Bélgica remonta ante Senegal: 3-2 en prórroga con Tielemans como héroe
Bélgica estaba fuera. Muerta. Dos goles abajo, sin ritmo, sin ideas, sin alma. Y, sin embargo, acabó en cuartos de hora convirtiendo un naufragio en una clasificación épica para los octavos de final del Mundial. El último golpe llegó casi en el último suspiro: un penalti transformado por Youri Tielemans en el descuento de la prórroga para sellar un 3-2 imposible ante Senegal.
El mediocentro, que ya había forzado el tiempo extra con el 2-2 en el minuto 89, firmó una noche que se recordará durante años en Bélgica. Primero como salvavidas. Después como ejecutor frío desde los once metros, tras una espera interminable ante la pantalla del VAR.
Senegal golpea primero… y con belleza
Senegal, sin su portero Édouard Mendy por lesión de rodilla, no llegó a la cita para ser comparsa. Todo lo contrario. El equipo africano se adelantó en el minuto 25 con el tanto de Habib Diarra, premio a un inicio intenso, agresivo, que desnudó las dudas belgas.
El golpe más duro, sin embargo, llegó al inicio de la segunda parte. Ismaïla Sarr, en estado de gracia durante este Mundial, firmó una de las joyas del torneo. Control perfecto con el pecho a un balón largo de Moussa Niakhaté y disparo seco, cruzado, imposible para Thibaut Courtois. Minuto 51, 2-0 y una sensación clara: Senegal mandaba en el marcador y en el alma del partido.
Era el cuarto gol de Sarr en el campeonato. Y, quizá, el más espectacular. Bélgica, mientras tanto, se descomponía. Hasta el punto de que Kevin De Bruyne y Jérémy Doku abandonaron el campo de forma sorprendente en el 56, cuando el equipo necesitaba creatividad y desborde. Una decisión que, en ese momento, sonó a rendición anticipada.
Lukaku enciende la mecha
Pero Bélgica tiene memoria de grande. Y tiene a Romelu Lukaku. El delantero, que había entrado desde el banquillo, apareció cuando el reloj ya corría en su contra. Minuto 86. Remate y gol. 2-1. Un destello que cambió el aire del estadio y el lenguaje corporal de ambos equipos.
El tanto de Lukaku no fue solo un gol. Fue un mensaje. Senegal dio un paso atrás, quizá instintivo, quizá por cansancio. Bélgica olió la sangre.
Tres minutos después, el partido estalló. Tielemans, que ya se había hecho dueño del centro del campo, encontró el espacio y el momento para firmar el 2-2 en el 89. En menos de cinco minutos, el 2-0 senegalés se había evaporado. El duelo se marchó a la prórroga con Bélgica lanzada y Senegal aturdida.
Prórroga, VAR y un penalti eterno
El tiempo extra se jugó con el guion clásico de una remontada: Bélgica, más entera física y mentalmente, empujando; Senegal, resistiendo como podía, aferrada a cada despeje y cada interrupción.
Cuando el reloj se acercaba al final de los 30 minutos adicionales, todo apuntaba a los penaltis. Entonces llegó la acción que cambió la noche. Lamine Camara derribó a Tielemans dentro del área en los últimos segundos de la prórroga. El árbitro dejó seguir inicialmente, pero la sala VAR llamó. Y el estadio se congeló.
Fueron varios minutos de revisión, de rostros tensos, de jugadores rodeando al colegiado a distancia prudente, de entrenadores sin pestañear en la banda. Al final, el gesto que esperaba Bélgica: penalti.
Tielemans tomó el balón. Sin De Bruyne en el campo, sin red de seguridad. Carrera corta, golpe seco, gol. 3-2 en el descuento de la prórroga. Bélgica, que se había visto fuera, se colocaba de nuevo entre las 16 mejores selecciones del mundo.
Bélgica vuelve a su hábitat: los cruces
Con esta victoria, Bélgica regresa a los octavos de final por tercera vez en las últimas cuatro ediciones del Mundial. Un territorio que conoce bien: cuartos en 2014, semifinalista en 2018. Solo el fiasco de la fase de grupos en Qatar rompió una década de continuidad en la élite.
Ahora, la selección belga viajará a Santa Clara, California, donde le espera la próxima semana un duelo ante Estados Unidos o Bosnia-Herzegovina. Un cruce que, visto lo visto ante Senegal, no se podrá leer solo desde la pizarra, sino desde el carácter.
Senegal se despide con orgullo
Para Senegal, la eliminación duele, pero no borra el camino. Llegó a los cruces como uno de los mejores terceros tras sobrevivir en un grupo durísimo con la dos veces campeona Francia y la Noruega de Erling Haaland. Compitió, se adelantó 2-0, exhibió talento y velocidad, y dejó una obra de arte de Sarr para los resúmenes del torneo.
Se marcha, eso sí, con la amarga sensación de haber tenido a Bélgica contra las cuerdas y no haber sabido cerrar la herida.
Bélgica, en cambio, sale reforzada de un abismo del que pocos regresan. Recupera épica, recupera fe, recupera peso competitivo. La pregunta ahora es simple y brutal: ¿ha sido esta remontada un chispazo aislado o el inicio de otra gran carrera mundialista?





