James Maddison: Resiliencia y renacer en Tottenham
La nueva temporada de The Football Interview arranca con una historia de resistencia. El sábado 22 de agosto, en BBC One, Kelly Somers se sienta frente a James Maddison, el cerebro de Tottenham Hotspur que ha pasado el último año entre rehabilitación, noches sin dormir y una casa llena de niños.
Cinco hijos de cuatro años o menos. Dos pares de gemelos. Una rotura de ligamento cruzado anterior. Y un futbolista que admite que ha vivido “el año más duro de su vida”.
Una lesión grave y una casa al límite
Maddison, de 29 años, se perdió prácticamente toda la temporada 2025-26 por la grave lesión de rodilla sufrida en agosto. Mientras él luchaba por volver a caminar sin dolor, su pareja daba a luz a su segundo par de gemelos. La casa se convirtió en un pequeño campo de batalla.
“Hemos estado en las trincheras”, admite. Entre sesiones de recuperación y revisiones médicas, el día a día se llenó de biberones, llantos y carreras por el pasillo.
“Necesitaba esa distracción positiva de que mi pareja estuviera embarazada y tener que estar ahí para ella y olvidarme de mí mismo, aunque yo estuviera pasando por una experiencia traumática con mi rodilla”, cuenta a Kelly Somers.
No idealiza nada. Lo describe como lo que es: agotador. “Muchos pañales volando, muchos accidentes en casa, pero merecerá la pena”, dice. Y, aun así, se le escapa una sonrisa: “Lo seguimos disfrutando. No lo cambiaría por nada del mundo”.
Cuando tu hijo cree que ya no juegas en Spurs
El precio de un año fuera del césped no solo se mide en partidos perdidos. También en recuerdos borrados. Su hijo mayor, Leo, llegó a pensar que su padre ya no jugaba en Tottenham.
“Me perdí un año de fútbol, y un año en la vida de un niño –de tres años y medio a cuatro años y medio– es obviamente enorme”, explica. “Ni siquiera podía recordar hace más de un año, cuando venía a todos los partidos”.
La imagen es potente: el futbolista internacional, en casa, con una máquina en la rodilla, viendo a su propio equipo por televisión mientras su hijo deja de asociarlo con el césped. Maddison quiere darle la vuelta cuanto antes.
“Estará bien que vuelva a los partidos y que recuerde a papá jugando, en lugar de solo papá sentado en casa viéndolo con una máquina en la rodilla”.
Un Tottenham al límite… y él, mirando desde el sofá
Mientras Maddison peleaba por doblar la rodilla, Tottenham sufría. El equipo aseguró la permanencia en la última jornada y terminó apenas dos puntos por encima del descenso. Para un futbolista creativo, obligado a verlo todo desde fuera, fue una tortura.
“Probablemente nos faltó un poco de creatividad y yo veía los partidos pensando: ‘¿qué estaría haciendo yo ahí?’”, reconoce. La sensación de impotencia le acompañó durante meses.
El ambiente en el Tottenham Hotspur Stadium se había enrarecido. Resultados pobres, nervios en la grada, dudas en el vestuario. Hasta que apareció una figura clave en esta historia: Roberto De Zerbi.
De Zerbi, vino, risas y un vestuario que vuelve a sentir
El técnico italiano aterrizó en marzo y, según Maddison, cambió primero el ánimo antes que la pizarra. “Es muy listo. Es muy táctico. Está obsesionado con el fútbol, se le nota”, describe el centrocampista.
Pero De Zerbi no llegó imponiendo un manual interminable. Llegó con algo más básico: recuperar el placer de jugar.
“Para ser sincero, cuando llegó, en comparación con la pretemporada y con lo que estamos entrenando ahora, no quiso hacerlo demasiado complicado. Solo quería que recuperáramos el amor por jugar al fútbol”.
La primera gran decisión del italiano no fue una alineación. Fue una cena de equipo. Sin restricciones. Sin caras largas.
Maddison revela que el técnico les lanzó un mensaje claro: “Vamos a beber alcohol todos, vamos a pasar una buena noche”. El objetivo era tan simple como potente: que los jugadores bajaran la guardia, que se vieran como personas antes que como piezas de un sistema.
“Quería que tuviéramos una noche en la que todos nos relajáramos”, explica Maddison. “Esa sensación que tuvimos hizo que todos nos sintiéramos más unidos, de inmediato”.
En el banquillo… en zapatillas
Otro gesto del italiano marcó a Maddison. Aún lesionado, sin estar listo para competir, De Zerbi decidió llevarlo al banquillo.
“Yo casi le dije: ‘todavía no estoy listo para jugar, míster’”, recuerda el mediocampista. La respuesta fue tajante. No se trataba de jugar.
El técnico le dijo que podía ir al banquillo “en zapatillas” si quería. Lo importante era que estuviera cerca del grupo, que formara parte del día a día. Maddison lo entendió como un mensaje enorme de confianza.
“Lo tomé como un gran cumplido y simplemente actué como si fuera parte del banquillo, parte del equipo”, cuenta. No asegura que eso fuera la clave, pero sí señala el resultado final: “No digo que fuera por eso, pero conseguimos alejarnos del peligro, y fue una buena sensación”.
El regreso y lo que viene
El 11 de mayo, frente a Leeds, Maddison volvió por fin a jugar. El año más duro empezaba a cerrarse sobre el césped. Desde entonces, el club no ha querido arriesgar en pretemporada, dosificando cada paso en su recuperación.
Él, sin embargo, mira hacia adelante con decisión. “Estoy trabajando muy duro para intentar estar totalmente en forma y disponible para la mayor parte de la temporada”, afirma.
Su deseo es simple, casi básico para cualquiera, pero enorme para alguien que ha pasado por una rotura de ligamento: “Quiero una temporada plenamente sana, en la que pueda simplemente disfrutar del fútbol”.
Y ahí aparece el James Maddison competitivo, el que se sabe diferencial cuando está bien: “Porque si estoy plenamente en forma y sano, sé de lo que soy capaz. Y sé que puedo influir en los partidos más que muchos jugadores en esta liga. Así que, esperemos que sea así”.
Entre pañales, máquinas de rehabilitación y cenas de vestuario, Maddison se prepara para volver a ser el que marcaba diferencias en la Premier League. La pregunta ya no es si su rodilla aguantará. Es cuánto puede cambiar el rostro de Tottenham cuando, por fin, vuelva a tenerlo a pleno rendimiento.






