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Everton triunfa 3-1 ante Newcastle en Edimburgo

En la fría noche de Murrayfield Stadium, Everton encontró algo más que un simple resultado de pretemporada. Encontró ritmo, confianza y, por momentos, fútbol de mucho nivel ante un Newcastle United que aún digiere un verano de cambios profundos. Victoria 3-1 para el equipo de David Moyes, a diez días del inicio de la Premier League.

Un Everton serio desde el arranque

Newcastle, vestido de rosa, puso el balón en juego y los primeros minutos tuvieron un solo color. Los de Matthias Jaissle mandaron en la posesión, empujaron a los de Moyes hacia su propia área y obligaron pronto a Travers a intervenir, primero ante un intento de vaselina de Wissa y luego ante un disparo de Elanga que el portero repelió de forma brillante.

Everton tardó 14 minutos en aparecer en campo rival con algo de intención. Cuando lo hizo, dejó un aviso: centro magnífico de Patterson al segundo palo y Dewsbury-Hall llegando algo tarde a la cita. A partir de ahí, el equipo empezó a sacudirse la presión, con George muy activo por fuera, aunque con poca claridad en la última decisión.

Newcastle amenazaba cada pérdida. Toure colgaba balones peligrosos desde la izquierda y Wissa merodeaba el área, incluso intentando forzar un penalti que el árbitro ignoró. Pero el golpe lo dio Everton.

El primer zarpazo: Barry abre el marcador

En el minuto 28, Hackney perdió un balón comprometido y pareció que Wissa tenía el 1-0 en sus botas. Entonces apareció Tarkowski con una entrada decisiva que cambió el guion de la jugada y, con ella, el del partido. De ese corte nació una contra fulminante: balón largo de Keane, Barry no controla de primeras, pero pelea, recupera, se libra de dos defensas y Armstrong recoge el rechazo para filtrar un pase perfecto. Theirno Barry, esta vez sí, define cruzado, raso, al palo largo. 0-1 y estocada cuando más apretaba el rival.

El tanto dio alas a Everton. Barry empezó a ganar metros entre líneas, Ndiaye se ofrecía y el equipo combinaba con más calma. Joelinton, superado en varios duelos, acabó derribando a Dewsbury-Hall dentro del área tras una buena acción de Mykolenko. Penalti claro.

Iliman Ndiaye, en el 35’, no perdonó desde los once metros. Carrera corta, disparo seco y 0-2. Everton había pasado de sufrir a mandar con una eficacia que Newcastle no encontró en toda la primera parte.

Antes del descanso aún quedó tiempo para algún susto. Patterson robó con agresividad, se lanzó por la banda derecha y armó una transición prometedora que se diluyó cuando Dewsbury-Hall dudó con el último pase. La defensa de los de Moyes, con Tarkowski al mando, se mantuvo firme ante la frustración creciente del ataque rival. Al descanso, 0-2 y sensación de control.

Newcastle se revuelve, pero Everton aguanta

Jaissle movió el banquillo de arriba abajo tras el descanso. El impacto fue inmediato: Jacob Murphy se coló a la espalda de Mykolenko y obligó a Travers a una parada de reflejos, baja y ajustada al palo. Aviso serio de que el segundo tiempo no iba a ser un paseo.

Everton respondió con lo que buscaba Moyes en este tipo de partidos: posesiones largas, paciencia, ataques más elaborados. Hackney lanzó a Barry con un pase largo que el delantero desaprovechó con un control deficiente. George, por su parte, alternaba chispazos de calidad con decisiones imprecisas, como ese envío hacia Ndiaye que se marchó largo tras botar mal.

Dewsbury-Hall dejó una de las acciones más vistosas del tramo inicial del segundo acto, combinando en corto y ganando una falta peligrosa que él mismo ejecutó con rosca, obligando al portero a desviarla a córner cuando se colaba junto al poste. Everton jugaba con criterio, pero le faltaba filo en el último toque.

Los cambios a la hora de juego dieron aire fresco. Entraron Dibling, Beto y Alcaraz, y el equipo ganó piernas para las transiciones. Dibling cayó en el área tras un brazo en el rostro, pero el árbitro no vio penalti. El partido se abrió, con espacios para correr y más ida y vuelta.

La obra de arte de Tyrique George

El momento de la noche llegó en el 73’. Y tuvo un protagonista claro: Tyrique George.

El joven atacante arrancó con decisión, encaró, tocó y siguió. Armstrong, en el corazón del campo, se tomó un segundo de pausa, pisó el balón y, en lugar de optar por el pase evidente, sorprendió con un envío de reverso perfecto, tenso, al espacio. George giró sobre sí mismo como un bailarín, se acomodó el balón y soltó un disparo raso, potente, al fondo de la red. Golazo. 0-3 y una jugada que levantó del asiento a más de uno en Murrayfield.

Everton, ya con el resultado encarrilado, se permitió algunos lujos en salida de balón. George volvió a aparecer, esta vez para habilitar a Aznou por la izquierda, cuyo centro fue bloqueado. En el centro del campo, Armstrong siguió imponiendo personalidad, hasta el punto de recibir un placaje casi de rugby por parte de Ramsey, que se quedó sin tarjeta.

Dibling también dejó detalles por la derecha, superando a su marcador y poniendo un centro interesante que nadie llegó a rematar. La sensación era clara: el equipo de Moyes se soltaba, los jóvenes pedían sitio y el balón corría con fluidez.

El consuelo de Newcastle y un mensaje de Everton

Newcastle, pese al golpe del tercer gol, no se rindió. Jacob Murphy volvió a ganar línea de fondo y esta vez encontró socio. Su centro medido lo aprovechó Barnes para recortar distancias con un toque preciso. 1-3, premio a la insistencia y pequeño tirón de orejas para una zaga de Everton que hasta entonces casi no había concedido.

Moyes siguió rotando en los minutos finales, dando entrada a Aznou y Foster, mientras Beto y compañía se vaciaban en la presión. El marcador ya no se movió, pero el mensaje había quedado claro.

Everton, que venía de un 3-1 encajado ante Stuttgart y de una pretemporada irregular, firmó en Edimburgo un partido serio, competitivo y con destellos de calidad individual. Todo ello sin Jarrad Branthwaite, ausente por un plan de reintegración controlado tras su lesión de isquiotibiales. El central, que jugó 80 minutos y fue capitán en Alemania, seguirá entrenando en Finch Farm con la vista puesta en el último amistoso ante LOSC Lille en Hill Dickinson Stadium.

Con la Premier League a la vuelta de la esquina y fichajes como Norgaard y Johnson aún por integrar en la dinámica, la noche en Murrayfield dejó algo más que un buen marcador: dejó la sensación de que este Everton empieza a reconocerse. La cuestión ahora es sencilla y brutal: ¿podrá sostener este nivel cuando los puntos ya no sean de mentira?