Liverpool enfrenta desafíos tras las salidas de Salah y Robertson
El nuevo Liverpool de Arne Slot nace con un problema tan evidente como incómodo: se marcha medio esqueleto ganador de la Premier League y no hay margen para equivocarse en el relevo. Las despedidas en Anfield han sido emotivas, pero también despiadadas. Se va experiencia. Se va gol. Se va jerarquía.
Andy Robertson, uno de los símbolos de la era reciente, ya ha dicho adiós al público del estadio. Mohamed Salah, el ‘Egyptian King’, prepara también su salida de Merseyside tras dejar 257 goles y una huella que va mucho más allá de las estadísticas. Lo suyo no es un simple cambio de cromos: es un vacío en el costado derecho que condiciona todo el mercado del club.
Y no es el único frente abierto. Ibrahima Konaté se acerca a la agencia libre, mientras en el centro del campo nombres como Dominik Szoboszlai, Curtis Jones y Alexis Mac Allister aparecen en las conversaciones sobre posibles salidas. Incluso Alisson, el guardián brasileño de la portería, ha sido mencionado en los rumores. El bloque que peleó por títulos se resquebraja y la dirección deportiva no puede limitarse a contemplarlo.
La gran pregunta es clara: ¿Liverpool irá a por un sustituto inmediato del nivel de Salah o apostará por una transición más larga, casi generacional, en la banda derecha?
Se han barajado varios candidatos para ocupar ese flanco, con la opción de fichar ahora un “puente” y atacar más adelante nombres de la talla del extremo de Bayern Munich, Olise, o la estrella de Paris Saint-Germain, Kvaratskhelia. En conversación con GOAL, en asociación con ToonieBet, John Arne Riise puso el foco en el equilibrio entre ambición y realidad económica.
El noruego recordó que el club ya hizo un gran esfuerzo el verano pasado: se gastó mucho, quizá demasiado para repetir una ofensiva similar de inmediato. Su lectura es que las incorporaciones de la última ventana deben rendir mejor la próxima temporada, crecer paso a paso dentro del sistema de Slot, y no ser enterradas por una nueva oleada de fichajes.
Riise no esconde que los grandes nombres mencionados habrían sido “increíbles” para Liverpool, pero pone un matiz clave: no se sabe cuánto margen real de inversión tiene el club ni si está dispuesto a “ir a lo grande” otra vez para encontrar piezas que encajen de verdad en la idea de juego del nuevo técnico. El dinero manda, pero el sistema también.
Detrás del debate económico asoma otro tema incómodo: el rendimiento. El ex lateral zurdo apunta directamente a la autocrítica del vestuario. Hay jugadores que esta temporada han estado muy lejos de su mejor versión. No por falta de talento, sino por exceso de confort. Cuando sientes que tu puesto no corre peligro, la intensidad baja medio punto. Y en un club como Liverpool, medio punto es la diferencia entre pelear por la liga o ver cómo se escapa en marzo.
El discurso es claro: se señala al entrenador, pero los futbolistas saben cuándo no han estado a la altura. Y algunos, dice Riise, tienen que dar un paso al frente el próximo curso si no quieren que la revolución les pase por encima.
En medio de ese escenario de cambios, una de las pocas notas positivas del final de la temporada 2025-26 ha sido un chico de 17 años: Rio Ngumoha. Dos goles con el primer equipo a esa edad no se olvidan fácilmente en Anfield. Su irrupción ha alimentado una idea tentadora: ¿puede ser él parte de la respuesta al adiós de Salah?
La tentación es grande. La prudencia, también. Preguntado por si el joven está listo para asumir esa responsabilidad o si sería mejor una cesión, Riise lo ve claro: Ngumoha debe quedarse en Liverpool. Necesita una gran pretemporada, empaparse del trabajo diario con Slot y ganarse minutos de manera progresiva.
El plan que dibuja el ex jugador es ambicioso pero medido. Más titularidades el próximo curso, más minutos, más exigencia física. Pero sin quemarlo. Con 17 años, el cuerpo no está preparado para jugar cada semana a máxima intensidad. Y la cabeza, menos aún, para sostener la montaña rusa de rendimiento que implica ser referencia ofensiva en un club de este tamaño.
Ngumoha, para Riise, todavía no es un fijo indiscutible. No puede serlo. Le falta tiempo, músculo, colmillo competitivo. Tendrá más oportunidades, jugará partidos más largos, irá creciendo dentro del equipo. Lo que no puede, al menos hoy, es ocupar el trono de Salah desde el primer día.
Liverpool necesita otra pieza para ese rol. Un futbolista capaz de asumir la carga de goles, la responsabilidad en los momentos calientes y el peso simbólico de suceder a uno de los grandes atacantes de la historia reciente del club. Ngumoha puede acompañar ese proceso, incluso acelerarlo desde la segunda línea. Pero la camiseta que deja Mo Salah no se rellena con promesas: se gana con hechos.
El verano en Anfield no será un simple ajuste. Será una prueba de carácter para la directiva, para Slot y para un vestuario que debe decidir si su ciclo se cierra… o se reinventa a tiempo.






