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Enzo Le Fée se redime con penalti tardío para Sunderland

Enzo Le Fée se toma la revancha: penalti tardío y punto de carácter para Sunderland ante Brentford

En el mismo punto de penalti donde hace unos meses se ridiculizó con una panenka fallida, Enzo Le Fée se plantó de nuevo. Mismo estadio, mismo silencio denso en las gradas del Gtech Community Stadium. Esta vez, el francés no dudó. Carrera firme, golpe seco, portero a un lado y balón al otro. Minuto 82. 1-1. Redención.

Brentford y Sunderland firmaron un empate vibrante, áspero y lleno de giros, en un partido que dejó la sensación de que los visitantes pudieron llevarse más que un punto… y que el conjunto local dejó escapar una victoria que ya acariciaba.

Un primer tiempo de dominio y frustración

El equipo de Regis Le Bris salió con autoridad. Físico, directo, mandón con balón y sin él. A los ocho minutos, Dan Ballard parecía adelantar a Sunderland con un remate raso y preciso al rincón. Celebración breve. Muy breve.

El VAR entró en escena y, tras una revisión larga y enredada, anuló el tanto: Kevin Danso, en su debut, había caído en fuera de juego y bloqueado la visión de Caoimhin Kelleher. El gol se esfumó, pero no el mensaje: Sunderland mandaba.

Brentford perdió pronto a su capitán. Nathan Collins tuvo que retirarse antes del minuto 20 tras un choque con Noah Sadiki. Golpe anímico y organizativo para el equipo de Keith Andrews, que ya sufría atrás.

La ocasión más clara del primer acto llevó de nuevo la firma de Le Fée. Recibió dentro del área, ajustó el cuerpo y soltó un disparo potente desde unos diez metros que se estrelló en el poste, con Kelleher ya batido. El sonido del balón contra la madera fue casi un aviso de lo que vendría al final.

Thomas Meunier también tuvo la suya: remate de primeras, buena posición, pero el disparo fue demasiado centrado y permitió a Jannik Schuster, recién entrado, blocar sin excesivo problema. Otra bala desperdiciada.

Brentford sobrevivía como podía. Sufría con las carreras al espacio de Meunier y Nilson Angulo, incapaz de controlar la energía visitante ni el mando de Granit Xhaka en la medular, que imponía ritmo y choque. Llegó el descanso con los locales agradeciendo el 0-0, casi como un premio inmerecido.

El giro de Andrews y el latigazo de Janelt

Keith Andrews no esperó más. Tres cambios al descanso, una sacudida total al equipo. Y el partido cambió de dueño.

De repente, Sunderland dejó de encontrar salidas. Sin líneas de pase claras, sin desahogo en largo, empujado hacia su propio campo. Brentford empezó a ganar segundas jugadas, a instalarse en campo rival y a probar la zaga azul.

El gol llegó poco antes de la hora de juego. Nordi Mukiele reaccionó bien para despejar de cabeza un centro peligroso, pero nadie de Sunderland acudió a cerrar la jugada. El balón cayó franco en la frontal. Vitaly Janelt vio el hueco, avanzó unos pasos y conectó una media volea perfecta desde unos 15 metros, directa a la escuadra. Imparable.

El Gtech rugió. El plan de Andrews parecía haber dado en el clavo: remontada táctica y marcador a favor.

Brentford pudo sentenciar. Keane Lewis-Potter dispuso de una ocasión clarísima, pero su volea se marchó alta tras botar en el césped, un remate tan forzado como desaprovechado. Poco después, Anthony llegó a marcar, pero el árbitro anuló el gol por arrebatar el balón de las manos del guardameta Robin Roefs. Otra oportunidad que se esfumaba.

Sunderland, mientras tanto, apenas respiraba. El partido parecía encaminarse hacia una victoria local trabajada y sufrida.

El penalti, la duda y la catarsis de Le Fée

Con el cronómetro acercándose al tramo final, Sunderland encontró un resquicio. Wilson Isidor, que había entrado desde el banquillo, encaró dentro del área y cayó con las manos de Lewis-Potter sobre él. El colegiado señaló penalti.

La decisión pareció generosa. El contacto existió, pero leve, de esos que se discuten durante días en tertulias y vestuarios. No hubo marcha atrás. El balón ya estaba en el punto fatídico y, al lado, Le Fée lo miraba fijamente.

El contexto no podía pesar más: mismo estadio, mismo equipo rival, mismo lugar donde en enero había intentado una panenka que acabó en bochorno. Esta vez no hubo fantasías. El centrocampista tomó aire, engañó a Kelleher y ajustó el disparo al lado contrario. Gol limpio, sin adornos. Gol que vale un punto y, para él, bastante más.

Kelleher todavía tuvo tiempo de lucirse antes con una buena estirada a un libre directo de Isidor, pero la última palabra la tuvo el francés. Sunderland se marchó con un empate que sabe a carácter y resistencia, después de un primer tiempo dominante y un segundo acto en el que rozó el naufragio.

Brentford, en cambio, se queda con la sensación de haber dejado escapar dos puntos en casa, tras remontar el pulso táctico y ponerse por delante. La temporada apenas empieza a dibujar sus tendencias, pero la pregunta ya está sobre la mesa: ¿será este tipo de finales lo que marque el techo real de ambos equipos?