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Joachim Klement y su modelo para predecir el Mundial 2026

En 2010, el mundo miraba a un pulpo. Hoy, mira a un economista.

Paul, el célebre pulpo que acertó todos los resultados de Alemania en el Mundial de Sudáfrica, fue coronado como oráculo planetario. Pero, silenciosamente, un alemán de carne y hueso ha ido construyendo un registro aún más inquietante: Joachim Klement, economista y estratega en el banco de inversión Panmure Liberum, lleva tres Mundiales seguidos acertando al campeón con un modelo estadístico propio.

Ahora, su pronóstico para 2026 es claro: si Países Bajos levanta el trofeo en julio, Klement firmará un 4 de 4 que desafía cualquier explicación racional.

Un modelo que no falla… de momento

Todo empezó casi como una broma académica. Klement, que se define a sí mismo como un “pesimista” y lleva una década viviendo en Reino Unido, no buscaba ni fama ni dinero fácil en las casas de apuestas. Quería, precisamente, lo contrario: demostrar lo absurdo que es creer que se puede predecir el futuro con precisión quirúrgica.

“Esto empezó como un ejercicio para mostrar al mundo la arrogancia de los economistas que piensan que pueden pronosticar cosas de las que en realidad no tienen ni idea”, explica. La ironía es brutal: el experimento que debía desmontar esa ilusión se ha convertido en un pequeño monstruo de expectativas.

En 2014, su modelo señaló a su Alemania natal como campeona. Acertó. En 2018, repitió el ejercicio esperando que el sistema se desmoronara. Señaló a Francia. Volvió a acertar. En 2022, la fórmula apuntó a Argentina. Tercer acierto consecutivo.

“Como he acertado tres veces seguidas, ahora la gente piensa que este modelo es imbatible y que obviamente también tendré que acertar la próxima vez”, admite, entre resignado y divertido.

Países Bajos, Inglaterra, Japón y Escocia en la ecuación

El modelo de Klement no solo escoge campeón. Dibuja un mapa completo del torneo de 48 selecciones. Y ahí aparecen algunos giros de guion que alimentan el morbo.

Según sus cálculos, Japón firmará una de las grandes sorpresas eliminando a Brasil en octavos de final. Escocia, en cambio, se quedaría otra vez atascada en la fase de grupos, sin billete para las rondas de eliminación directa.

Inglaterra, siempre bajo el microscopio mediático, avanzaría hasta semifinales. Ahí se cruzaría con Portugal, que la dejaría fuera, dos décadas después de aquel traumático adiós en 2006. El modelo no entra en el detalle de si habrá “penaltis, otra vez”, pero el eco emocional está servido.

Y en la cima del cuadro, Países Bajos. Si la Oranje termina campeona, la racha de Klement se estirará hasta lo casi inverosímil.

Entre la ciencia y el azar

El economista no vende magia. De hecho, se empeña en recordar los límites de su criatura. Su modelo se apoya en factores “sistémicos” conocidos: población, riqueza del país, clima, ranking FIFA, entre otros. Variables que, a largo plazo, tienden a inclinar la balanza.

Pero, para él, eso es solo la mitad del relato.

“La otra mitad es suerte”, subraya. Y ahí entra todo lo que ningún algoritmo puede domar: la forma del día, una decisión arbitral, un balón que pega en el poste y sale en lugar de entrar. En torneos de élite, con selecciones de calidad muy similar, esos detalles deciden campeones.

“Cosas así son completamente impredecibles”, remata. Su advertencia es clara: leer sus pronósticos con una pizca de escepticismo. O de sal, como él mismo sugiere.

Un escape en medio de un mundo en crisis

Cada cuatro años, cuando el Mundial asoma en el calendario, Klement se aparta un momento del ruido de los mercados, de las crisis y de los conflictos internacionales, y se sumerge en este ejercicio futbolero.

En 2026, con guerras, tensiones geopolíticas y una economía mundial en sobresalto, el modelo se ha convertido en algo más que un pasatiempo privado. Es un pequeño refugio. “Es algo que me hace sentir bien y, espero, que también haga sentir bien a los lectores y les dé un poco de distracción de todas las cosas malas que pasan en el mundo”, confiesa.

Cada nueva edición, su informe cuatrienal gana más atención. Y con cada acierto, el mito crece. Lo que nació como una sátira de la “hubris” económica, hoy es una cita obligada para aficionados, curiosos… y apostadores.

Presión en la oficina y una rodilla que inquieta

El éxito tiene un precio. En el despacho de Panmure Liberum, sus colegas ya no le preguntan solo por tipos de interés o previsiones de crecimiento. Quieren saber, por ejemplo, qué pasa con el modelo si Xavi Simons, centrocampista neerlandés del Tottenham, se rompe el ligamento cruzado anterior. Cómo afecta una lesión así a la probabilidad de que Países Bajos llegue hasta el final.

La escena es reveladora: economistas de inversión diseccionando el impacto de una rodilla en un algoritmo que, en teoría, nació para reírse de ese tipo de obsesiones.

Klement, pese a las advertencias que repite una y otra vez sobre la fragilidad de cualquier pronóstico, sabe que ya no hay vuelta atrás. El Mundial de 2026 arrancará en junio con algo más que selecciones cargando expectativas: también su modelo entrará al campo, observado, cuestionado, casi juzgado.

“Varios compañeros han apostado dinero a que Países Bajos gana el Mundial después de que publicara la nota”, admite. Y se permite una broma muy seria: “Si eliminan a Países Bajos del Mundial, creo que al día siguiente tendré que trabajar desde casa”.

Quizá ahí resida la verdadera esencia del fútbol moderno: un pulpo, un economista, un modelo estadístico y millones de personas dispuestas a creer que, esta vez, el futuro sí se puede adivinar. Hasta que el balón vuelva a dar en el poste.