Cristian Romero y su futuro incierto en el Tottenham
Cristian Romero ha decidido que su ciclo en el Tottenham está cerca del final. Cinco años después de aterrizar en el norte de Londres, el central argentino ve con buenos ojos un nuevo desafío. Y no cierra la puerta al más polémico de todos: cruzar la ciudad para jugar en el Arsenal.
El problema es que en los despachos de los Spurs la respuesta es tajante. No.
El tabú del norte de Londres
Arsenal ha sondeado la opción de incorporar a Romero, consciente de que un defensor de su jerarquía y experiencia en la Premier League encajaría de inmediato en la estructura de Mikel Arteta. El propio jugador, según las informaciones, estaría abierto a ese salto. Sería un terremoto deportivo… y emocional.
En Tottenham lo saben. Y por eso la postura del club es inflexible: no hay escenario posible en el que Romero acabe en el Emirates. Ni siquiera con la voluntad del jugador.
La herida de 2001 sigue fresca en la memoria del club. Aquel verano, Sol Campbell dejó White Hart Lane libre de contrato y apareció presentado con la camiseta del Arsenal. Uno de los traspasos más controvertidos en la historia de la Premier League, todavía hoy un símbolo de traición para buena parte de la afición de los Spurs.
Con Romero, el contexto es distinto.
Un activo blindado
El argentino tiene todavía tres años de contrato por delante. Esa letra pequeña cambia el tablero. Tottenham no está atado de manos como entonces con Campbell. Puede decidir. Y ha decidido que, si Romero se marcha, no será a solo 4,5 millas de distancia.
La salida del zaguero de 28 años se da prácticamente por hecha en el club, pero con una condición no negociable: nada de reforzar al enemigo íntimo. El último en cruzar oficialmente de un lado al otro fue William Gallas en 2010, también tras finalizar contrato, sin negociación directa entre clubes. Otro recuerdo incómodo.
Esta vez, Tottenham quiere controlar el relato y el destino.
Van Hecke, la señal de que el relevo ya está aquí
Las decisiones deportivas ya apuntan a un escenario sin Romero. Roberto De Zerbi ha cerrado el fichaje de Jan Paul van Hecke desde Brighton por 52 millones de libras, una inversión que tiene un mensaje claro: el neerlandés llega para ocupar el espacio que dejará el argentino en el eje de la zaga.
Van Hecke forma parte de un verano agresivo en el mercado por parte de los Spurs, con más de 200 millones de libras invertidas, entre ellos en nombres de peso como Sandro Tonali. El proyecto se reconstruye mientras la figura de Romero se va difuminando en el plano deportivo… y se recalienta en el mercado.
Atlético e Inter, en la carrera
Lejos de Londres, dos gigantes continentales observan la situación con atención. Atlético de Madrid mantiene desde hace tiempo su interés en Romero. En el Metropolitano seduce la idea de ver al argentino bajo las órdenes de Diego Simeone, declarado admirador de su compatriota.
Desde España se apunta a que el club rojiblanco prepara una oferta en torno a los 40 millones de libras. No sería el primer intento: ya el verano pasado Atlético quiso llevárselo, pero entonces Thomas Frank —por aquel entonces técnico del Tottenham— logró convencer al central para renovar y, además, le entregó el brazalete de capitán.
Inter de Milán también aparece en la lista de pretendientes, reforzando la sensación de que el futuro de Romero pasa por la élite europea… solo que no por el Emirates.
Un final enrarecido
El cierre del curso pasado dejó a Romero en el centro de la crítica. Se filtró que iba a perderse el último partido, decisivo para las aspiraciones del Tottenham, para viajar a Argentina y presenciar el duelo de su Belgrano ante River Plate en un partido por el título.
La reacción fue inmediata: reproches, dudas sobre su compromiso, ruido en la grada. El defensa terminó dando marcha atrás, regresó a tiempo y estuvo presente en la victoria ante Everton. Pero la confianza ya no era la misma.
Ahora, con el mercado abierto y el proyecto de De Zerbi girando página, el caso Romero se convierte en una prueba de fuerza para el Tottenham: vender a un activo importante, sí, pero sin repetir un capítulo que el club se juró no revivir.
El argentino quiere moverse. Los grandes de Europa llaman. Arsenal espera una rendija. La pregunta es otra: ¿hasta dónde está dispuesto a llegar Tottenham para que su central no vuelva a vestir de blanco… pero esta vez con ribetes rojos?






