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David Owori, capitán de SC Villa, asesinado en Kampala

La noticia golpeó a Uganda como un puñetazo en el pecho. David Owori, internacional con la selección y capitán de SC Villa, el club más laureado del país, ha muerto tras una brutal agresión en un barrio de Kampala. Tenía 28 años.

La policía confirmó que Owori fue atacado el martes por asaltantes no identificados en un suburbio de la capital. Según explicó la portavoz policial Racheal Kawala, el futbolista fue hallado inconsciente por transeúntes, que lo trasladaron de urgencia a un hospital cercano. De allí fue remitido a otro centro médico, donde finalmente se certificó su fallecimiento.

El crimen se suma a una lista de tragedias que empiezan a dibujar un patrón inquietante en el deporte ugandés. Hace apenas unas semanas, el rugbier internacional Sydney Gongodyo perdió la vida también en Kampala, tras ser agredido por una multitud que, de acuerdo con la versión policial, lo habría confundido con un ladrón.

Un capitán que encarnaba a un club y a una selección

Owori no era un jugador cualquiera. Era el rostro de SC Villa en su resurrección deportiva. La temporada pasada, el club rompió una espera de 20 años sin conquistar la liga nacional. Fue él quien levantó el trofeo como capitán, firmando el 17.º título liguero del equipo, una cifra récord en el fútbol ugandés.

En el comunicado de la Federación de Uganda de Fútbol, la figura de Owori trasciende las estadísticas: “David no era solo un futbolista. Era un líder y una inspiración para una generación. Como capitán de SC Villa, lideró con valentía, humildad y pasión. Con la camiseta de Uganda Cranes, cargó con las esperanzas de una nación”.

La imagen es poderosa: un capitán que simboliza el regreso del gigante SC Villa a la cima, un referente en el vestuario y en la selección nacional, arrancado de golpe en una calle de su propia ciudad.

Indignación en las calles y en las redes

La muerte de Owori ha desatado una ola de indignación en Kampala. El crimen, descrito como “rampante” en la capital del país del África oriental, vuelve a quedar bajo el foco. Muchos ugandeses utilizaron X para expresar su rabia, su dolor y, sobre todo, su cansancio ante la sensación de inseguridad.

Los mensajes no se quedaron solo en el pésame. Abundaron las críticas directas a las autoridades, a las que numerosos ciudadanos acusan de incapacidad para frenar la violencia y garantizar la seguridad en la ciudad.

El Consejo Nacional de Deportes de Uganda, organismo estatal, fue tajante en su reacción: “Lamentablemente, el deporte ugandés ha sido golpeado por muchas tragedias de este tipo últimamente, y esperamos justicia y una solución duradera”. La frase suena a advertencia y a súplica a la vez.

La política entra en juego

El impacto del asesinato ha llegado también al corazón de las instituciones. El vicepresidente del Parlamento, Thomas Tayebwa, reclamó a las autoridades que afronten de manera decidida los retos de seguridad que atraviesa el país. Su llamamiento, recogido en un comunicado en la web del Parlamento, añade presión a los responsables de la seguridad nacional.

No se trata solo de la muerte de un deportista de élite. Es el símbolo de un país que ve caer a sus referentes en plena calle. Primero Gongodyo. Ahora Owori. Dos internacionales, dos agresiones mortales, un mismo escenario: Kampala.

Un vacío en el campo… y en la grada

En el plano deportivo, la ausencia de Owori es devastadora. SC Villa pierde a su capitán, a la voz que organizaba, corregía y empujaba desde el césped. La selección pierde a un hombre que, con la camiseta de Uganda Cranes, representaba algo más que un número en la espalda.

Pero el golpe va más allá del vestuario. El fútbol, quizá el mayor punto de encuentro social del país, se queda sin uno de sus líderes en un momento en el que la violencia urbana ya no se percibe como algo lejano, sino como una amenaza cotidiana.

El recuerdo que queda es el de una noche de celebración reciente: Owori alzando el trofeo de liga, rodeado de sus compañeros, poniendo fin a dos décadas de espera para SC Villa. Una imagen de gloria que, de pronto, se ha convertido en la última gran postal de un capitán al que el fútbol ugandés no estaba preparado para despedir.

La pelota seguirá rodando en Uganda. La cuestión es si el país será capaz de proteger a quienes la hacen soñar.