Logotipo completo Alargue Final

Lucas Herrington brilla en la Premier League con Hull City

Hull City llevaba 52 años esperando una noche así. Lucas Herrington, apenas 18 años y el único australiano en la élite inglesa, necesitó solo media hora para empezar a escribir su propia historia.

El joven defensor debutó en la Premier League en la sorprendente victoria 2-0 de Hull sobre un Manchester United pesado, previsible, muy lejos del gigante temible de otras épocas. Entró en la segunda parte para proteger una ventaja impensada y no falló en nada. Ni un paso en falso.

Un Hull condenado… que no se lo creyó

El equipo de Yorkshire arrancó la temporada señalado como candidato casi seguro al descenso. Sobre el césped no se vio nada de eso. Ordenado, agresivo en las jugadas a balón parado y con una defensa que se creció con el paso de los minutos, Hull desarmó a un United plano, lento en la elaboración y torpe en los metros finales.

El golpe inicial llegó pronto. En el minuto 17, un córner mal defendido por el equipo de Michael Carrick dejó el balón suelto en el área y el central Semi Ajayi apareció para abrir el marcador. Primer aviso serio: Hull no había vuelto a la máxima categoría para hacer turismo.

United no reaccionó. El ritmo siguió siendo espeso, las combinaciones previsibles. Hull olió la debilidad y apretó. La presión tuvo premio a balón parado otra vez. En el 38, Regan Slater ejecutó con precisión una falta lateral y Nobel Mendy, el otro central, se adelantó a todos para cabecear con clase el 2-0. El estadio explotó. El gigante estaba tambaleando.

El momento de Herrington

Mendy, fichado el mismo día que Herrington a principios de mes y elegido para ser titular por delante del australiano, firmó el segundo gol pero no pudo terminar el partido. En el 64 se lesionó y ahí se abrió la puerta que el joven llevaba años esperando.

Triple cambio de Hull. Entre ellos, Lucas Herrington, procedente de Colorado Rapids y convertido en el fichaje récord para un futbolista australiano, con un traspaso de 33 millones de dólares australianos. De golpe, responsabilidad máxima: media hora para cerrar una victoria histórica ante Manchester United.

Con 18 años y 351 días, se convirtió en el primer adolescente australiano en jugar en la Premier League desde Harry Kewell y en el tercer australiano más joven en estrenarse en la máxima categoría inglesa. Las etiquetas pesan. Él no lo mostró.

Frialdad en el ojo del huracán

United intentó reaccionar a base de centros, ataques espesos, mucha voluntad y poca claridad. Herrington, plantado en el corazón de la zaga, respondió con la serenidad que le ha dado fama entre los ojeadores.

Solo nueve toques en todo el tramo final, pero todos limpios, todos con sentido. Colocación firme, sin entrar en el caos que proponía un United desesperado. Cada despeje, cada pase, reforzaba la sensación de que el chico no estaba de paso: parecía cómodo en un escenario que devora a muchos veteranos.

Hull aguantó, cerró líneas y fue apagando, minuto a minuto, cualquier esperanza de remontada. El 2-0 no se movió. La noche terminó con una imagen potente: un adolescente australiano celebrando sobre el césped una victoria liguera ante Manchester United que el club no saboreaba desde hacía más de medio siglo.

Lo que viene

El técnico bosnio de Hull, Sergej Jakirovic, admitió después que Semi Ajayi, Nobel Mendy y el capitán Lewis Coyle deberán ser evaluados por sus problemas físicos en las próximas 24 horas. Si el parte médico no es benévolo, el camino se abre todavía más para Herrington.

El defensor apunta ahora al duelo de League Cup del miércoles por la mañana (AEST) ante Stoke, en campo de un equipo de Championship. Y, si convence otra vez, asoma también la posibilidad de repetir en el próximo partido de liga, una cita enorme ante Coventry, otro recién ascendido que arrancó el curso con un duro 3-0 encajado en casa del campeón Arsenal.

Hull ha mandado un mensaje a toda la Premier. Herrington también. La pregunta ya no es si el chico está preparado para este nivel, sino cuánto tiempo tardará en convertirse en pieza fija en la defensa de un equipo que, de repente, ya no acepta el papel de víctima.