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Ben Waine: Del banquillo de Port Vale al sueño del Mundial

En un Mundial en el que cada jugador llega con su propia travesía a cuestas, la de Ben Waine no tiene nada de lineal. Hace apenas unos meses, el delantero neozelandés miraba los partidos de Port Vale desde fuera de la convocatoria. Hoy, se prepara para un escenario que Gianni Infantino ha vendido al mundo como “104 Super Bowls”. El contraste no puede ser mayor.

“Ha sido una temporada dura. No voy a mentir”, confesó a Sky Sports. Hubo semanas enteras en las que ni siquiera se vestía de corto. Ni banquillo. Nada. Para muchos, el principio del final. Para él, el punto de giro. “En el momento fue una porquería, pero probablemente ha sido de las mejores cosas que me han pasado. Pude trabajar de verdad en mi juego”.

Port Vale acabó descendiendo, pero Waine encontró su propio salvavidas en medio del naufragio. En marzo, firmó el gol de la victoria ante Sunderland en una eliminatoria de FA Cup que los aficionados no olvidarán. Un cabezazo, un rugido, un respiro. “Hizo la temporada un poco más llevadera”, admite. No fue casualidad. Fue el fruto de horas y horas de trabajo silencioso.

El laboratorio de los remates

Detrás de ese gol hay un nombre: Simon Ireland. Un entrenador individual, una rutina casi obsesiva. “Literalmente, cada día trabajábamos uno o dos tipos de definición, solo centrados en la técnica”, explica Waine. Repetición, detalle, precisión. Y algo más: calma.

“Se trataba de encontrar esa compostura, ese remate al que pudiera ir sin pensar, que se volviera instinto. Me dio un propósito real. Sabía hacia qué estaba trabajando. Incluso cuando las cosas no iban bien, tenía eso en lo que centrarme. Me ayudó a relajarme”.

El problema no era solo técnico. Era mental. “Estaba tan desesperado por hacerlo bien que aceleraba todas mis acciones delante del arco”. El trabajo se enfocó en el golpeo, sí, pero el tanto ante Sunderland llegó de cabeza. Paradójico solo en apariencia. “La segunda rutina de finalización no la hacíamos tanto, pero yo la visualizaba mucho fuera del campo. Y el único gol que de verdad había imaginado era ese contra Sunderland, ese cabezazo bombeado cruzando al portero. Lo había visualizado”.

La acción, en realidad, estaba ensayada. “No parece el tipo de gol que practicarías cuando trabajas la técnica de golpeo, pero ese gesto de ir cruzando al portero sí lo habíamos trabajado y se volvió más natural. Fue muy bueno ver cómo salía”.

El momento se completó con un guiño a su infancia. Waine, criado en una familia seguidora de Newcastle, celebró con el mítico brazo alzado de Alan Shearer delante de la hinchada de Sunderland desplazada. Puro atrevimiento. “Fue increíble. Nunca había visto el estadio así. Estaba absolutamente reventando”, recuerda.

Ese tanto fue uno de los ocho que firmó con Port Vale. Ocho gritos que resumen un giro de guion personal. “Lo aproveché con las dos manos. Suena raro, pero volví a disfrutar jugando al fútbol”. Una frase que revela lo duro que fue su aterrizaje en Inglaterra.

De Wellington a Devon, y un salto que casi le traga

Waine dejó Wellington Phoenix en enero de 2023 para fichar por Plymouth Argyle, entonces en League One. Nuevo país, nuevo fútbol, otro ritmo. Y un ascenso que cambió todo demasiado rápido.

“Sabía que el salto a League One sería grande. No tanto en lo técnico, sino en intensidad y físico. La adaptación fue enorme. Y luego llega ese ascenso increíble y, de repente, estás jugando en Championship. Casi vino demasiado rápido”.

