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Leonardo Bonucci y su decisión entre Guardiola y la Juventus

Leonardo Bonucci pudo cambiar su historia. Pudo vestir de azul celeste, sacar el balón desde atrás en el equipo que mejor representa esa idea y ponerse a las órdenes de Pep Guardiola en el Manchester City. Lo reconoce él mismo: estuvo “tentado”. Muy tentado. Pero no fue capaz de romper el cordón umbilical con la Juventus.

Retirado en 2024, hoy forma parte del cuerpo técnico de la Italia de Roberto Mancini, que prepara los partidos de Nations League ante Bélgica, Turkiye y Francia. Desde ese nuevo rol, con la distancia que da el tiempo, el excentral repasa el momento en el que su carrera estuvo a un paso de girar hacia la Premier League.

“Las temporadas 2014/15 y 2015/16 me permitieron alcanzar alturas increíbles en mi carrera”, recordó Bonucci en declaraciones a World Soccer Agency, recogidas por Sport Mediaset. “Jugué la final de Champions League contra el Barcelona en 2015 y, un año después, estuve en la Eurocopa, perdiendo contra Alemania en los penaltis después de marcarle a Manuel Neuer. Fue el inicio del verdadero despegue de mi carrera”.

Ese despegue tuvo un epicentro claro: la Juventus. Llegó en 2010 y su historia en Turín se alargó hasta 2023, con la única interrupción del curso 2017/18 en el Milan. Aun así, antes de aquella breve aventura rossonera, ya había tenido en la mesa una propuesta tan prestigiosa como difícil de rechazar: la del Manchester City de Guardiola.

El técnico catalán nunca ocultó su admiración por Bonucci, un central con pie de centrocampista creativo, ideal para iniciar el juego desde atrás. Y fue a por él.

“Por mi estilo de fútbol, el entrenador que mejor encaja y más aprecia la salida desde atrás es Guardiola. Me cortejó durante muchas semanas, y déjenme decirles que ser cortejado por Guardiola no es como cualquier otra experiencia”, confesó el exdefensa. “De verdad empiezas a tambalearte, y fue duro porque todo sucedía durante la Eurocopa, cuando tenía que estar concentrado. Incluso durante el torneo hubo conversaciones”.

La presión del City apretaba. La idea de la Premier League seducía. Pero el corazón tiraba en otra dirección.

“En lo que a mí respecta, la idea de dejar la Juventus me hacía daño en el corazón. Algunos días me decía: ‘oh, maravilloso, la Premier League y Guardiola’, pero al día siguiente recordaba que siempre había soñado con la Juventus”.

La Vecchia Signora, además, se aferró a él. El club resistió ofertas enormes y le trasladó un mensaje contundente: no se iría ni siquiera ante una propuesta “increíble”. En medio de todo, una situación personal delicadísima terminó de inclinar la balanza.

El hijo de Bonucci, Matteo, fue diagnosticado con una grave enfermedad con solo dos años. Aquello lo cambió todo.

“Después de la Eurocopa hablé con la Juve. La enfermedad de Matteo y el hecho de que yo no me sintiera al cien por cien con dejar la Juve, especialmente porque el club me dijo que no me vendería ni siquiera si llegaba una oferta increíble, hicieron que quedarse fuera una decisión normal”, explicó. “Trabajar con Guardiola me habría permitido adquirir aún más experiencia, técnica y táctica”.

El sueño táctico de Guardiola se quedó en eso, en un sueño. Bonucci siguió en Turín, se consolidó como uno de los pilares de una defensa histórica junto a Giorgio Chiellini y Andrea Barzagli, y firmó noches como la clasificación en el Camp Nou en 2017, cuando la Juventus dejó fuera al Barcelona en cuartos de final de Champions League.

Paradójicamente, su salida no llegó por un proyecto extranjero ni por un giro deportivo radical, sino por una fractura interna. En 2017, una famosa discusión con el entrenador Max Allegri rompió el equilibrio.

Bonucci se marchó al Milan. Un año. Un paréntesis. Y regreso a casa cuando el técnico dejó el banquillo bianconero.

“Había perdido el foco con lo que ocurrió en 2017. Estaba a punto de convertirme en un pilar de la Juventus, ese era el camino que estaba destinado a seguir”, admitió.

La historia de Bonucci y Guardiola nunca pasó de la fase de seducción. Pero dejó una huella clara: incluso uno de los símbolos recientes de la Juventus estuvo a un paso de cambiarlo todo. Y, aun así, eligió el peso del escudo antes que la promesa de un nuevo mundo futbolístico.