Irán empató ante Nueva Zelanda y enfrenta crisis en el Mundial
La Copa del Mundo de Irán arrancó con un 2-2 vibrante ante New Zealand. Pero el resultado quedó en segundo plano apenas unas horas después del pitazo final en SoFi Stadium. Sin tiempo para estirar, para hielo, para una charla táctica mínima, la orden fue clara: abandonar Estados Unidos y volver de inmediato a la base de concentración en México.
Ni celebración, ni recuperación. Vuelo.
Amir Ghalenoei, seleccionador de Irán, lo explicó con el gesto cansado de quien siente que juega un Mundial cuesta arriba desde mucho antes del debut. No precisó quién dio la orden, pero sí el efecto: el equipo, que había planificado pasar la noche en California para completar el proceso habitual de recuperación, fue obligado a subirse de inmediato a un avión rumbo a Tijuana, a apenas 140 millas, pero a un mundo de distancia del escenario del partido.
“No nos dieron ni tiempo para recuperar”, lamentó el técnico, a través de un intérprete. “Después del partido nos dijeron: ‘Tienen que irse inmediatamente’”.
Un Mundial en guerra y a contrarreloj
El ciclo de Irán hacia este Mundial ya venía golpeado. Desde que Estados Unidos e Israel iniciaron la guerra contra Irán el 28 de febrero, todo se volvió frágil, inestable, lleno de obstáculos diplomáticos. La federación iraní pidió a la FIFA mover sus tres partidos de la fase de grupos fuera de territorio estadounidense. La respuesta fue negativa. Irán decidió competir igual.
El viaje al debut fue una muestra de lo que se ha convertido en rutina: controles, esperas, tensión. El capitán Mehdi Taremi describió cinco horas de trayecto y revisiones de seguridad para un desplazamiento que, en condiciones normales, sería corto entre Tijuana y el área de Los Ángeles.
El plan original era simple: llegar dos noches antes del partido y quedarse la noche posterior para recuperar y regresar a México al día siguiente, al mediodía. Nada de eso se cumplió.
“No sabemos por qué nos están haciendo regresar, para ser honestos”, dijo Ghalenoei. “Parece que otros están haciendo la planificación por nosotros. La toma de decisiones se hace en otra parte. No tenemos idea de por qué”.
Luego lanzó una frase que resume el sentir del vestuario: “Creo que nuestro equipo es quizá el más oprimido de este Mundial”.
Un cuerpo técnico incompleto y un desgaste que se nota
La sensación de desamparo no se limita a los vuelos de última hora. Irán compite sin varias piezas clave fuera del campo: el presidente de su federación, miembros del cuerpo técnico de apoyo y responsables de prensa no obtuvieron visado para entrar en Estados Unidos. El equipo viaja recortado, sin su estructura completa.
“Tenemos que irnos de Los Ángeles ahora mismo, y eso no es bueno para nosotros”, insistió Taremi, aproximadamente una hora después del partido. “Creo que la FIFA tiene que ayudarnos más que esto. Todo es como un desastre para nosotros”.
En el césped, el desgaste se hizo visible. Varios jugadores sufrieron calambres en un encuentro disputado en condiciones climáticas suaves. Ghalenoei no lo atribuyó a la intensidad del rival, sino a la acumulación de viajes, retrasos y falta de adaptación.
“Antes del partido dije que no habíamos tenido tiempo para ajustarnos por los viajes”, recordó. “Muchos de nuestros jugadores tuvieron calambres, y por eso tuvimos que sustituirlos. No fue por razones técnicas, fue por lesión y por calambres”.
El técnico subrayó que el retraso en las llegadas y ahora la salida forzada, sin margen para recuperar, complican todavía más un escenario ya delicado. El cuerpo técnico evaluará a los futbolistas, pero el calendario no espera: el domingo llega Belgium en Inglewood, y luego el viaje a Seattle para enfrentar a Egypt.
