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Lesión de Jordy Bos y el impacto en los Socceroos contra Egipto

El golpe que nadie en Australia quería ver llegó justo antes del descanso. En el Dallas Stadium, el Round of 32 de los Socceroos contra Egipto quedó marcado por la imagen de Jordy Bos abandonando el césped en camilla, con un gesto de dolor que heló a todo el banquillo.

El lateral, uno de los motores del equipo de Tony Popovic, se desplomó agarrándose la rodilla tras un duro choque con Ramy Rabia. No hizo falta repetir muchas veces la acción para entender la gravedad del momento: Bos gritó, se llevó las manos a la pierna y el silencio se apoderó de los australianos mientras el cuerpo médico entraba a toda prisa.

La primera mitad se moría, pero el impacto emocional apenas empezaba. Sospecha de lesión de rodilla y cambio obligado en el descanso. Popovic no tuvo margen para especular: Kai Trewin saltó al campo para el segundo tiempo con la misión de ocupar el lugar del futbolista más influyente en la creación de juego.

Para un equipo que se apoya tanto en el empuje y la conducción de Bos, el golpe fue doble. Deportivo y anímico. En la banda, el cuerpo técnico mascaba rabia. Paul Okon, asistente de Popovic, no escondió su enfado con el arbitraje cuando habló en el entretiempo.

“Entrada terrible. Por lo que entendemos, el árbitro dio la ley de la ventaja, pero no volvió para amonestar al jugador”, lanzó en declaraciones a SBS. Directo, sin rodeos. “Sí, decepcionante, pero tenemos que seguir y ser mejores en la segunda parte”.

La herida no venía solo de la lesión. Egipto ya mandaba 1-0 al descanso gracias a un tanto tempranero a balón parado, otra espina clavada para el cuerpo técnico australiano. Okon fue igual de claro al analizar el gol encajado.

“Estamos decepcionados por regalar un gol barato en una jugada de estrategia. Normalmente, eso es un orgullo para nosotros”, admitió. “Creo que salimos un poco tarde. Quizá lo dejamos en posición legal, pero para nosotros se trata de mantener la pelota”.

Ahí estaba la hoja de ruta para la remontada. Posesión, paciencia, ritmo. “Cuando llegamos a cinco, seis, siete pases, empezamos a encontrar espacios entre líneas y, si podemos hacer eso mejor en la segunda parte, no tengo dudas de que vamos a crear más ocasiones para nosotros”, añadió Okon.

Sin Bos, el plan exigía carácter y precisión. La pérdida del hombre que rompe líneas obligaba a los Socceroos a reinventarse sobre la marcha, en un Round de eliminación directa y con el marcador en contra. El tipo de noche que define el temple de un grupo y, quizá, el rumbo de toda una campaña.