Logotipo completo Alargue Final

Andrew Robertson sobre la defensa de Trent Alexander-Arnold

Andrew Robertson, hoy en el Tottenham, mira atrás y ve algo más que títulos cuando recuerda su sociedad con Trent Alexander-Arnold en el Liverpool de Jürgen Klopp. Ve una banda derecha desprotegida, un compañero expuesto tácticamente y un relato sobre su capacidad defensiva que, según él, nunca ha hecho justicia a la realidad.

Entre 2018 y 2020, los dos laterales marcaron una época. Champions League en 2019, Premier League en 2020, cifras de asistencias de centrocampistas creativos y un papel decisivo en el juego ofensivo de los Reds. Pero, mientras la dupla brillaba hacia adelante, en defensa el foco se concentraba casi siempre en el mismo lado del campo.

Robertson lo explicó con crudeza en The Overlap. En la izquierda, Sadio Mané trabajaba hacia atrás con una intensidad feroz. Tapaba líneas de pase, mordía en la presión y corregía cuando el escocés fallaba una entrada. En la derecha, el escenario era muy distinto: Mohamed Salah debía vivir más arriba, cerca del área rival, lejos de su propio campo. No se le pedía retroceder hasta la frontal del área para ayudar.

Ese simple matiz cambió la percepción de un jugador entero.

Alexander-Arnold se veía a menudo aislado, obligado a defender grandes espacios sin la primera ayuda del extremo. Muchas veces dependía de que un centrocampista como Jordan Henderson llegara a la cobertura. No siempre pasaba a tiempo. Cuando el sistema se rompía, la imagen que quedaba era clara: el lateral derecho, mano a mano, expuesto, señalado.

Robertson admite que empezó a sentir lástima por su socio de banda. No por falta de nivel, sino por cómo el contexto amplificaba cada error. El escocés lo desgranó sin rodeos: él defendía de una manera, con un escudo constante a su lado; Trent, de otra, mucho más exigente por diseño.

A esa diferencia táctica se sumó otro factor: el pasaporte. Robertson fue directo al comparar el trato mediático. Para él, el hecho de que Alexander-Arnold sea inglés lo coloca bajo un microscopio distinto al de un internacional escocés. Contó incluso la frase que repetía a su compañero: nunca recibiría tantos elogios como él, pero tampoco tanta crítica. La presión sobre el talento local, dijo, es otra liga.

Mientras el debate sobre su defensa crecía, Alexander-Arnold respondía en el césped. Durante la carrera hacia la final de la Champions de 2018 firmó actuaciones defensivas de alto nivel contra rivales de élite europea. No eran solo centros medidos y cambios de juego; eran duelos ganados, líneas cerradas, partidos grandes resueltos atrás.

Robertson sacó un ejemplo que pesa más que cualquier tertulia: aquel duelo ante Kylian Mbappé con la camiseta del PSG. “Lo he visto anular a Mbappé”, recordó. También subrayó su rendimiento en las finales de Champions, donde, a su juicio, el lateral estuvo “increíble” en los duelos uno contra uno. Para el escocés, en sus mejores noches, Trent fue “un defensor uno contra uno increíble”.

Y, aun así, la etiqueta de “no sabe defender” se pegó a su nombre desde muy joven. Robertson cree que esa marca le acompaña desde su irrupción en la élite y que, por más que evolucione, le cuesta quitársela. Comete errores, sí, como cualquiera, pero cada fallo refuerza un estigma que, según su excompañero, nunca ha reflejado toda la verdad.

En 2025, Alexander-Arnold dejó Anfield rumbo al Real Madrid. Cambió de liga, de país y de contexto, pero no de narrativa: la conversación sobre su faceta defensiva viajó con él. Su etapa en LaLiga no ha despegado como se esperaba y su futuro en el club blanco se presenta abierto, pendiente de que recupere la versión dominante que mostró en los mejores años del Liverpool.

Mientras tanto, el foco inmediato se traslada a la selección. Con 27 años, vuelve a una convocatoria de Inglaterra, ahora bajo el mando de Thomas Tuchel. Pese a su palmarés y su talento, nunca ha logrado consolidarse como titular indiscutible con los Three Lions. Este parón internacional se convierte en otra oportunidad, quizá una de las últimas grandes, para convencer a un nuevo seleccionador de que su perfil encaja en el plan.

Entre la batalla por su sitio en el Real Madrid y la pugna por un rol estable en Inglaterra, Alexander-Arnold se encuentra en un punto de inflexión. Lleva años viviendo bajo un juicio permanente sobre lo que hace sin balón. La pregunta, a estas alturas de su carrera, es clara: ¿será capaz de cambiar por fin la historia que otros han escrito sobre él?