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Argentina remonta y jugará la final contra España

Argentina vuelve a caminar por el filo y vuelve a salir viva. Otra vez a contracorriente, otra vez contra Inglaterra, otra vez con la camiseta cargada de memoria. Cuarenta años después de la “mano de Dios”, el golpe decisivo llegó con la cabeza de El Toro. Lautaro Martínez firmó el 2-1 y desató un estallido de lágrimas, rabia y alivio. El campeón del mundo estará el domingo en la final contra España, en East Rutherford, con la posibilidad de coronarse también ante el campeón de Europa.

Inglaterra golpea, Argentina responde

El guion parecía escrito para los ingleses. Gol de Gordon y sensación de control. Argentina, por momentos, se vio atrapada entre la ansiedad y el peso de la historia, con la sombra de 1986 sobrevolando cada duelo, cada protesta, cada carrera.

Pero este equipo tiene una costumbre: nunca se da por vencido. La remontada se encendió tarde, casi al límite, cuando el reloj ya empezaba a dictar sentencia. Primero apareció Enzo Fernández, a los 85 minutos, para devolver la vida con el 1-1. El impulso emocional fue inmediato. Inglaterra se desordenó, Argentina olió sangre.

Y entonces entró en escena el socio eterno.

Messi, el cerebro; Lautaro, el martillo

Lionel Messi no necesita dominar 90 minutos para cambiar una historia. Le basta un par de toques, una rendija, una duda del rival. Lo hizo otra vez. Dos asistencias, dos puñaladas. La segunda, la que se recordará durante años, encontró a Lautaro Martínez en el momento exacto.

Centro medido, movimiento perfecto del delantero del Inter y cabezazo letal: 2-1. No hizo falta nada más. Lautaro se rompió en lágrimas después del gol, consciente de lo que significaba: la clasificación, la redención personal, la confirmación de su peso en una selección que ya no vive solo de Messi, pero que sigue respirando a su ritmo.

El partido se inclinó definitivamente ahí. Inglaterra, “dada vuelta”, como titularon en Italia, quedó sin respuesta. Argentina, en cambio, se aferró al resultado con la mezcla de oficio y sufrimiento que ha marcado este ciclo.

De la épica a la cita con España

La remontada ante Inglaterra no fue un episodio aislado. Es la continuación de una secuencia que ya se vio en otras noches grandes: un equipo que se complica, que parece al borde del abismo y que, empujado por el talento y el carácter, encuentra la manera de regresar.

El domingo espera España, el campeón de Europa, un rival que no se encoge ante el ruido ni ante los nombres. Desde Italia apuntan a un bloque trabajado al detalle por De La Fuente, un sistema que ha aprendido a ganar y que no tiembla ante la cita grande. Argentina, campeona del mundo, España, campeona de Europa: el escenario en East Rutherford promete un choque de estilos y jerarquías.

Allí estará Messi, otra vez en el centro de todo. Allí llegará Lautaro, con la confianza por las nubes tras ser decisivo de nuevo en una semifinal de alto voltaje. Allí se decidirá si esta generación puede poner otro sello en una era ya legendaria.

Italia mira a su futuro mientras arde el mercado

Mientras Argentina y España se preparan para la final, en Italia el foco también se reparte entre el banquillo azzurro y un mercado que se mueve a gran velocidad.

Paolo Maldini, figura de referencia, ha señalado a Andrea Pirlo como el elegido para el futuro de la selección. La pelota, ahora, está en el tejado de Giovanni Malagò y de una Serie A que todavía arrastra dudas sobre la apuesta. Un símbolo del juego elegante, Pirlo, llamado a dirigir un equipo nacional que busca identidad y liderazgo tras años de altibajos.

En paralelo, los despachos hierven. En Turín, Juventus trabaja con calculadora en mano: se habla de una vía económica para acercar a Kessié, con una oferta de 4,5 millones, mientras se afinan los números para ir a por Lucumí. El nombre de Emegha aparece en boca de Ravanelli, que lanza un mensaje claro: “Basta de Vlahovic”, un dardo directo a la actual referencia ofensiva.

El club bianconero, además, explora el mercado de porteros. Dibu Martínez sigue siendo la primera opción para la portería, pero la muralla de Aston Villa complica la operación y abre una alternativa italiana: Vicario, del Tottenham, con contactos ya iniciados desde el entorno de Spalletti. En ataque, el acuerdo por el delantero del Parma se acerca, en otra pieza de un puzzle que Juventus intenta completar con rapidez.

Inter, entre la euforia de Lautaro y los movimientos de mercado

El impacto de Lautaro con Argentina resuena en Milán. El capitán del Inter no solo decidió una semifinal mundialista: confirmó su condición de estrella absoluta también a ojos de Europa. En el club nerazzurro, mientras tanto, se ejecuta un “blitz” de mercado: cerrados los movimientos por Spence y Romero, operaciones que refuerzan la estructura de la plantilla.

El nombre de Spence aparece también vinculado a Chivu, con el lateral dispuesto a decir que sí al proyecto. Una señal de que Inter no quiere perder el paso ni dentro ni fuera del campo.

En el otro lado de la ciudad, Milan vive días agitados. Pulisic agita el ambiente con su situación, mientras Zaniolo vuelve a tentar al club rossonero. Ferdinand, por su parte, se moja desde Inglaterra y asegura que Koné terminará en Manchester United, otra pieza más en un mercado europeo que se encadena de un club a otro.

Tormenta en Torino y un país en ebullición

No todo es ilusión. En el Torino, la paciencia de la afición ha explotado. El descontento se hace visible, las críticas suben de tono y el clima se enrarece. La distancia entre grada y dirigencia se agranda justo cuando el resto de grandes se mueven con decisión.

Italia, mientras observa a Argentina y España preparar una final de lujo, mira también hacia dentro: a su selección, a la posible era Pirlo, a un mercado que se acelera y a clubes que se juegan su futuro inmediato.

El domingo, en East Rutherford, Messi y Lautaro intentarán escribir otro capítulo inolvidable. La pregunta es inevitable: ¿cuánto más puede alargarse esta edad dorada antes de que llegue el relevo definitivo?