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Jude Bellingham, el motor imparable de Inglaterra

Inglaterra ha vuelto a encontrar en Jude Bellingham ese tipo de futbolista que cambia el pulso de un torneo. Titular desde el primer día en otra gran cita internacional, el centrocampista se ha adueñado del equipo a base de personalidad, goles y una influencia que se extiende a cada rincón del campo.

En el estreno, un 4-2 trabajado ante Croacia, Bellingham no se limitó a acompañar el juego. Lo dirigió. Fue el faro de una selección que, por momentos, se vio obligada a remar contracorriente. Y cuando el duelo ante Panamá se atascó, cuando el partido pedía a gritos alguien que rompiera el guion, fue él quien abrió el marcador en un encuentro mucho más exigente de lo que sugería el cartel.

Inglaterra necesitaba respuestas. Las encontró en su nueva columna vertebral: Bellingham y el capitán de récords, Harry Kane. Ambos vieron puerta en un vibrante triunfo en octavos de final ante México, en el mítico Azteca Stadium, escenario que agranda o empequeñece a cualquiera. A ellos los agigantó.

En ese cruce, Bellingham firmó un doblete relámpago en la primera parte que desató la euforia inglesa en la grada. Dos zarpazos, mismos gestos de desparpajo. Su carácter ha sido diseccionado una y otra vez, pero es precisamente esa confianza desbordante lo que ha convertido al chico de Birmingham en una superestrella global.

Danny Murphy, excentrocampista de la selección inglesa, lo ve con claridad. En declaraciones a GOAL, en un acto con BetWright, trazó el retrato de un futbolista poco común: “Es un futbolista maravilloso en cuanto a juego total, atletismo, capacidad técnica, condición física. Lo tiene todo, pero además tiene esa mentalidad y creencia en sí mismo que ves muy pocas veces en jugadores jóvenes cuando miras hacia atrás en los años. Quizá Stevie G, quizá Rooney, Michael Owen, ese tipo de nivel”.

Murphy no se muestra sorprendido por lo que está haciendo Bellingham. Ni un ápice. Recuerda que incluso en la Eurocopa 2024, cuando Inglaterra navegó a menudo a contracorriente, él fue el que se negó a bajar los brazos: “En los partidos en los que estuve, era el que intentaba que pasaran cosas: la chilena, el cabezazo en el primer encuentro para darnos la victoria”. Cuando el resto se encogía, Bellingham pedía la pelota.

Ahí radica la diferencia. El excentrocampista destaca en él algo que muy pocos tienen: ese equilibrio casi imposible entre un talento descomunal y una mentalidad feroz. Para Murphy, las dudas previas a su titularidad en este torneo rozan lo incomprensible. “Me parecía un poco de risa. No porque Rogers no sea un jugador brillante, sino porque los niveles de Bellingham están un peldaño por encima y lo ha demostrado en grandes torneos”.

Su impacto va mucho más allá de la selección. Murphy subraya un dato que coloca la carrera de Bellingham en otra dimensión: “Aunque quites el fútbol internacional, entrar en Madrid y hacer lo que hizo esa temporada es algo increíble”. El único freno, apunta, han sido las lesiones de este curso, que han rebajado levemente sus números, no su jerarquía.

La conclusión de Murphy es tajante: si Bellingham está sano, juega. Da igual el sistema, la posición exacta, la libreta del seleccionador. “Da igual dónde, porque está tan bendecido…”. Su aparente arrogancia, esa pose de “quién si no” que se hizo icónica en la Eurocopa, no le molesta al exjugador. Al contrario. Le fascina que esa confianza nunca contamine su rendimiento. No se esconde, no camina, no se borra.

Murphy traza un contraste con otras grandes figuras de la historia reciente. Recuerda a futbolistas que ganaban partidos por sí solos, pero que apenas se implicaban en la presión o el trabajo defensivo. Cita a Salah como ejemplo de delantero decisivo al que poco le preocupa defender, algo que su equipo acepta porque su producción ofensiva lo justifica todo. Bellingham, en cambio, abarca las dos mitades del campo con la misma intensidad.

“Es ambos”, viene a decir. El que aparece en el área rival para decidir y el que retrocede para cerrar líneas, presionar, morder. Por eso, para Murphy, ahora mismo “parece increíble”. Lo ve disfrutando, lo ve capaz de ganar partidos por sí mismo, lo ve como “un jugador fenomenal”.

Hay un mensaje final, casi un dardo, para quienes dudaron de él. Para los que cuestionaron si debía ser titular o incluso si tenía sentido llevarlo a esta cita. Murphy no se anda con rodeos: quienes escribieron que Bellingham debía quedarse en casa “deberían agachar la cabeza de vergüenza y pedir disculpas públicas”.

Bellingham, mientras tanto, sigue respondiendo donde más duele: en el marcador y en el juego. Con goles, con carácter, con esa mezcla de talento y convicción que Inglaterra llevaba años buscando. La pregunta ya no es si está preparado para liderar. La cuestión es cuánto más puede elevar el techo de una generación que, de pronto, vuelve a creer.