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Melvine Malard brilla en su debut con el Chelsea

El Chelsea necesitaba un respiro. Y lo encontró en el banquillo. Melvine Malard saltó al césped y, en apenas unos minutos, convirtió un partido enredado en una victoria sólida ante Birmingham City en la Women’s Super League. Gol en su debut liguero con el club y tres puntos que valen algo más que una simple estadística.

Un arranque arrollador… sin premio suficiente

El equipo de Sonia Bompastor salió desatado en Stamford Bridge. Presión alta, ritmo feroz y Birmingham encerrado en su área desde el primer minuto. El premio llegó muy pronto.

En el minuto 8, el acoso se transformó en ventaja: Alyssa Thompson inventó un taconazo inteligente dentro del área, Sophie Baggaley rechazó como pudo y el balón quedó suelto. Lexi Potter apareció con decisión y fusiló a la escuadra para el 1-0. Un inicio perfecto, casi de manual.

Durante los siguientes 20 minutos, el Chelsea convirtió el área rival en un campo de pruebas. Llegadas constantes, centros laterales, disparos desde la frontal. Parecía cuestión de tiempo que cayera el segundo.

Thompson recibió un saque de banda rápido y se plantó sola ante Baggaley, pero la guardameta ganó el mano a mano. Poco después, Sjoeke Nüsken se elevó en el corazón del área y cabeceó al larguero tras un centro de la estadounidense. El estadio olía a goleada. El marcador, no.

El guion se tuerce

La incapacidad para ampliar la ventaja empezó a pasar factura. El Chelsea siguió dominando, pero cada ocasión desperdiciada abría una pequeña rendija a la duda. Y Birmingham la aprovechó para crecer.

Tras el descanso, el partido cambió de tono. Thompson volvió a quedarse sola ante la portera, esta vez cerca de la hora de juego. Dudó. Ese segundo de vacilación permitió a Neve Herron recuperar terreno y meter una entrada desesperada dentro del área. El contacto fue evidente, la acción, al límite. No hubo penalti. Y el 2-0 siguió sin llegar.

Con el marcador aún 1-0, Birmingham empezó a creer. El equipo visitante adelantó líneas, se soltó con el balón y encontró espacios que antes no existían.

La ocasión más clara llegó cuando Lily Crosthwaite colgó un centro tenso al segundo palo. Wilma Leidhammar se lanzó al suelo y conectó el remate que todo delantero quiere en esa zona. Pero Hannah Hampton respondió firme y evitó el empate con una parada clave.

El aviso no quedó ahí. La suplente Suzu Amano rozó el gol en dos acciones casi consecutivas, encendiendo las alarmas en el banquillo local. El recuerdo del tropiezo en la primera jornada ante Aston Villa, con 35 disparos y solo un gol, planeó de nuevo sobre el estadio.

Malard, instinto y calma

Cuando el partido pedía una futbolista con colmillo, apareció Malard. La delantera francesa, que regresaba en plena forma tras sus problemas físicos, necesitó muy poco para justificar su entrada.

Un balón aparentemente inofensivo hacia atrás de Millie Turner se convirtió en un regalo envenenado. Malard leyó la jugada antes que nadie, olió el error, se coló entre la central y Baggaley y tocó lo justo para marcar el 2-0. Un gesto rápido, frío, de auténtica nueve.

Con ese gol, la tensión se evaporó. El Chelsea cerró el partido y evitó el castigo que tantas veces acompaña a la falta de pegada. El estadio respiró; Bompastor también.

La vieja preocupación de Bompastor… y una posible respuesta

La entrenadora del Chelsea lleva tiempo repitiendo el mismo mensaje: su equipo genera mucho, pero no siempre transforma ese volumen en goles. Sucedió contra Aston Villa en el estreno liguero, con un solo tanto pese a la avalancha de ocasiones y dos puntos que se escaparon. Ante Manchester United, el 5-0 pareció espantar los fantasmas.

Contra Birmingham, la historia volvió a asomar. Dominio, ocasiones claras, malas decisiones en los metros finales y remates blandos o precipitados. Thompson aporta desborde, profundidad y desequilibrio, pero no es una rematadora pura, y sus dudas cara a puerta costaron caro durante buena parte del encuentro.

Ahí entra Malard. La delantera francesa no ha firmado aún cifras descomunales en Inglaterra, pero su impacto es evidente: tres goles en solo 62 minutos repartidos en dos apariciones desde el banquillo. Poco tiempo, mucha eficacia.

No necesita diez toques ni grandes espacios. Le basta un error rival, un rebote, una mala cesión. Tiene ese instinto de área que no se entrena y que puede marcar la diferencia en una carrera por el título donde cada punto pesa.

Si el Chelsea quiere que su dominio se traduzca de forma constante en victorias, la respuesta puede estar ya en casa, celebrando goles desde el banquillo y llamando a la puerta de la titularidad. ¿Cuánto tardará Bompastor en darle las llaves del ataque a Melvine Malard?