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Burnley: De la esperanza al descenso en un año

Hace un año, Turf Moor vivía otra realidad. Lyle Foster marcaba en el minuto 95 en Molineux para sellar un 3-2 de Burnley ante Wolves, el equipo se alejaba cinco puntos del descenso en la Premier League y el club parecía mirar hacia arriba, no hacia abajo. Era la primera vez en más de tres años que los Clarets encadenaban dos victorias consecutivas en la élite. Había motivos para creer.

Doce meses después, ese optimismo se ha evaporado.

Burnley ya ha consumado el descenso, se asoma a un récord histórico indeseado sin ganar en casa y se hunde en los últimos puestos del Championship. Todo ello en un clima enrarecido, con la afición cada vez más enfrentada a la propiedad de Alan Pace y ALK Capital. La pregunta ya no es qué ha pasado, sino cuántas cosas han salido mal al mismo tiempo.

Un modelo que se resquebraja

Desde 2010, Burnley ha perfeccionado el arte del ascenso y descenso. Cinco promociones a la Premier League, cinco descensos. Y, de esos cinco golpes, tres veces supo levantarse al primer intento. Esta vez, el guion se ha roto.

Tras la salida de Scott Parker hacia el final de la pasada temporada, el club tardó en reaccionar. Nicky Hayen llegó como nuevo entrenador principal a menos de un mes del inicio del Championship, después de que se frustrara el intento de contratar al seleccionador de Gales, Craig Bellamy. El margen de maniobra fue mínimo; el contexto, envenenado.

Entre la grada se percibe cierta comprensión hacia el técnico belga, pero con matices. Joe Redmond, creador y presentador del podcast Turfcast, lo resume con crudeza: la afición puede sentir lástima por Hayen y, al mismo tiempo, pensar que el cargo le queda grande. Llegó con la pretemporada ya en marcha, obligado a trabajar con parte del cuerpo técnico heredado de Parker y, para colmo, vio cómo su delantero referencia, Zian Flemming, era vendido el último día de mercado.

Errores claros desde los despachos. Pero la sensación es que el entrenador tampoco ha logrado exprimir lo que tiene. “Seguro que hay un buen técnico ahí dentro en algún lugar, pero no es lo que necesitamos ahora mismo”, apunta Redmond.

Un verano caótico y un otoño de terror

El verano fue un torbellino. Once fichajes, diez salidas. Una reconstrucción acelerada, casi desesperada. El resultado deportivo, en pleno tramo previo a Halloween, roza la pesadilla.

Jobi McAnuff, excentrocampista de Watford y Reading y ahora analista de la EFL, lo definió en el podcast 72+ con una palabra: “disperso”. La política deportiva de Burnley ha sido un sube y baja constante entre Premier League y Championship, sin una estructura clara para gestionar esos cambios de categoría. Todos sabían que Flemming acabaría saliendo, pero el club dejó la operación para el final del mercado. “Estás matando al entrenador”, señaló McAnuff.

El movimiento posterior fue traer a Jamie Vardy. Nombre enorme, leyenda, carisma. Pero con 39 años. Un refuerzo valioso para el vestuario, útil en momentos puntuales, no un líder ofensivo para toda una temporada.

Para buena parte de la afición, la exigencia mínima estaba clara: pelear en la parte alta de la tabla. Redmond lo expresa sin rodeos. Un equipo recién descendido desde la Premier debería competir arriba; si no lo hace, algo se ha torcido de forma grave. Y esta plantilla, por ahora, ha demostrado que no está a ese nivel.

De fortaleza inexpugnable a maldición en Turf Moor

Durante años, el éxito de Burnley se construyó en casa. Antes de esta campaña, solo había perdido uno de sus últimos 46 partidos de Championship en Turf Moor, con 30 victorias en ese tramo. Un fortín.

Hoy, ese mismo estadio amenaza con inscribir al club en la historia por el motivo más amargo: si no logra vencer a Portsmouth el 31 de octubre (15:00 BST), Burnley firmará un nuevo récord inglés de más tiempo sin ganar en casa, superando los 376 días que Sheffield Wednesday encadenó entre abril de 2025 y mayo de 2026.

