Lionel Messi busca un gol histórico contra Austria
Lionel Messi vuelve a ponerse frente al reloj de la historia. El lunes, en Dallas, el capitán de Argentina saldrá al campo contra Austria con una misión tan simple de explicar como gigantesca en su dimensión: marcar un gol y dejar atrás a Miroslav Klose como máximo artillero de todos los tiempos en los Mundiales. Uno más. El número 17.
Llega a la cita con 39 años a la vuelta de la esquina —cumple el miércoles— y con la marca de Klose ya alcanzada después del hat-trick en el 3-0 del debut ante Argelia. Tres goles, una noche que empezó con lágrimas y terminó con estadísticas para la posteridad.
La emoción de Messi tras el primer tanto ante Argelia no fue un simple desahogo competitivo. Después se supo que su padre se recupera de un problema de salud no especificado. El contexto personal es delicado, el físico también: arrastró una lesión en el isquiotibial en la previa del torneo. Y, sin embargo, en cuanto pisa el césped, todo se ordena alrededor de él.
Su sola presencia sigue siendo un ancla emocional para el vestuario campeón del mundo. Alexis Mac Allister lo resumió sin rodeos tras el estreno: “Si alguien pensó que este grupo estaba mejor sin Leo, hoy quedó claro que Leo es el más importante de todos”. No hacía falta más análisis. El equipo gira en torno a él, incluso cuando no está al cien por cien.
Argentina sabe que el duelo ante Austria vale mucho más que un récord. Una victoria la mete matemáticamente en la siguiente ronda y, si Jordania no consigue derrotar a Argelia en el otro partido del día en el Grupo J, también le aseguraría el primer puesto. El guion es claro: ganar, asegurar el futuro inmediato y dejar que Messi escriba otra línea en un libro que parecía completo hace tiempo.
Mbappé, partido 100 y la caza del récord
En otro punto del mapa y del relato, Kylian Mbappé también corre detrás de la misma cifra mágica. El francés alcanzará los 100 partidos con su selección cuando Francia se mida a Irak en Filadelfia, una noche que él mismo definió como especial.
“No hay nada más grande —cien es una cifra histórica, y tener la oportunidad de llegar a ese número aquí, en un Mundial, significa que será un partido especial para mí”, dijo el domingo ante los medios. Palabras de un jugador que, con 27 años, ya comparte el segundo escalón de la tabla de goleadores mundialistas con una leyenda como Gerd Müller: 14 tantos, tras el doblete en el 3-1 del debut frente a Senegal en el Grupo I.
Francia, subcampeona en 2022 tras caer por penales ante Argentina, encara a Irak con la expectativa lógica de sellar el billete a octavos. El rival es, sobre el papel, inferior, pero el partido llega con un matiz inesperado: la amenaza de tormentas eléctricas en Filadelfia que podrían interrumpir el juego. El clima, como tantas veces en los Mundiales, dispuesto a meterse en la historia.
El grupo también mira de reojo a Noruega. Con Erling Haaland como estandarte —doblete en el 4-1 ante Irak en el estreno—, los nórdicos saben que un triunfo ante Senegal en New Jersey, combinado con una victoria francesa frente a Irak, les daría también el pase a la siguiente fase. Dos gigantes del gol, Mbappé y Haaland, avanzando en paralelo hacia los cruces… y hacia Klose.
España reacciona y Lamine Yamal vuelve a encender la chispa
El domingo trajo una respuesta contundente desde el Grupo H. España, cuestionada tras el 0-0 inicial frente a Cabo Verde, se desató con un 4-0 sobre Arabia Saudí que cambió el tono de la conversación. De la duda a la autoridad en 90 minutos.
La noche tuvo un protagonista simbólico: Lamine Yamal. El talento del Barcelona, que no había sido titular en los últimos dos meses por una lesión en el isquiotibial, abrió el marcador en su primera aparición de inicio en este Mundial. Gol y alivio. Para él, para su selección y para un país que había pasado del entusiasmo a la crítica en apenas un partido.
Después llegó el turno de Mikel Oyarzabal, que firmó un doblete para cerrar cualquier resquicio al suspense. El cuarto tanto, un autogol de Hassan al-Tambakti, redondeó la goleada y dejó a España en la cima del grupo con cuatro puntos en dos jornadas.
Luis de la Fuente no escondió que el ruido exterior había calado en el vestuario. “Cuando alguien cuestiona tu trabajo, es humano que cualquiera con coraje y orgullo reaccione para demostrar que se equivoca”, apuntó el seleccionador. El equipo respondió donde cuenta: en el marcador.
Cabo Verde sueña despierto
En el mismo grupo, Cabo Verde volvió a desafiar los pronósticos. Después de frenar a España en el debut, los mundialistas novatos se llevaron un empate 2-2 ante Uruguay en un partido vibrante en Miami. No fue un accidente, sino la confirmación de que han llegado a este torneo para algo más que hacer acto de presencia.
Su técnico, Bubista, lo dijo sin rodeos tras el encuentro: su equipo se permite soñar con los octavos de final, un escenario impensable antes de que rodara el balón. “Queremos mostrarle al mundo entero que estamos en condiciones de pelear por la clasificación, y creo que eso es lo que demostramos en el partido de hoy”, explicó.
Cada punto cuenta, pero en el caso de Cabo Verde, cada noche también construye identidad. De selección desconocida a protagonista inesperada en apenas dos jornadas.
Bélgica se atasca e Irán deja un mensaje
En el Grupo G, la historia transcurre por un carril mucho menos alegre para Bélgica. Otra noche sin victoria, esta vez con un 0-0 ante Irán en Los Ángeles, mantiene a los Red Devils en una especie de limbo competitivo. Dos empates —el primero ante Egipto—, un futbolista menos sobre el césped al final del partido y la sensación de que el equipo no encuentra la llave para abrir defensas ordenadas.
Irán, firme y disciplinada, resistió el empuje belga y se llevó un punto que vale algo más que una simple anotación en la tabla. La selección compite en el Mundial mientras su país y Estados Unidos negocian el fin de su guerra, un telón de fondo que se coló inevitablemente en la narrativa del encuentro.
Tras el partido, el vestuario iraní en Los Angeles Stadium quedó vacío de jugadores, pero lleno de significado. En una hoja manuscrita, la delegación dejó un mensaje: “Que la paz, el respeto y la amistad prevalezcan entre todas las naciones”. También agradecieron la hospitalidad de la ciudad y el apoyo de los aficionados iraníes durante los 180 minutos disputados en el torneo.
“Vinimos a Los Ángeles con orgullo, competimos con honor y nos vamos con dignidad”, se leía en la nota. Fútbol y contexto, mezclados en una frase.
Mientras Messi persigue su gol 17 y Mbappé se acerca a pasos largos, el Mundial se abre en múltiples frentes: selecciones que reaccionan, otras que se enredan y algunas, como Cabo Verde o Irán, que aprovechan el escaparate para dejar algo más que un resultado. La pregunta es quién seguirá escribiendo historia cuando las luces de Dallas, Filadelfia y Miami se apaguen y el torneo entre en su zona más cruel: la del todo o nada.





