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Inglaterra arranca el Mundial 2026 con victoria y advertencias

Inglaterra arrancó el Mundial 2026 a toda velocidad en Dallas y el eco de su 4-2 ante Croacia sigue retumbando muy lejos del “Palace in Dallas”. En las calles de Durham, en el norte de Inglaterra, la policía tuvo que recordar a los aficionados que la fiesta nocturna tiene un límite muy claro cuando se coge el volante a la mañana siguiente.

Durante la hora punta del jueves por la mañana, agentes de Durham detuvieron coches al azar a las afueras del centro de la ciudad y sometieron a los conductores a controles de alcoholemia en carretera. No era un operativo rutinario: llegaba justo después del 4-2 de Inglaterra a Croacia y de una noche de bares llenos y pintas sin descanso.

Las cifras les respaldan. Según la policía de Durham, los días de partido de Inglaterra se registran alrededor de un 20% más de colisiones. Y con los horarios norteamericanos –partidos arrancando más tarde de lo habitual en Reino Unido– el temor es evidente: aficionados bebiendo hasta altas horas y conductores que, al amanecer, siguen por encima del límite sin ser conscientes.

Cuando la agencia de noticias llegó al lugar, ninguno de los conductores dio positivo, aunque uno de ellos descubrió, sorprendido, que estaba cerca del límite legal. El mensaje de la sargento Sarah Manser fue directo, sin adornos: el alcohol puede seguir en el cuerpo a la mañana siguiente y la única receta segura es no mezclar nunca bebida y conducción.

Louis Renwick, uno de los conductores parados, salió limpio del test y aplaudió la campaña. Lo resumió con crudeza: hay demasiadas muertes en la carretera por culpa del alcohol.

Dallas, el pub desbordado y la caja registradora echando humo

Mientras en Durham se intentaba contener la resaca, en Dallas aún se contaban las cervezas. Literalmente.

El Londoner Pub, convertido en sucursal oficiosa de Wembley en Texas, vivió una noche tan salvaje como lucrativa durante el Inglaterra–Croacia. Centenares de aficionados ingleses abarrotaron el local, atraídos por un horario de cierre más tardío que el de otros bares de la ciudad.

El resultado fue un aluvión: 2.352 botellas vendidas y más de 5.000 cervezas consumidas en total. La recaudación superó las 30.000 libras en una sola noche. Pero el éxito tuvo un precio.

El pub alcanzó rápidamente el aforo máximo. Solo dos guardias de seguridad intentaban controlar la marea cuando la policía irrumpió en pleno partido. Vídeos en redes mostraban a los agentes pidiendo a los aficionados que salieran mientras entonaban el himno nacional. El ambiente de fiesta chocó de frente con las normas de seguridad.

La situación terminó por desbordarse. El Londoner explicó después que el responsable de seguridad contra incendios ordenó el cierre anticipado “por el caos que se nos vino encima”. El propio local desmintió que las cifras de venta reflejaran la realidad neta de la noche, al señalar los daños en mobiliario y zonas ajardinadas del complejo donde se ubica. Un recordatorio de que el Mundial puede ser un negocio redondo… y un quebradero de cabeza al mismo tiempo.

Kane, Bellingham, Rashford: la nueva Inglaterra de Tuchel enseña los colmillos

En el césped, la historia fue otra: una Inglaterra desatada tras el descanso, un seleccionador que no teme tocar piezas y un capitán obsesionado con la cima.

Harry Kane firmó un doblete en la primera parte y alcanzó a Gary Lineker con 10 goles como máximo artillero inglés en Mundiales. No se quedó ahí. El delantero de Bayern Munich reconoció que ver los arranques explosivos de Kylian Mbappé y Erling Haaland –ambos con doblete en su estreno– le sirve de combustible en la carrera por la Bota de Oro. También Lionel Messi arrancó con un triplete para Argentina ante Argelia, y el listón del torneo subió de golpe.

Kane no oculta que la comparación le pica. Como cualquier goleador de élite, quiere entrar en la historia: convertirse en el primero en ser máximo anotador en dos Mundiales tras su corona de 2018. Ante Croacia, dio el primer paso.

El otro gran protagonista fue Jude Bellingham. A sus 22 años, afronta ya su cuarto gran torneo con Inglaterra y lo hace con una mezcla de rabia contenida y madurez creciente. Venía de un curso duro, de perderse las ventanas de septiembre y octubre por lesión y de ver cómo se discutía su encaje en la “hermandad” que reclama Thomas Tuchel. Incluso el propio seleccionador llegó a admitir que su madre consideraba “repulsivo” cierto comportamiento del centrocampista.

Bellingham respondió donde mejor sabe: en el césped. Abrió la remontada nada más volver del vestuario, con un gol a los dos minutos del segundo tiempo que cambió el tono del partido, y terminó anotando el tercero en la segunda parte de esa exhibición inglesa. Después, confesó que juega con “una espina clavada”, con ese pequeño resentimiento que le ayuda a encontrar foco e intensidad desde el primer minuto.

El inglés no rehúye la crítica. Acepta que, a veces, se la ha ganado. Pero subraya que el honor de ayudar a su país no cambia, por mucho ruido que haya alrededor. Y que este Mundial es su oportunidad para recordar a todos quién es realmente.

Tuchel, el técnico que mueve el tablero… y la comparación incómoda con Southgate

La metamorfosis de Inglaterra ante Croacia tuvo un punto de inflexión claro: el descanso.

