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El enfado de Mourinho tras la goleada del Madrid

Real Madrid encadenó otra noche grande en Europa. Tras el sólido triunfo ante Sevilla en liga, el equipo de Jose Mourinho arrolló 4-1 a RB Leipzig en un partido que, sobre el marcador, parece plácido. No lo fue tanto para uno de los grandes protagonistas del curso: Thibaut Courtois.

El belga volvió a firmar una actuación de guardián de élite. Cinco paradas, varias de ellas de esas que apagan incendios antes de que el estadio empiece a arder. Durante 85 minutos sostuvo la portería como si fuera un asunto personal. Pero el premio que buscaba, el que merecía, se le escapó en un suspiro.

Un gol tardío, otra vez. Y, esta vez, Mourinho no se mordió la lengua.

“Le arruinaron la noche”

Nada más acabar el encuentro de Champions ante RB Leipzig, el técnico portugués fue directo al foco del problema. El resultado era contundente, el juego convincente, pero la herida estaba clara: otro partido sin dejar la portería a cero.

Mourinho lo resumió con crudeza: Courtois no merecía encajar ese gol. Según explicó, sus propios compañeros le “arruinaron la noche” al belga. No le gustó nada. Y lo dejó claro. Recordó cómo el guardameta había salvado al equipo “muchas veces” durante el partido y cómo, al final, una acción mal defendida echó por tierra el trabajo de su portero.

No fue una crítica velada. Fue un mensaje frontal a la línea defensiva.

Un patrón que se repite

Lo de Leipzig no es un accidente aislado. Es un patrón. Y Mourinho lo sabe.

Real Madrid ha convertido el “gol tonto” en un peligroso hábito. Inter Milan, Rayo Vallecano, Sevilla el fin de semana. El guion se repite: Courtois sostiene al equipo, firma paradas decisivas, y cuando el partido pide oficio y concentración en los minutos finales, la zaga se desconecta. Llega el despiste, la marca perdida, la ayuda que no llega. Y el balón termina dentro.

Hasta ahora, el daño ha sido cosmético. En todos esos encuentros, el Madrid acabó ganando. El resultado maquilló el problema. Pero el problema sigue ahí.

La pregunta ya no es si volverá a ocurrir. La cuestión es cuándo costará puntos importantes.

Mourinho, fichado para cerrar la herida… que sigue abierta

Parte del plan con Mourinho pasaba precisamente por ahí: reconstruir una defensa que lleva años concediendo más de lo que un aspirante a todo puede permitirse. Orden, rigor, concentración. Volver a hacer del área propia un territorio hostil.

De momento, el técnico ha encontrado en Courtois un seguro casi absoluto. El belga aparece “casi en cada partido”, como se ha visto una y otra vez esta temporada. Pero ningún portero puede sostener un proyecto entero. No durante meses. No al máximo nivel.

El mensaje del entrenador, entre líneas, es nítido: el equipo no puede vivir eternamente de las manos de su guardameta.

El talón de Aquiles de un aspirante a todo

El 4-1 ante RB Leipzig deja buenas sensaciones colectivas, goles, confianza y la sensación de que el equipo llega con impulso a los próximos retos. Pero también deja un recordatorio incómodo: la portería sigue sin blindarse.

Cada desconexión en los minutos finales alimenta una duda. ¿Qué pasará cuando enfrente no haya margen para el error? ¿Cuando el rival sea de primerísimo nivel y el partido se decida en un detalle? Courtois seguirá respondiendo. Eso parece garantizado. La incógnita está en quienes le protegen.

Mourinho ya ha elegido su batalla. Ha señalado el problema, ha defendido públicamente a su portero y ha expuesto a su defensa. Ahora le toca a la zaga responder.

Porque si el Madrid quiere que estas noches europeas acaben en títulos y no en lamentos, tendrá que dejar de necesitar milagros de Courtois y empezar a parecer, de verdad, un equipo al que es casi imposible marcarle.