Marcó un par de goles en la segunda categoría, uno de ellos en Elland Road ante Leeds United, escenario grande, eco grande. Pero los minutos no fluían. Salió cedido a Mansfield en busca de protagonismo y se encontró con lo contrario. “Simplemente no funcionó en absoluto”. La opción fácil estaba clara: hacer las maletas y volver a casa.

No lo hizo. “Me prometí que, por muy duro que se pusiera, no iba a volver. Esa habría sido la opción fácil. Me quedé y he salido de todo esto siendo mejor jugador y mejor persona”. Hoy, esa obstinación le coloca ante un Mundial con algo más que ilusión: con convicción.

De los Juegos Olímpicos al siguiente escalón

Waine no es ajeno a los grandes escenarios. Ha jugado dos Juegos Olímpicos con Nueva Zelanda. “Francia en el Velodrome fue un partido increíble para estar ahí”, recuerda. Aun así, sabe que el Mundial juega en otra liga. “Va a ser otro nivel”.

La selección neozelandesa ya ha probado el sabor de ese escalón en su preparación. Waine marcó en una victoria por 4-1 ante Chile en marzo, pero el resto del camino ha sido empinado: derrotas ante Colombia, Ecuador y Finlandia, y tropiezos recientes frente a Haití e Inglaterra. El nivel se nota. Y se paga.

“Hay que entender que cuando subimos el listón y jugamos contra rivales más duros, no podemos esperar que los resultados sean perfectos. Hemos tenido que ajustarnos mentalmente”. Él, además, podría tener que ajustarse también en lo táctico si quiere minutos en el Mundial.

Se define como “un nueve de carrera”, un delantero que vive de la presión alta y de los desmarques al espacio. Pero en Nueva Zelanda hay un nombre que manda en esa zona: Chris Wood, la gran referencia histórica del país. La experiencia de Waine jugando desde la izquierda en Port Vale puede ser su llave.

“Al principio estaba un poco dudoso, pero ahora lo veo como algo muy positivo. Se sintió muy natural. De hecho, estoy jugando por izquierda, por derecha y por el medio ahora. Añade otra dinámica, lo que debería ayudar a mi caso”. Porque desplazar a Wood no entra en el guion.

La lección de Chris Wood y la oportunidad única

¿Qué ha aprendido del máximo goleador de la historia de su selección? Una palabra: paciencia. “Como delantero, puedes tocar apenas el balón en todo el partido, pero cuando llegue esa ocasión, tienes que aprovecharla. Él lo ha demostrado una y otra vez”.

Una ocasión. Eso es lo que persigue ahora Waine. “Va a llegar esa oportunidad de ser el héroe. Solo quieres ese momento”. Nueva Zelanda se medirá a Irán en el debut, luego a Egipto y cerrará ante Bélgica. No parten como favoritos. Tampoco se sienten sentenciados.

“Lo primero que pensé fue que realmente tenemos una oportunidad. Todo el mundo nos ve como los ‘underdogs’, pero queremos aprovechar la oportunidad que tenemos delante. Queremos lograr nuestra primera victoria en un Mundial y queremos pasar de la fase de grupos por primera vez en la historia”.

Entre líneas, asoma también el niño que soñaba con las estrellas. Preguntado por la camiseta de Mohamed Salah, Waine se ríe. “Supongo que habrá unos cuantos tirando de galones”. Quizá no se lleve el recuerdo de algodón. Quizá se lleve algo más grande: su propio momento mundialista. ¿Otra celebración a lo Shearer? “Puede que reaparezca”, dice entre risas.

El objetivo, en el fondo, no ha cambiado desde aquellos días grises fuera de la lista en Port Vale: darse la mejor oportunidad posible. “Exprimir al máximo mi potencial”. Después de “muchos altibajos”, como él mismo los define, se ha ganado el derecho a estar ahí, a un paso de algo distinto. Ahora solo queda lo más difícil y lo más simple a la vez: cuando llegue ese instante, no fallar.