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José Mourinho y su legado en el fútbol

José Mourinho no olvida. Ni perdona.

Mientras se prepara para su segunda etapa al frente del Real Madrid, el técnico portugués sigue teniendo una espina clavada: la final de la Europa League entre Roma y Sevilla. Un partido que, para él, merecería repetirse… pero con un cambio clave.

“Roma - Sevilla, final de Europa League. ¡Sin Anthony Taylor!”, confesó en el podcast Beast Mode On de Adebayo Akinfenwa cuando le pidieron elegir el único encuentro de su carrera al que le gustaría volver.

La herida de Budapest

Aquella noche, Sevilla volvió a coronarse como rey absoluto de la Europa League, esta vez desde el punto de penalti. Para Mourinho, en cambio, fue la primera derrota en una final europea. Y dolió. Mucho.

El técnico ya había cargado entonces contra el equipo arbitral, liderado por el colegiado inglés Anthony Taylor, al que reprochó decisiones clave en un partido tenso, áspero, jugado al límite. El tiempo ha pasado, los protagonistas han seguido sus caminos, pero la cicatriz sigue abierta. Él mismo lo admite: las emociones de ese día siguen a flor de piel.

El contraste con lo vivido un año antes en Tirana no puede ser mayor. Con la Roma levantó la primera edición de la Conference League, derrotando a Feyenoord y devolviendo un título grande a la capital italiana después de 11 años de espera. Ese éxito completó, además, un hito único: el triplete europeo como entrenador, con Champions League, UEFA Cup/Europa League y Conference League en su palmarés.

Roma, una ciudad desatada

Mourinho ha ganado en Portugal, Inglaterra, Italia y España. Ha dirigido en algunos de los escenarios más ruidosos del planeta. Y aun así, cuando le piden elegir un logro que le llene de manera especial, vuelve a Roma sin dudar.

“Cuando ganamos la Conference League en Roma, esa ciudad se volvió loca”, recordó.

La frase no es una exageración retórica: las imágenes de la celebración dieron la vuelta al continente. Calles colapsadas, balcones llenos, una marea giallorossa desbordada por un título que, en otros lugares, podría haberse considerado menor.

“Creo que hicimos por esa ciudad algo que los ganadores de Champions League no pueden hacer en otras ciudades”, explicó. Para él, la clave está en la relación casi visceral entre Roma y su club: “Roma es una ciudad donde la gente está realmente, realmente, realmente enamorada de ese club. Un club gigante con una pasión increíble. Absolutamente increíble”.

El técnico también subrayó que, en aquel momento, la Conference League no gozaba del respeto que empieza a tener ahora. “Cuando ganamos la Conference League era la primera temporada de la competición, no creo que Europa le estuviera dando el reconocimiento que le da ahora”, apuntó. Bastó el regreso a casa para entender el tamaño de lo conseguido: “Cuando llegamos a Roma y fuimos al desfile alrededor del Coliseo, del Circo Máximo, te das cuenta de lo que le diste a esa gente”.

Anfield, el infierno más ruidoso

Mourinho también abrió el baúl de sus recuerdos para hablar de estadios. Después de décadas en la élite, el portugués ha pisado casi todos los grandes templos del fútbol mundial. Pero cuando le preguntan por el campo más complicado como visitante, su respuesta sale disparada: Anfield.

El hogar del Liverpool, con su mítica atmósfera de noches europeas, se queda con el primer puesto en la lista del técnico. No sorprende: allí vivió batallas memorables con Chelsea y con otros banquillos, en un entorno que aprieta, intimida y no concede respiro.

El vestuario soñado en el Bernabéu

Ahora, el foco de Mourinho está de nuevo en Madrid. Ha firmado por tres años con el Real Madrid y se reencontrará con un vestuario que considera el mejor del mundo. Un grupo en el que ya le esperan Jude Bellingham, Kylian Mbappé y Vinícius Júnior, nombres que dibujan un escenario de poder casi desmesurado.

No es territorio desconocido para él. En su primera etapa en el Santiago Bernabéu, entre 2010 y 2013, conquistó La Liga y la Copa del Rey, rompiendo la hegemonía del mejor Barcelona de la era Guardiola y devolviendo al club blanco a un pulso competitivo feroz dentro y fuera de España.

Aquellos títulos siguen ocupando un lugar especial en su memoria, pero la manera en que habla de Roma revela algo distinto: allí no solo ganó un trofeo, encendió una ciudad.

Ahora, con el Real Madrid otra vez bajo su mando y un vestuario de superestrellas a su disposición, Mourinho persigue lo que siempre ha perseguido: más títulos, más noches grandes, más huellas imborrables en ciudades que viven por y para el fútbol.

La pregunta es sencilla y brutal: ¿será su segundo Madrid capaz de generar en la capital española la misma locura que desató en Roma?