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José Mourinho: de promesas a la misión del milagro

José Mourinho ya no habla de futuro. Habla de misión. Y de milagros.

Hace poco más de dos meses, el técnico había sido tajante: quería seguir en Benfica, respetar su contrato y hasta firmar dos años más “sin discutir una sola palabra”. Ese mensaje, lanzado el 1 de marzo, sonaba a compromiso total con el club de Lisboa.

Hoy el tono es otro.

Tras el empate del lunes ante Braga, Mourinho frenó en seco cuando le preguntaron si aquella promesa seguía en pie. “No. Porque el 1 de marzo es 1 de marzo, y la última semana del campeonato, las dos últimas semanas del campeonato, no son para pensar en el futuro, no son para pensar en contratos. Son para pensar en la misión que teníamos, que era hacer el milagro de acabar segundos”.

La palabra quedó flotando en el aire: milagro. Y el propio entrenador se encargó de subrayarla. “Cuando digo milagro, creo que entendéis lo que quiero decir por milagro”, añadió, dejando claro el peso que ha sentido en este tramo final de temporada.

Aislamiento voluntario

Mourinho explicó que, en cuanto el curso entró en su fase decisiva, se blindó. Nada de despachos, nada de negociaciones, nada de distracciones. Solo fútbol.

“Desde el momento en que entramos en esta fase final de la temporada, con estos partidos que decidían algo importante para el club, decidí que no quería escuchar a nadie, que quería estar, por así decirlo, aislado en mi espacio de trabajo”, afirmó.

Hay una fecha marcada en rojo: el sábado, ante Estoril. Ese será el último partido. A partir de ahí, se abre el capítulo que todos quieren leer. “Como dije hace un par de semanas, hay un partido contra Estoril el sábado, y creo que a partir del lunes podré responder a esa pregunta, la pregunta sobre mi futuro como entrenador y el futuro de Benfica”.

Hasta entonces, silencio. Al menos en lo que se refiere a su próximo destino.

Escudo para el vestuario

El técnico utilizó su comparecencia para proteger a los suyos. No habló de sistemas ni de errores individuales. Habló de personas.

“Es un grupo con el que me divertí mucho, un grupo al que siempre fui a entrenar feliz de estar con ellos. Siempre salí del entrenamiento feliz por haber trabajado con ellos. Es un buen grupo de hombres”, aseguró.

Sus palabras sonaron a despedida para muchos. Él lo negó con firmeza. “Cuando dices que sonaba a despedida, no suena a despedida en absoluto. Suena al respeto que les tengo y suena a una defensa preventiva, porque el fútbol tiene estas cosas, el fútbol es muchas veces muy ingrato, y que hoy se les critique me parece injusto”.

Recordó también el episodio tras el partido con Casa Pia, cuando les lanzó una crítica durísima que levantó polémica. No se arrepiente. “Cuando los critiqué después de Casa Pia, salió de mi corazón, salió de mi alma, fui muy criticado por ello, pero esa es mi naturaleza, mi naturaleza es intentar siempre ser justo con mis jugadores”.

El lunes tocaba lo contrario: ponerse delante de ellos y aguantar el golpe. “Hoy, el día en que se piensa que Benfica no va a acabar segundo, es el día en que tengo que apartarme y defenderlos porque creo que se lo merecen”.

Madrid en el aire, la decisión en su cabeza

El ruido exterior se llama Real Madrid. Los rumores han ido creciendo a medida que avanzaban las semanas. Mourinho no los alimenta, pero tampoco los disipa con un “me quedo”.

Cuando le preguntaron por qué se niega a aclarar nada sobre esos vínculos con el club blanco, respondió con la misma contundencia que muestra en la banda. “Por supuesto, me corresponde a mí dar esa respuesta. ¿Alguna vez me habéis visto esconder mis decisiones, mis responsabilidades? Ahora, nadie puede obligarme a decidir, mucho menos a comunicar decisiones, porque soy yo quien decide cuándo”.

Su prioridad, insiste, ha sido exprimir hasta el último día su trabajo en Lisboa. “En mi cabeza, desde que empezó a hablarse de posibilidades, solo he visto una cosa: trabajar y dar lo mejor de mí, y no voy a parar hasta el partido contra Estoril. Ese es el respeto que Benfica merece, ese es el respeto que mi profesión merece, y nadie debería tocar eso. A menos que algún idiota lo haga, pero en mi dignidad profesional, mi honestidad y mi respeto por un club como Benfica, nadie debería tocar eso. Por lo tanto, tengo derecho a permanecer aislado”.

Sobre los contactos con otros clubes, fue directo: “Sigo diciendo que no he hablado con nadie de otro club; ahora se habla de Real Madrid, pero podría ser cualquier otro club. No he hablado con nadie de ningún club. Pero desde el momento en que entramos en esta fase final de la temporada, creo que no tenía absolutamente ningún sentido hacer otra cosa que no fuera concentrarme en mi trabajo. A partir del domingo tendré esa oportunidad”.

Un ojo en el presente, otro en las sanciones

Mourinho, que conoce bien los códigos del fútbol portugués y sus comités disciplinarios, también dejó caer una última pincelada de ironía. No quiere cerrar la temporada fuera del banquillo por una sanción.

“Y voy a parar aquí porque no quiero empezar la próxima temporada castigado. He decidido parar aquí. Solo queda un partido, solo quedan ocho días, normalmente las suspensiones son de 20 días, 30 días, 40 días, cinco partidos, cuatro partidos, no sé qué”.

Entre el milagro que perseguía, el segundo puesto que se escapa y el futuro que todos quieren descifrar, Mourinho ha elegido su trinchera: el vestuario y el trabajo diario hasta el último minuto contra Estoril.

La siguiente decisión, la que marcará su próximo banquillo y el rumbo de Benfica, llegará después. Y esta vez no piensa compartirla antes de tiempo.

José Mourinho: de promesas a la misión del milagro