Chris Wood lidera a Nueva Zelanda en el Mundial 2026
La imagen tiene algo de círculo que se cierra. Chris Wood, aquel joven delantero que entraba desde el banquillo en Sudáfrica 2010, regresa 16 años después como capitán, referencia absoluta y rostro de una selección que vuelve a un Mundial tras demasiados años de ausencia. Esta vez, Nueva Zelanda llega como la selección con peor ranking FIFA del torneo, pero con un discurso muy distinto al de cenicienta resignada.
Ubicados en el puesto 85 del ranking, los All Whites aterrizarán en una Copa del Mundo que se disputará en Estados Unidos, Canadá y México con un objetivo claro: incomodar a Irán, Egipto y Bélgica en un Grupo G que, sobre el papel, parece inabordable. Wood no lo ve así. Sus 45 goles en 88 partidos internacionales le dan derecho a creer.
«Ha pasado mucho tiempo, 16 años, desde que estuvimos en un Mundial», dijo el delantero del Nottingham Forest, conectado por videollamada durante el anuncio de la lista en Auckland. «No puedo esperar para compartir este momento con este equipo y ojalá crear algo de historia. Espero que podamos hacer que todos se sientan orgullosos y mostrar al mundo de lo que somos capaces».
No es una frase vacía. Hace apenas un mes, Wood estaba en duda para la cita por una lesión de rodilla que le dejó fuera de la mayor parte de la temporada de la Premier League con el Forest. Se recuperó a tiempo. Y su sola presencia cambia el tono de la expedición.
De 1982 al invicto estéril de 2010
La historia mundialista de Nueva Zelanda cabe en dos capítulos muy distintos. En 1982, debut en España y tres derrotas. Sin matices. Sin consuelo.
En 2010, el relato dio un giro inesperado: tres empates, ningún partido perdido y, aun así, eliminación en la fase de grupos. Igualaron con la entonces campeona Italia (1-1), resistieron ante Eslovaquia (0-0) y volvieron a empatar frente a Paraguay (1-1). Se marcharon invictos, pero sin billete a octavos. Aquella campaña dejó una sensación extraña: orgullo, sí, pero también la certeza de que el margen para hacer algo grande había existido.
De aquel grupo sobrevive un nombre que vuelve a escena de forma sorprendente: Tommy Smith.
La apuesta por la experiencia: el regreso de Tommy Smith
Darren Bazeley, seleccionador de los All Whites, decidió agitar la lista con una convocatoria que nadie esperaba: Tommy Smith, 36 años, defensa, titular en los tres partidos de Sudáfrica 2010, hoy jugador del Braintree Town, en la quinta categoría del fútbol inglés.
A nivel competitivo, la elección se sale de los cánones habituales de un Mundial. A nivel de vestuario, tiene todo el sentido del mundo para Bazeley.
«Con una lista de 26, no todos van a jugar», explicó el técnico. «Por eso añadimos a Tommy, porque su liderazgo es fantástico. Va a ser muy importante para que los jugadores se mantengan enfocados. Vamos a apoyarnos mucho en él».
Smith llega como memoria viva de la última gran aventura mundialista, una figura pensada para ordenar, calmar y marcar el camino en un grupo con mucho talento joven y una columna vertebral cada vez más europea.
La nueva guardia: Wood y un mediocampo con sello europeo
Bazeley no esconde sobre quién recae el peso futbolístico del equipo. Wood será el faro ofensivo, pero el seleccionador señala también a un núcleo de centrocampistas asentados en ligas europeas: Joe Bell (Viking FK), Marko Stamenic (Swansea City), Matt Garbett (Peterborough United) y Ryan Thomas (PEC Zwolle).
Ellos deberán conectar la salida desde atrás con un frente de ataque donde, además de Wood, aparecen nombres como Kosta Barbarouses (Western Sydney Wanderers), Elijah Just (Motherwell), Callum McCowatt (Silkeborg IF), Jesse Randall (Auckland FC) y Ben Waine (Port Vale FC). No hay estrellas globales, pero sí una mezcla de oficio, recorrido internacional y hambre.
La base del grupo, sin embargo, sigue anclada en Oceanía. Diez futbolistas militan en la A-League australiana, ocho de ellos repartidos entre los dos clubes neozelandeses del campeonato: Auckland FC y Wellington Phoenix. Ese bloque local aporta cohesión y automatismos que Bazeley considera imprescindibles para sobrevivir en un torneo de este nivel.
Del dominio en Oceanía al examen mundial
Nueva Zelanda se ganó el billete a la Copa del Mundo en marzo, al imponerse en la fase de clasificación de Oceanía. Un territorio que conocen, que dominan, pero que no se parece en nada al escenario que les espera en Norteamérica.
El calendario no concede tiempo para aclimatarse. El 15 de junio, debut ante Irán en Los Ángeles. Una selección con oficio, competitiva, acostumbrada a vivir en el filo en grandes torneos.
Siete días después, el 22 de junio, Egipto en Vancouver. Historia, carácter, una hinchada masiva en la diáspora y jugadores acostumbrados a escenarios de máxima presión.
El cierre de la fase de grupos, el 27 de junio también en Vancouver, será frente a Bélgica. Generación de talento inagotable, exigencia altísima, el tipo de rival que castiga cualquier error.
Para los All Whites, cada uno de esos partidos se presenta como una final. No hay margen para especular. No hay red de seguridad.
La lista completa: equilibrio entre presente y memoria
- Porteros: Max Crocombe (Millwall), Alex Paulsen (Lechia Gdansk), Michael Woud (Auckland FC).
- Defensas: Tyler Bindon (Nottingham Forest), Michael Boxall (Minnesota United), Liberato Cacace (Wrexham), Francis de Vries (Auckland FC), Callan Elliot (Auckland FC), Tim Payne (Wellington Phoenix), Nando Pijnaker (Auckland FC), Tommy Smith (Braintree Town), Finn Surman (Portland Timbers).
- Centrocampistas: Lachlan Bayliss (Newcastle Jets), Joe Bell (Viking FK), Matt Garbett (Peterborough United), Ben Old (Saint-Etienne), Alex Rufer (Wellington Phoenix), Sarpreet Singh (Wellington Phoenix), Marko Stamenic (Swansea City), Ryan Thomas (PEC Zwolle).
- Delanteros: Kosta Barbarouses (Western Sydney Wanderers), Elijah Just (Motherwell), Callum McCowatt (Silkeborg IF), Jesse Randall (Auckland FC), Ben Waine (Port Vale FC), Chris Wood (Nottingham Forest).
Es un grupo que mezcla pasado y presente, jerarquía y futuro, ligas menores y escaparates europeos. Un vestuario armado para resistir, competir y, si el guion se tuerce para algún gigante del grupo, golpear.
Nueva Zelanda llega como la selección con menos cartel de todo el torneo. Pero ya en 2010 demostró que sabe vivir en el margen, que puede irse de un Mundial sin perder un solo partido. La pregunta ahora es otra: ¿se conformará con repetir esa historia… o se atreverá, por fin, a romperla?






