Logotipo completo Alargue Final

Doreen Nabwire llama a la calma tras la derrota de Kenia en WAFCON 2026

En Rabat, muy lejos de casa pero en el centro mismo del nuevo mapa del fútbol femenino africano, Doreen Nabwire levanta la voz. No para criticar, sino para pedir calma. Para pedir fe.

La ex capitana de las Harambee Starlets, hoy experta de desarrollo de fútbol femenino en FIFA, mira de frente el 4-0 encajado por Kenia ante la selección anfitriona en el estreno del Grupo A de la WAFCON 2026 en Marruecos. No lo maquilla. No lo excusa. Pero tampoco permite que ese marcador se convierta en sentencia.

“Tenemos una buena oportunidad contra Senegal y Argelia, todavía podemos cambiar las cosas”, subraya en Salé, en su despacho, ante periodistas kenianos. Lo dice con la autoridad de quien conoce cada peldaño de la escalera que las jugadoras están intentando subir.

Golpe duro, torneo vivo

La derrota ante Marruecos fue contundente. El equipo local, respaldado por un proyecto trabajado durante años y por su condición de potencia emergente del continente, no dejó resquicios. Es un conjunto que no se conforma con dominar en África: sueña con el escenario grande, la Copa Mundial femenina de la FIFA, y actúa en consecuencia.

Nabwire lo reconoce sin rodeos. Marruecos es hoy una referencia, una selección que ha sido “intencional” en su preparación y que ya se mueve entre las mejor clasificadas de África. Pero ahí, precisamente ahí, coloca el listón con el que quiere medir a Kenia.

Porque, recuerda, las Starlets no están en Marruecos por invitación ni por azar. Se ganaron el billete. Se lo ganaron compitiendo, eliminando rivales, soportando los mismos problemas estructurales que han acompañado históricamente al fútbol femenino en el país.

El 4-0, insiste, no debe borrar ese camino. El torneo sigue vivo. Quedan Senegal y Argelia en la fase de grupos. Seis puntos en juego. Un margen estrecho, sí, pero real.

“No es solo lo que pasa en la cancha”

Desde su nueva posición como experta de desarrollo en FIFA, Nabwire mira el panorama con una perspectiva más amplia. Ve el césped, pero también todo lo que hay alrededor. Y lo que ve, en África y en Kenia, es un crecimiento acelerado que obliga a todos a reaccionar.

“El fútbol femenino está creciendo a un ritmo notable y debemos atrevernos a soñar. Debemos apuntar a clasificar al Mundial”, plantea. No es un eslogan. Es una exigencia. Porque, para ella, el verdadero salto competitivo no se construye solo con tácticas o talento.

Gira la conversación hacia lo que suele quedar fuera de los focos: infraestructura, entrenadores, organización, viáticos, motivación. Todos esos detalles que, cuando fallan, se traducen en piernas pesadas y mentes distraídas.

“Hay que asegurarse de que todo lo que está fuera de la cancha esté resuelto antes de pedir resultados”, remarca. Es un mensaje directo a las estructuras, a los dirigentes, a quienes diseñan calendarios y presupuestos. Si Kenia quiere competir “al más alto nivel”, como ella misma afirma, debe crear el entorno adecuado para que las jugadoras solo piensen en jugar.

De Bremen a Rabat, una voz con peso

Nabwire no habla desde la teoría. En 2009 se convirtió en la primera futbolista keniana en jugar profesionalmente en Europa, con el SV Werder Bremen de Alemania. Más tarde pasó por PEC Zwolle. Acumuló más de 15 años ligada a la selección nacional. Ha visto al equipo nacer, caer, levantarse, desaparecer de los grandes torneos y volver.

Por eso, cuando asegura que Kenia puede corregir errores tácticos, recomponerse y pelear por un puesto en cuartos de final, no suena a consuelo barato. Suena a diagnóstico. A plan.

Ella sabe lo que significa entrar a un vestuario después de una goleada. Sabe el peso del ruido externo, del juicio rápido, del dedo acusador. Y por eso se planta ante la ola de críticas en redes sociales tras el tropiezo ante Marruecos.

En un deporte donde todo se mide por el resultado del día, recuerda algo elemental: en el fútbol se gana, se empata o se pierde. Cuando se gana, las celebraciones inundan las pantallas. Cuando se pierde, pide algo distinto: comprensión. No indulgencia, sino entendimiento de que la derrota también forma parte del camino.

“Hay que aprender de los errores, identificar qué falló, trabajar en esas áreas y volver más fuertes”, sostiene. No hay dramatismo. Hay trabajo por hacer.

Senegal, el siguiente examen

El calendario no espera a nadie. Kenia se mide a Senegal el 30 de julio en el Olympic Stadium, a las 20:00, hora keniana. Es un partido con aroma a cruce eliminatorio, aunque la fase sea de grupos. Para las Starlets, prácticamente una final.

Ese mismo día, Marruecos se enfrentará a Argelia en el Moulay El Hassan Stadium, a las 23:00, también hora keniana. Dos partidos, un grupo que empieza a definirse, y una selección keniana obligada a mostrar carácter.

Nabwire mira hacia esos 90 minutos con una mezcla de realismo y convicción. Sabe que el margen de error se ha reducido al mínimo. Sabe que el rival no regalará nada. Pero también sabe que este equipo ya demostró que puede competir para estar aquí.

La ex capitana no vende promesas. Exige compromiso alrededor de las jugadoras, pide paciencia a la afición y señala un horizonte que va más allá de esta WAFCON: un Kenia capaz de pensar en Mundiales, no solo en clasificaciones continentales.

La pelota, ahora, está en los pies de las Starlets. Y también, inevitablemente, en las manos de quienes deben construirles el escenario para que puedan volar más alto.