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Copa del Mundo 2023: La Influencia del FC Barcelona

Este Mundial, el más grande de la historia, también se perfila como el más teñido de azulgrana. Estados Unidos, México y Canadá serán el escenario de una Copa del Mundo en la que, mires donde mires, aparece una huella del FC Barcelona. Para los culers, no será solo cuestión de seguir a su selección: casi cada partido es una excusa para reencontrarse con un trozo de su club.

Un vestuario repartido por todo el planeta

El vínculo más evidente está en el presente: 16 jugadores del Barça, repartidos en ocho selecciones distintas, acuden a la cita mundialista. Una columna vertebral azulgrana esparcida por varios vestuarios, con estilos, culturas y objetivos diferentes, pero con el mismo punto de partida: el Camp Nou.

No se acaba ahí. El torneo también funciona como un álbum de recuerdos. Exjugadores que marcaron etapas recientes y otros que apenas dejaron destellos vuelven a cruzarse en el escaparate más grande del fútbol.

Messi, Neymar y una constelación con pasado culé

El nombre que domina cualquier conversación es el de Leo Messi. El capitán de Argentina llega como vigente campeón del mundo, dispuesto a defender el título conquistado en 2022. Cada balón que toque será seguido con lupa en Barcelona, donde su legado sigue marcando el pulso emocional del club.

En la otra gran potencia de este ciclo reciente aparece Francia, subcampeona en el último Mundial. Allí manda el actual Balón de Oro, Ousmane Dembélé, que lidera una generación explosiva. A su lado, otro viejo conocido, Lucas Digne, y Marcus Thuram, hijo de Lilian Thuram, aquel central que vistió de blaugrana y cuyo hijo pasó por la FCB Escola durante la etapa del padre en el club. Historias familiares que se entrelazan con la identidad azulgrana.

Portugal también llega cargada de acentos barcelonistas: João Félix, Francisco Trincão y Nélson Semedo forman un bloque con pasado culé que añade matices técnicos y ofensivos a una selección siempre ambiciosa. En el mismo grupo asoma Colombia, con Yerry Mina como referencia defensiva y recuerdo inmediato de sus goles de cabeza y de su carácter expansivo en Barcelona.

Más lejos, en África, Franck Kessié se erige como pieza clave de Côte d’Ivoire, mientras que en uno de los países anfitriones, Estados Unidos, Sergiño Dest apunta a dueño del carril derecho. El lateral, que dejó destellos de su talento en el Barça, tendrá un escaparate ideal para reivindicarse.

Y entonces aparece Brasil. El regreso de Neymar a la selección, dos años y medio después de su última convocatoria, es uno de los grandes focos del torneo. Aunque se perderá el debut por lesión, el delantero de Santos sigue siendo una de las figuras icónicas del campeonato, un imán mediático y futbolístico. A su estela se mueve otro atacante de enorme talento, Memphis Depay, ahora también en el fútbol brasileño y arma principal en el frente ofensivo de los Países Bajos de Ronald Koeman.

Banquillos con acento azulgrana

La influencia culé no se limita al césped. En los banquillos también manda el pasado barcelonista. Ronald Koeman, héroe de Wembley en 1992, dirige a una selección neerlandesa que quiere volver a codearse con los grandes. Su figura resume una parte esencial de la historia del club: defensa goleador, técnico de la casa y símbolo de una manera de entender el juego.

No es el único. Julen Lopetegui toma las riendas de Qatar, mientras Thomas Christiansen lidera a Panamá. Son selecciones alejadas del foco tradicional, pero con entrenadores moldeados, en parte, por la cultura futbolística del Barça.

La enfermería también condiciona el mapa azulgrana del Mundial. Ez Abde, una de las grandes sensaciones recientes de Marruecos, se perderá el primer partido por lesión. Aun así, su impacto se espera decisivo en cuanto esté disponible. Junto a él, el central Chadi Riad, otro producto de la cantera culé, apunta a pieza importante en la zaga marroquí.

La Masia, sembrando un Mundial

La presencia de La Masia en esta Copa del Mundo es masiva. Chadi Riad es solo la punta del iceberg de una generación que se ha esparcido por el planeta fútbol.

España presenta dos laterales izquierdos formados en la cantera azulgrana: Marc Cucurella y Alejandro Grimaldo. Dos perfiles distintos, misma raíz futbolística. A ellos se suma el joven extremo Víctor Muñoz, también salido de la academia y en plena recuperación de una lesión que frena, de momento, su irrupción.

El rastro de La Masia cruza fronteras. En Uruguay, el defensa Santi Bueno lleva el sello de esa formación. En Japón, el eléctrico Take Kubo, criado en los campos de entrenamiento del Barça, aporta desequilibrio y creatividad.

La lista sigue. Paraguay confía su gol a Antonio Sanabria, otro delantero que se curtió en la cantera culé. En Corea del Sur, Seung-Ho Paik, que en su día fue uno de los proyectos más prometedores de las categorías inferiores del Barça, añade criterio y pausa en la medular asiática.

Un Mundial con mirada azulgrana

El resultado es evidente: este Mundial se juega en tres países, pero respira Barcelona en cada rincón. Desde las grandes estrellas hasta los secundarios silenciosos, desde los banquillos hasta las academias, el club catalán ha dejado una huella profunda en el torneo.

Para los culers, la experiencia va mucho más allá de noventa minutos con una sola bandera. Cada encuentro ofrece una razón para mirar de cerca, para reconocer un gesto, un control, una conducción que remite a un mismo origen.

En un campeonato que promete ser fascinante por su magnitud y por su reparto geográfico, una pregunta sobrevuela cada estadio: ¿hasta dónde llegará la influencia azulgrana en la Copa del Mundo más barcelonista de la historia?