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Craig Bellamy y su futuro incierto como seleccionador de Gales

Craig Bellamy vive sus primeros meses como seleccionador de Gales en medio de una tormenta que él mismo ha ayudado a desatar. El intento fallido de regresar a Burnley, club donde fue asistente de Vincent Kompany y técnico interino, ha dejado heridas abiertas en Cardiff y dudas muy serias sobre su futuro al frente del combinado nacional.

El movimiento parecía encaminado. Burnley contactó con la Federación de Fútbol de Gales (FAW) para convertir a Bellamy en el sucesor de Scott Parker, destituido en abril. Hubo conversaciones, hubo negociación, incluso se discutió la llegada de parte de su cuerpo técnico a Turf Moor. Y, de repente, todo se vino abajo.

No fue un problema de compensación económica para la FAW, según se entiende desde el entorno de la operación. El escollo estuvo en los detalles, en la configuración de ese staff que debía acompañar a Bellamy en su salto de vuelta al fútbol de clubes. El resultado: el acuerdo se ha desplomado y el seleccionador se queda en Gales… pero no igual que antes.

“Ha perdido mucho amor y fe”

Iwan Roberts, exdelantero de la selección galesa y antiguo compañero de Bellamy en Gales y Norwich City, no se anduvo con rodeos al analizar el impacto de este episodio.

“La Asociación y Noel Mooney saben que Bellamy está mirando otros trabajos y que se le ha ido la cabeza con los vínculos con Burnley”, afirmó. Y lanzó la frase que ha encendido el debate: “La gran pregunta ahora es si le mantienen como seleccionador nacional. Ha perdido mucho amor y fe entre los aficionados y diría que ha quemado muchos puentes”.

Roberts pone el dedo en la llaga: el daño no es solo institucional, es emocional. El entrenador que fue presentado en 2024 como el hombre del proyecto hasta 2028, el que habló públicamente de su sueño de llevar a Gales a la Eurocopa 2028 —que se disputará en Inglaterra, Escocia, Gales y República de Irlanda—, ha dejado claro que, ante la llamada adecuada, está dispuesto a marcharse.

Una relación tocada con vestuario y grada

Roberts cree que el impacto va más allá de los despachos. Apunta directamente al vestuario y a la grada.

“Los jugadores sabrán que, si hubiera tenido la oportunidad, se habría ido a Burnley”, explicó en declaraciones a S4C. “Eso después de decir que este era el mejor trabajo del mundo y de cuánto estaba deseando liderar a Gales en la próxima Eurocopa. Los próximos días van a ser bastante interesantes, me imagino”.

El mensaje es demoledor. Los futbolistas, que necesitan creer en el proyecto y en la figura que los lidera, saben ahora que su seleccionador estuvo a un paso de abandonar el barco. La afición, todavía dolida por la ausencia en el último Mundial, ve cómo el hombre llamado a encabezar la reconstrucción miraba de reojo hacia la Championship.

Y ahí se abre un nuevo frente: la percepción pública. El seleccionador que se declaraba comprometido hasta 2028, con contrato firmado, ha dejado una sensación de inestabilidad que la FAW tendrá que gestionar con mucho cuidado.

Bale, Allen y un país dividido

No todos en el entorno del fútbol galés ven el episodio con el mismo dramatismo. Gareth Bale, icono absoluto de la selección, ya advirtió que perder a Bellamy sería un golpe importante para Gales. Otro exdelantero internacional, Malcolm Allen, se sitúa en un punto intermedio: contento porque el técnico continúa, pero consciente de que el escenario es incómodo.

Allen entiende el atractivo del banquillo de Burnley: el día a día de club, el control total del vestuario, la rutina competitiva que no ofrece una selección. Pero no por ello ignora el problema que se le viene encima a Bellamy.

“El problema, cuando vuelve con el rabo entre las piernas porque no ha conseguido el trabajo en Burnley, es cómo van a responder los aficionados de Gales”, advirtió en BBC Radio Cymru. “Habrá algunos que, frustrados tras no llegar al Mundial, pensarán: ‘¿Cómo podemos permitir que vuelva?’”.

Allen añade un matiz clave: la situación económica. La FAW no atraviesa su mejor momento tras perder los ingresos que habría supuesto la clasificación mundialista. Despedir a un seleccionador con contrato hasta 2028 no es una decisión barata. Y eso coloca a todas las partes en una especie de matrimonio forzado.

Solo hay una salida: ganar

La ecuación, vista desde fuera, parece clara. Un seleccionador que ha dejado ver su deseo de irse. Una federación con recursos limitados. Una afición dividida. Y una Eurocopa, la de 2028, en el horizonte, con Gales soñando con jugar un gran torneo en casa.

Allen lo resume sin rodeos: “Tendrá que recuperar a esos aficionados, y la única manera de hacerlo será ganando partidos”.

No hay plan de comunicación que lo arregle. No hay comunicado que borre la sensación de traición que algunos hinchas arrastran ya. Para Bellamy, el margen de error se ha reducido al mínimo. Cada convocatoria, cada alineación, cada resultado será leído a través del prisma de Burnley.

El seleccionador galés se queda. Sí. Pero lo hace en un contexto mucho más frágil, con la confianza erosionada y con la sensación de que la próxima mala racha puede no ser solo una crisis deportiva, sino el principio del fin de su mandato. La pregunta ya no es si Bellamy quería irse. Es si Gales está dispuesta a seguirle en este camino hasta 2028.