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Ipswich derrota a Leicester en la EFL Cup: cambios decisivos

La victoria 3-1 de Ipswich Town sobre Leicester City en la segunda ronda de la EFL Cup dejó algo más que un marcador llamativo. Dejó un veredicto claro desde la grada: el partido cambió cuando cambió el equipo.

Jeremy lo resumió con un dato que explica mucho del arranque gris: “Diez de los once que empezaron estaban con nosotros la temporada pasada, y se notó”. Mismo bloque, mismas inercias. Un Ipswich lento, sin chispa, sin la agresividad que exige un duelo de copa ante un Leicester que olió sangre desde el inicio.

El primer tiempo se jugó al ritmo que quiso el conjunto visitante. Beardo lo vio igual desde su asiento: “Estuvimos lentos y fuera de ritmo en la primera parte. La presión no funcionaba porque los jugadores no estaban lo suficientemente encima y necesitábamos comprometer a un jugador más”. Leicester encontraba líneas de pase con demasiada facilidad. Con un hombre de más en la salida, “simplemente jugaron a través de nosotros”.

No extrañó a nadie que los Foxes se marcharan por delante al descanso. “Realmente merecieron ir ganando al descanso”, remató Beardo. Y el ambiente lo confirmaba: murmullo, resignación y la sensación de que el guion de la noche se le escapaba a Ipswich.

El efecto Leif Davis y el giro del partido

Todo cambió con los retoques desde el banquillo. El técnico movió fichas, los suplentes entraron con otra marcha y Sindre Walle Egeli pasó al centro. Ese simple ajuste dio estructura, piernas y personalidad a un equipo que hasta entonces parecía atado.

“El cambio fue enorme”, apuntó Jeremy, señalando directamente ese movimiento táctico como una de las claves del vuelco.

Pero el verdadero punto de inflexión, para muchos, tuvo nombre propio: Leif Davis. “La introducción de Leif Davis fue el punto de cambio”, sentenció Beardo. Con él en el campo, Ipswich ganó metros, ganó carácter y, sobre todo, ganó velocidad en cada transición.

De repente, el equipo empezó a correr donde antes dudaba. “De pronto hubo más urgencia, una fuerza de empuje”, describió Beardo. Los jugadores comenzaron a atacar los espacios a la espalda de una zaga de Leicester muy adelantada, que hasta entonces había vivido cómoda tirando el fuera de juego “toda la noche”.

El partido se inclinó. La presión empezó a llegar a tiempo, los duelos se ganaban más arriba y la defensa visitante dejó de parecer tan segura. El 3-1 final no fue un golpe de suerte, sino el resultado de un cambio de actitud y de piezas.

La nota discordante: el ‘9’ que falta

En medio de la remontada y la euforia por el pase de ronda, una preocupación se coló en el análisis de la afición: la falta de pegada arriba. El nombre señalado, sin rodeos, fue el de Chuba Akpom.

Edward no se anduvo con medias tintas: “Necesitamos otro delantero, Chuba Akpom hizo un buen trabajo en la construcción, pero su disparo es terrible”. El delantero participó, se asoció, bajó a recibir y generó juego, pero falló donde se le mide de verdad a un ‘9’. “Tuvo dos o tres ocasiones de gol increíbles y no marcó ninguna”, lamentó.

La noche, por tanto, dejó una doble lectura para Ipswich: carácter para reaccionar, profundidad en el banquillo y variantes tácticas que funcionan… pero también una carencia evidente en la definición. En copa, esta vez alcanzó.

La pregunta es cuánto tiempo más podrá vivir Ipswich de las remontadas y los revulsivos antes de que la falta de un goleador fiable le pase factura en una competición de mayor exigencia.