El equipo se fue al vestuario con un 2-2 que olía a oportunidad desperdiciada. En ese momento, Tuchel apretó el botón. Según contó Kane, el mensaje fue casi liberador: quitarse las ataduras, calmarse y salir a mostrar al mundo de qué son capaces. “¿Qué es lo peor que puede pasar?”, les lanzó. Inglaterra volvió al campo “a tope de gas”, en palabras de su capitán, y Croacia no pudo seguir el ritmo.

Las correcciones tácticas y los cambios marcaron la diferencia. La entrada de hombres frescos como Marcus Rashford –autor del cuarto gol en el 85’– o las variantes en ataque con Bukayo Saka y Morgan Rogers consolidaron la sensación de un seleccionador dispuesto a intervenir sin complejos.

Kyle Walker, que vivió la era Gareth Southgate desde dentro, lo dejó por escrito en una columna: la gran diferencia está en la capacidad de Tuchel para alterar los partidos en marcha. Mientras Southgate tendía a aferrarse a su once de confianza y tocaba poco, el alemán no duda en agitar el banquillo en el momento justo. Walker admite que, como titular fijo con el anterior seleccionador, esa inercia le beneficiaba. Pero también recuerda haber pensado sobre el césped: “haz un cambio, haz algo”. En Dallas, Tuchel lo hizo.

Bellingham, de sospechoso a bandera: hasta Hamann se rinde

La actuación de Bellingham no solo convenció a su propio vestuario. También hizo cambiar de opinión a viejos críticos.

Dietmar Hamann, exinternacional alemán y comentarista, confesó que durante la etapa del inglés en Borussia Dortmund hubo gestos que no le gustaron. Cuestionó su actitud, dudó de su salto a Real Madrid. Hoy, el relato es distinto.

La conquista de la Champions en su primera temporada en España y la forma en que asumió el partido ante Croacia han modificado el juicio. Hamann subrayó que, cuando Bellingham se entrega al sistema y trabaja para sus compañeros, alcanza alturas extraordinarias. Lo que se vio en Dallas, dijo, fue precisamente eso: un jugador de equipo, dominante, pero comprometido con el colectivo.

Tuchel, que reconoció que el puesto estaba en disputa con un Morgan Rogers en plena forma, fue tajante tras el encuentro: Bellingham se ganó la titularidad y eso es exactamente lo que tiene que hacer si quiere mantenerla.

Un Mundial que desborda: drones, favoritos que tropiezan y un calendario al rojo vivo

Mientras Inglaterra lanzaba su candidatura –las casas de apuestas recortaron su cuota a 13/2 tras el triunfo, desde el 8/1 previo–, el resto del Mundial seguía ofreciendo imágenes potentes.

En México, el ejército derribó un dron que volaba cerca del campo de entrenamiento de Corea del Sur. El equipo asiático se mide hoy a la selección mexicana en un duelo clave del Grupo A, con el pase a octavos al alcance del ganador. El seleccionador Hong Myung-bo calificó el episodio de “desafortunado”. Por suerte para ellos, el aparato fue detectado justo antes de que empezaran a ensayar la parte táctica de la sesión.

En otro frente, Cristiano Ronaldo inició su sexto Mundial con un empate amargo ante la República Democrática del Congo. Portugal se atascó y Yoane Wissa firmó el gol del empate. Ronaldo apenas tuvo dos medias ocasiones y el debate estalló de inmediato. El exdelantero Chris Sutton, en la radio británica, acusó a Roberto Martínez de tener miedo a sustituir al veterano astro, al considerar que el partido se le había escapado por completo.

El torneo no afloja. Hoy se abre el telón a las 17:00, hora británica, con un duelo de urgencias entre República Checa y Sudáfrica, ambos sin puntos. Después, Suiza se mide a Bosnia-Herzegovina y Canadá se enfrenta a Qatar en un Grupo B comprimido al máximo, con las cuatro selecciones empatadas a un punto. La jornada se cierra de madrugada con ese México–Corea del Sur que puede empezar a dibujar el cuadro de las eliminatorias.

La Inglaterra de Dallas: entre el karaoke, la ambición y el riesgo fuera del estadio

Dentro del estadio, la noche texana fue un festival. Por momentos, el ambiente recordó a una tercera ronda de FA Cup llevada al extremo, mezclada con un espectáculo de Super Bowl. Al final, aquello se convirtió en un karaoke masivo: “Hey Jude”, “Wonderwall”, “Sweet Caroline” y, tras el gol de Rashford, el inevitable “Football’s Coming Home” rugiendo desde las gradas.

Aficionados como Jessica Long, estadounidense y excompetidora del maratón de Londres, se acercaban a estrechar manos y hablar de un Mundial que llegará a su ciudad. Esa mezcla de culturas, de historias cruzadas, de hinchas que han corrido por las calles de Londres y ahora vibran en Dallas, define el espíritu de 2026.

Pero el mismo impulso que llena pubs hasta el límite y convierte un bar de Texas en sucursal de Inglaterra obliga a encender las luces de emergencia en casa. De ahí los controles en Durham, las advertencias sobre el alcohol al volante y los recordatorios de que la fiesta tiene fronteras muy claras.

En el césped, la selección de Tuchel ya ha marcado la suya: intensidad máxima, talento desatado y un vestuario dispuesto a vivir con esa “espina” que menciona Bellingham. Si mantienen ese filo, la pregunta no es si el Mundial los ha despertado. La verdadera incógnita es hasta dónde están dispuestos a llevar esta versión desatada de Inglaterra.

Inglaterra arranca el Mundial 2026 con victoria y advertencias