Inglaterra derrota a Croacia 4-2 y la preocupación por Rice
Declan Rice abandonó el campo cojeando en el minuto 72, el marcador señalaba un 4-2 que ya parecía definitivo y, por un instante, el triunfo de Inglaterra quedó en segundo plano. El centrocampista, pieza central del proyecto y asistente en uno de los goles de Harry Kane, se llevó la mano a la zona lumbar y al isquiotibial alto antes de mirar al banquillo y pedir el cambio. Silencio contenido. Miradas al seleccionador. Y una decisión rápida.
El técnico alemán no dudó. Vio algo que no le gustó y actuó.
“Declan tuvo algunas pérdidas de balón poco habituales y le noté algo incómodo. Le pregunté y me señaló directamente la parte baja de la espalda y el isquio, que sentía molestias. No quería correr riesgos”, explicó después en rueda de prensa. “Si saco a Declan, que nunca quiero hacerlo, es porque es el momento de protegerle”.
El mensaje fue claro: proteger a su hombre clave, incluso en una noche grande.
Un cambio obligado y una respuesta inesperada
La salida de Rice abrió la puerta a una solución poco ortodoxa. Reece James, lateral de naturaleza, se incrustó en el centro del campo y cumplió con nota alta. El entrenador no escatimó elogios: firmó “un partido fantástico” en una zona que no es la suya.
Mientras tanto, las cámaras buscaban a Rice. El gesto al marcharse había encendido todas las alarmas, pero el propio jugador se encargó de rebajarlas nada más terminar el encuentro. Sonriente, sin rastro de dramatismo, afrontó sus compromisos con la prensa.
“Todo bien, de oro”, aseguró ante los micrófonos de ITV. “Es lo que he venido arrastrando probablemente en la segunda mitad de la temporada, pequeños dolores aquí y allá, pero estoy bien. Todo perfecto, solo por precaución y estaré de vuelta contra Ghana”.
Detrás de ese “todo bien” hay semanas de vigilancia. Desde que terminó la temporada con Arsenal, el estado físico del centrocampista se ha seguido de cerca. Durante el tramo final del curso, mientras el club peleaba por Premier League y Champions League, necesitó inyecciones para aguantar el ritmo. El cuerpo pasa factura, y la selección lo sabe.
El propio entrenador lo dejó caer: hay molestias, pero no pánico. “Sé qué tipo de incomodidad es, nos ocuparemos de ello. No es nada grande de lo que preocuparse”, insistió.
El discurso del descanso que soltó a Inglaterra
Mientras el debate giraba en torno a Rice, el partido contaba otra historia: la de una selección que cambió de cara en el descanso. El 4-2 final no se explica sin esos 15 minutos en el vestuario.
El primer tiempo fue un intercambio de golpes, vertiginoso, desordenado por momentos, con Croacia plantando cara y castigando cada despiste. Inglaterra tenía la pelota, pero no el control emocional del partido. El descanso llegó casi como una tregua.
Allí, el capitán recibió un mensaje que lo cambió todo.
“Nos dijo que nos quitáramos las cadenas, que nos calmáramos y fuéramos a por ello”, desveló Harry Kane. “Nos preguntó qué era lo peor que podía pasar. ‘Mostrad al mundo quiénes podemos ser’. Salimos en la segunda parte a tope y no pudieron con nosotros”.
La frase se notó desde el primer balón. La presión adelantada, el ritmo de las combinaciones, la agresividad en cada duelo. Inglaterra subió una marcha y Croacia empezó a quedarse sin aire.
“Ese es el nivel que tenemos que marcar en cada partido”, añadió Kane. “Cuando nos pusimos por delante, controlamos el juego, no parecía que estuviéramos en peligro y luego marcamos al contraataque. Tuvimos un tramo en el que pudimos hacer tres o cuatro más”.
Bellingham, Rashford y un grupo que se suelta
Con el partido abierto, aparecieron los nombres propios. Jude Bellingham y Marcus Rashford terminaron de inclinar la balanza y sellaron una victoria que vale algo más que tres puntos. Inglaterra se coloca al frente del Grupo L y marca territorio desde el primer día.
En Arlington, la sensación fue de equipo que sabe sufrir y luego castigar. De bloque que, cuando se libera, tiene demasiadas armas para cualquier rival.
Rice, ya más relajado, también puso el foco en esa metamorfosis tras el descanso.
“Creo que la primera parte se sintió peor de lo que realmente fue, por la forma en que encajamos los goles”, analizó. “Tuvimos mucho balón, pero en la segunda parte se vio ese golpe, ese deseo desde el primer minuto. Había un resorte extra en nuestras piernas, la presión, nuestra fuerza, la forma en que fuimos hacia delante, la manera en que creamos ocasiones… y su portero hizo un partido increíble. En general fue una gran actuación”.
El centrocampista, cojeando al salir y desafiante al hablar, resumió la noche mejor que nadie: un aviso físico, un equipo que responde y una victoria que lanza un mensaje al torneo.
La gran incógnita ahora no es el juego. Es otra. ¿Cuánto tiempo podrá Inglaterra vivir al límite con el motor de su centro del campo jugando entre molestias?