Un empate que sabe a poco, pero no a derrota
Sobre el papel, el 2-2 ante New Zealand deja un sabor agridulce. Irán, con más jerarquía y 65 puestos por encima en el ranking de la FIFA, no logró imponerse a un rival teóricamente inferior. Sin embargo, el contexto cambia la lectura: el equipo iraní remontó dos veces y sostuvo el pulso en un partido abierto, emocionante, con un ambiente eléctrico.
Elijah Just golpeó temprano en cada tiempo para New Zealand. Cada vez que Irán parecía tambalearse, encontró respuesta. Primero con una delicada definición de Ramin Rezaeian, que marcó con el exterior de la bota, y luego con un cabezazo impecable de Mohammad Mohebi, tras un centro perfecto del propio Rezaeian, en el minuto 64.
El gol de Mohebi desató la euforia en una grada teñida de banderas iraníes. SoFi Stadium, en el corazón de la región que alberga la mayor comunidad iraní fuera del país, sonó como un estadio de Teherán por momentos. El ruido, los cánticos, el rugido en cada ataque: “Fue como jugar en casa”, admitió Taremi. “Un ambiente increíble los 90 minutos”.
La celebración de Mohebi, sin embargo, no pasó desapercibida. El delantero pareció imitar el gesto de disparar un arma, lo que generó críticas en redes sociales. También hizo el ya famoso gesto de “ice in my veins”, popularizado hace una década por D’Angelo Russell a pocos kilómetros de allí, antes de formar un corazón con las manos hacia la afición.
Mohebi defendió su gesto: “Los iraníes que viven en Los Ángeles crean una gran atmósfera. Esa celebración se me vino a la mente, e hice esto” —señalando su brazo— “para todos los aficionados. Solo una celebración”.
Fútbol, protesta y contradicción en la grada
La noche en Los Ángeles fue algo más que un partido. Afuera del estadio, varios centenares de iraníes residentes en Estados Unidos protestaron contra el gobierno de Irán. Dentro, la contradicción se hizo carne: parte de la diáspora dio la espalda al campo durante el himno nacional, entre abucheos y gestos de rechazo, pero una vez rodó el balón, la mayoría volcó su apoyo sobre los jugadores.
El choque entre rechazo político y respaldo futbolístico se notó en cada rincón del estadio. Banderas, consignas, pero también abrazos al final. Tras el pitazo final, jugadores de ambos equipos se estrecharon la mano, intercambiaron camisetas y se despidieron con respeto.
Mientras Ghalenoei se sentaba solo en el banquillo, sus futbolistas dieron una vuelta al campo para aplaudir a los miles de aficionados que se quedaron, ondeando banderas y gritando hasta el último minuto. Un gesto de agradecimiento en medio de un torneo que sienten hostil.
Un grupo abierto y un camino empinado
La igualdad del grupo es total: Irán, Belgium, Egypt y New Zealand suman un punto tras la primera jornada. Pero los papeles dicen que lo más duro viene ahora para Irán. Los próximos dos rivales son, en teoría, más exigentes que New Zealand. Y el equipo de Ghalenoei deberá afrontarlos con el cansancio acumulado de viajes, trámites y decisiones ajenas.
“Nos enfrentamos a más obstáculos, pero no vamos a dejar que eso nos impida dar lo mejor”, aseguró el técnico. También reivindicó el espectáculo que se vio en SoFi Stadium: “Creo que hoy fue uno de los mejores partidos del Mundial hasta ahora, y que los aficionados lo disfrutaron dentro y fuera del estadio”.
La cuestión es cuánto tiempo puede seguir compitiendo un equipo que siente que juega contra el rival, contra el calendario y contra la logística. La respuesta llegará pronto, en Inglewood y en Seattle, lejos de casa, pero con la sensación de que, pase lo que pase, nada será sencillo para esta selección que se declara, sin rodeos, “la más oprimida del Mundial”.






