. Pero el club ya mira más allá de las palabras.
Tony Khan, director de operaciones de fútbol de Fulham, está “desesperado” por que la apuesta funcione. Él fue uno de los grandes impulsores de un nombramiento que ya entonces se consideró fuera de guion. Contratar a Arbeloa fue un riesgo calculado, una jugada diferente en un mercado donde los perfiles consolidados escasean o son prohibitivos. De momento, el plan no ha salido como se esperaba.
Si el resultado ante Hull vuelve a ser pobre, el proyecto quedará bajo una lupa mucho más agresiva. No solo se examinarán los planteamientos tácticos o los cambios, sino la propia decisión de haber entregado el banquillo a un técnico con tan poca experiencia en la élite.
Mientras Brighton disfruta del vértigo dulce de un acierto joven y ambicioso, Fulham se asoma a la cara amarga de la misma moneda. Hurzeler ya ha demostrado que la paciencia puede cambiar una temporada. Arbeloa está a punto de descubrir si en Craven Cottage existe ese mismo margen de fe. O si este sábado será, para él, algo más que un simple partido de liga.






