Logotipo completo Alargue Final

Iraola en Anfield: exigencias y cambios en Liverpool

Andoni Iraola apenas se sentó en la sala de prensa de Anfield y ya dejó claro el guion de su etapa en el banquillo de Liverpool: faltan jugadores, la plantilla es corta y el reto es mayúsculo. No hubo rodeos.

“Obviamente hemos fichado a dos jugadores ya, pero necesitamos más jugadores. Lo sabemos. El club está trabajando en ello”, subrayó el técnico vasco en su primera comparecencia como sucesor de Arne Slot.

Acostumbrado a exprimir recursos en Bournemouth, donde llevó a los Cherries hasta la sexta plaza de la Premier League, justo por detrás de Liverpool, Iraola se encuentra ahora ante un escenario muy distinto: más exigencia, más partidos, más ruido. Y menos tiempo.

“Como entrenador, egoístamente, queremos a los jugadores desde el primer día para trabajar desde la pretemporada. Pero sabemos que el fútbol no funciona así”, admitió. El mensaje, sin embargo, fue contundente: la maquinaria de fichajes tiene que acelerar.

Más partidos, más desgaste, más fondo de armario

En Bournemouth disputó 40 encuentros en todas las competiciones. En Liverpool, la cifra se disparará. Liga, copas, Europa. Semanas sin descanso real.

“Es un gran desafío para mí. Es un gran cambio. Aquí, la mayoría de las semanas no tendremos una semana limpia, tendremos partido entre semana, pero es una gran oportunidad”, explicó.

Ahí entra la palabra que repitió varias veces: plantilla.

“Es imposible afrontar una temporada así con 15 jugadores. Necesitas la plantilla”, advirtió. No habló de rotaciones como un concepto teórico, sino como una obligación de supervivencia. Con diciembre y enero en el horizonte, lo dijo sin edulcorantes: “Tenemos que estar preparados porque en una temporada tan dura habrá lesiones y situaciones. Tenemos que estar listos en profundidad de plantilla para afrontar las exigencias de la competición. Diciembre y enero. Esos meses son duros”.

Sin Ekitike ni Salah: un ataque por reconstruir

El escenario deportivo, a día de hoy, es áspero. Hugo Ekitike, el único jugador de Liverpool que alcanzó las dos cifras goleadoras en Premier League el curso pasado, no estará al inicio de la campaña. Mohamed Salah, máximo goleador histórico del club en la competición, ya es pasado.

“Tenemos que aceptar la situación difícil ahora mismo. Muchos jugadores veteranos se han ido, jugadores muy importantes. También algunos de los muy importantes están lesionados”, reconoció Iraola.

Y ahí llegó el listado que preocupa a cualquier aficionado: Ekitike, Conor Bradley y Geovanni Leoni, todos con lesiones de larga duración. Tres nombres que el técnico valora, pero que no podrá utilizar en mucho tiempo.

“Los tres jugadores, los adoro. Son soluciones a largo plazo, pero tenemos que intentar encontrar soluciones”, remarcó. No son solo ausencias; son huecos de peso en goles, minutos y jerarquía que el club debe cubrir en el mercado.

Su sello, sin concesiones

Entre tanta urgencia, Iraola sí dejó un punto innegociable: su identidad futbolística. Llegó a Liverpool precisamente por eso, por su fútbol agresivo, vertical, por su manera de morder los partidos.

“Iré a intentar ser el mismo entrenador. Entiendo que cometeré errores y diré cosas que no debería”, confesó, con una sinceridad poco habitual en una presentación. Pero no contempla disfrazarse para agradar.

“Tienes que ser tú mismo y lo intentaré. No puedo decirlo todo aquí; algunas cosas tienen que ser privadas. Pero con los jugadores, que tienen grandes personalidades y egos, intentaré no cambiar”.

Esa idea se traslada directamente al césped: presión alta, ritmo, partidos jugados lejos de su propia área. Un Liverpool que, si responde a lo que él dibuja, vivirá instalado en campo rival.

“Diferente”, no “mejor”

Iraola ha llegado escuchando, no arrasando. Ha hablado con jugadores, con el cuerpo técnico, ha tomado nota de lo que funcionaba y de lo que no. No vende una revolución, pero sí un matiz clave.

“He hablado con los jugadores, he hablado con el staff sobre las cosas que están funcionando bien, las cosas que podemos hacer diferente. No diría mejor, diría diferente”, puntualizó.

Su obsesión está clara: controlar los partidos desde campo contrario, incluso cuando el rival se encierra. “Tendremos muchas preguntas sobre cómo atacar bloques bajos”, anticipó, sabiendo bien qué le espera en la Premier cuando dirija a Liverpool.

Y ahí marcó su preferencia táctica: “Prefiero enfrentar bloques bajos porque así estaremos más en control de los partidos, probablemente concederemos menos ocasiones y pasaremos mucho tiempo en campo rival”.

No todos los rivales se entregarán a ese guion, avisó. Algunos querrán mandar, jugar en campo de Liverpool, discutirle la posesión y el territorio. Pero su brújula no se mueve: “Estoy deseando pasar el máximo tiempo posible dentro del campo rival, con balón y sin balón, porque siento que desde ahí estamos más cerca de marcar”.

Anfield, la conexión que lo cambia todo

En el trasfondo late otro objetivo: reconciliar a la grada con el equipo. Parte de la afición terminó cansada del fútbol de Slot, de la falta de chispa. Iraola sabe que en Anfield no basta con ganar; hay que emocionar.

“Me gustaría darles un equipo del que puedan sentirse orgullosos. El fútbol, especialmente en Liverpool, va de conectar con la gente”, afirmó.

Ya sabe lo que es sufrir Anfield desde el otro lado. “He estado en el lado contrario en Anfield, puedes sentir el estadio”, recordó. Ese ambiente es el que quiere de su parte cada fin de semana. Y no lo fía al escudo ni al pasado: lo exige del presente.

“Me encantaría tener esto en cada partido que juguemos. Tiene que venir de nosotros en el campo”, insistió.

Su receta para activar al estadio no tiene misterio, pero sí una exigencia brutal: “Tenemos que ser un equipo que trabaje duro, intenso y agresivo. Así todo el mundo podrá identificarse y sentirse cómodo apoyando a este equipo”.

Faltan fichajes, sobran incógnitas y el calendario no tendrá piedad. Iraola lo sabe. Y, aun así, se planta en Anfield con una idea fija: si Liverpool vuelve a rugir desde el césped, el resto del ruido se ordenará solo.