La racha no nace en esta temporada. “La mayoría de esta secuencia viene de la Premier League, donde no parecían capaces de ganar ni en casa ni fuera durante casi todo el curso”, recuerda Scott Read, comentarista de BBC Radio Lancashire. El problema se ha arrastrado al Championship, donde, pese a tener oportunidades claras, Burnley ha dejado escapar ventajas en Turf Moor ante Bristol City, Derby, Charlton y Wolves.

La última victoria liguera ante su gente se remonta al 18 de octubre de 2025, un 2-0 frente a Leeds. Desde entonces, 21 partidos: 10 derrotas, 11 empates, solo 21 goles marcados. Demasiado poco para un club que, no hace tanto, convertía cada tarde en casa en una batalla casi siempre ganada.

La derrota más reciente, de nuevo ante Wolves y de nuevo en Turf Moor, terminó entre abucheos. Hayen no se escondió: entiende la reacción, asume que las derrotas encienden la negatividad y acepta ese ambiente como parte de la realidad que le rodea.

McAnuff va un paso más allá. Lo que asusta, dice, es que Burnley ha estado por delante en sus últimos cuatro partidos en casa. Ha tenido el control, ha visto el triunfo al alcance, y aun así ha terminado cediendo. La tensión se palpa en la grada, el nerviosismo se contagia al césped y el equipo se encoge en los minutos finales.

Una derrota en Halloween ante Portsmouth no sería solo un susto más para Hayen. Podría convertirse en el punto de no retorno. Siempre y cuando llegue a ese día todavía en el cargo.

La sombra de la propiedad y la deuda

En diciembre de 2020, Alan Pace y su grupo ALK Capital completaron la compra de Burnley. El desembarco no fue limpio a ojos de todos: el uso de un préstamo de 65 millones de libras para cerrar la operación con los anteriores accionistas mayoritarios, Mike Garlick y John Banaszkiewicz, generó recelo en parte de la hinchada.

Con el descenso de la última temporada, el retraso en nombrar a un nuevo entrenador y el mal inicio de campaña, la figura de Pace ha quedado en el centro del huracán. En el último partido en casa se escucharon cánticos contra él y se vieron pancartas pidiendo cambios. Según Scott Read, no hay señales de que ALK esté buscando vender, y aunque quisiera, el volumen de deuda que arrastra el club haría la operación muy complicada.

En medio de ese contexto, con el club dividido y el proyecto cuestionado, Hayen decidió dejar Genk y probar suerte en el fútbol inglés. Sabía dónde se metía. Él mismo reconoció, tras la derrota ante Wolves, que era consciente de la magnitud del reto, de las salidas de jugadores importantes y de la estructura interna con la que iba a trabajar.

Insiste en que las expectativas son más altas que los resultados actuales, pero defiende el esfuerzo del grupo y mantiene que el equipo puede darle la vuelta. Eso sí, advierte: si todo se tiñe de negatividad desde la grada, el problema será aún mayor.

Tiempo agotándose, paciencia al límite

Mientras los resultados no llegan, el desapego crece. Cada partido en Turf Moor parece una prueba de fe para una afición que ha pasado de soñar con consolidarse en la Premier a mirar de reojo el descenso a la League One.

“Está saliendo mal absolutamente todo en Turf Moor”, sentencia Redmond. Y no se refiere solo al césped. A su juicio, la única forma de cambiar el rumbo pasa por cambios de personal, ya sea en el banquillo, en el palco o en ambos. La visita a Lincoln el sábado (15:00 BST) se percibe como una línea roja. “Si perdemos contra Lincoln, algo tiene que cambiar”, lanza el creador de Turfcast.

Burnley viaja ahora a casa de los Imps con problemas deportivos y estructurales, con la directiva bajo presión y la hinchada al límite. El reloj corre para todos. La cuestión es sencilla y brutal: ¿quién será el primero en pagar el precio de este derrumbe?