Inglaterra se acerca a la gloria: FA respalda a Tuchel hasta Euro 2028
Inglaterra rozó otra final de Copa del Mundo y volvió a despertarse con la misma sensación conocida: la de una oportunidad perdida. Cayó 2-1 ante Argentina en el Atlanta Stadium, en una semifinal que parecía bajo control tras el zarpazo de Anthony Gordon en el minuto 55. A partir de ahí, el partido cambió de tono… y el foco se posó directamente sobre Thomas Tuchel.
El seleccionador alemán, que había guiado a los Three Lions hasta las puertas del partido decisivo, terminó en el centro de la tormenta. Aficionados y analistas le señalaron sin rodeos por su apuesta conservadora tras el gol de Gordon. Con ventaja en el marcador, Inglaterra bajó una marcha, reculó unos metros y dejó que Argentina creciera. El castigo llegó. Y fue letal.
La FA mantiene el rumbo
Según BBC Sport, la Federación mantiene su respaldo al técnico y cuenta con él para liderar el proyecto hasta la Euro 2028. Nada de ruptura en caliente, nada de giro brusco tras una derrota dolorosa. La línea oficial es clara: continuidad.
El alemán, de 52 años, aterrizó en el banquillo inglés en enero de 2025 con un contrato que cubría hasta este Mundial. Un mes después, en febrero, la FA selló su apuesta con una ampliación de dos años, extendiendo el vínculo precisamente hasta la Euro 2028. La derrota ante Argentina no altera ese plan.
La decisión tiene lógica deportiva. Inglaterra llegó a la cita mundialista como una de las grandes favoritas. Y lo justificó desde el primer día.
Un arranque demoledor y un camino de altibajos
El debut fue una declaración de intenciones: 4-2 a Croacia, un golpe sobre la mesa que alimentó el discurso de candidato serio al título. Ataque fluido, ritmo alto, talento desatado. La versión que el país llevaba años esperando.
Después, el equipo se atascó. Ante Ghana y Panamá no convenció. Ganó, compitió, pero dejó dudas. Faltaba continuidad, faltaba colmillo. Aun así, Inglaterra se metió en las rondas de eliminación con margen para crecer. Y ahí sí apareció el equipo que Tuchel llevaba tiempo dibujando en la pizarra.
Superó a DR Congo y, sobre todo, firmó una actuación de autoridad en el Estadio Azteca frente a México. Un triunfo que no solo valió el pase, sino que reforzó la sensación de que el grupo había encontrado su punto justo de madurez y equilibrio. Ante Noruega, en otro cruce trampa, Inglaterra respondió con nota. Solidez, temple, eficacia. El camino a la semifinal se construyó sin sobresaltos graves.
El giro en Atlanta
Por eso el golpe en Atlanta duele tanto. Porque Inglaterra parecía lista. Porque el plan, hasta el minuto 55, funcionaba. El gol de Anthony Gordon apuntaba a ser la llave de una noche histórica. Ventaja en el marcador, control emocional del partido, sensación de que Argentina se quedaba sin respuestas claras.
Y ahí llegó la decisión que lo cambió todo: un giro táctico hacia la contención. Bloque más bajo, menos ambición con balón, más preocupación por proteger que por rematar. La grada lo vio. La televisión lo vio. Argentina también.
La presión terminó por derribar a Inglaterra. El partido se volcó hacia el área inglesa y la semifinal se escapó entre reproches a la propuesta y lamentos por lo que pudo ser. No fue una debacle, ni un hundimiento colectivo, pero sí una derrota que abre un debate profundo sobre la identidad del equipo en los grandes escenarios.
Un proyecto que no se detiene
La FA, no obstante, ha elegido su lado. Tuchel seguirá al mando. El mensaje es inequívoco: este Mundial, pese al desenlace amargo, no se interpreta como un fracaso estructural, sino como una etapa dolorosa en un proyecto que apunta a su siguiente gran examen, la Euro 2028.
Inglaterra ha demostrado que puede arrasar a selecciones como Croacia, sobrevivir a noches grises ante Ghana o Panamá, y brillar en plazas míticas como el Estadio Azteca. Ha superado obstáculos incómodos como DR Congo y Noruega. Ha estado a 35 minutos de una final mundialista con ventaja en el marcador frente a Argentina.
La cuestión, ahora, es si Tuchel será capaz de transformar esta herida en un punto de inflexión. Porque el respaldo institucional ya lo tiene. Lo que falta es lo que siempre se le exige a Inglaterra: convertir promesa en título. Y la Euro 2028 no esperará a nadie.






