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El triste capítulo final de Lionel Messi en un Mundial marcado por el anti-fútbol de Argentina

Un final amargo para Messi en el Mundial

Mientras los jugadores de España celebraban con júbilo tras el gol de Ferran Torres, Lionel Messi ajustaba sus medias sin mostrar la rabia que tantas veces ha exhibido en su carrera. Parecía simplemente exhausto. Su tercer final de Mundial se convirtió en un esfuerzo mínimo bajo el sol de New Jersey, donde su participación fue casi testimonial en la derrota 1-0 ante España en el MetLife Stadium.

Quizá esa sea la explicación para su desempeño: cualquiera con dignidad querría mantenerse al margen de lo que mostró Argentina, un equipo que dio una imagen lamentable.

La paradoja del fútbol argentino

El fútbol argentino siempre ha sido una mezcla fascinante y confusa, capaz de encantar y desagradar por igual. Su historia está llena de mitos y leyendas que han definido su identidad futbolística. Messi representa la culminación de ese fútbol bello que muchos imaginan, pero los argentinos sostienen que su versión más auténtica es la que nació en la cultura popular, desde los tiempos del River Plate de los años 40 hasta la era dorada de Diego Maradona.

Un ejemplo emblemático es el equipo argentino que ganó la Copa América en 1957, liderado por una delantera brillante y descarada, apodada "la nuestra". Este estilo libre y ofensivo convivía con un toque de picardía y astucia, lo que dio pie a momentos polémicos como el famoso gol de la mano de Maradona en 1986.

Algunos equipos argentinos destacaron por su dureza, como el Estudiantes de fines de los 60, que dejó huella por su juego físico y sus encuentros tensos con clubes europeos. Las dos primeras conquistas mundiales de Argentina reflejaron esta dualidad: Menotti apostó por el talento y la expresión individual en 1978, mientras que Bilardo llevó un enfoque más pragmático en 1986 y 1990, en esta última edición protagonizando una final recordada por su rudeza y poca estética.

El ocaso de una época brillante

Esta lucha constante entre lo angelical y lo oscuro ha impulsado al fútbol argentino, con altibajos. La década pasada trajo varias decepciones, pero con la llegada de los 2020s y la cuenta regresiva para Messi, el equipo encontró un nuevo rumbo bajo la dirección de Lionel Scaloni.

Tras reconstruir el plantel después del fracaso de Rusia 2018, Argentina volvió a brillar, ganando la Copa América 2021 y luego la Copa América 2024. En el Mundial de Estados Unidos 2026, Messi sorprendió con seis goles en fase de grupos, incluyendo un hat-trick contra Argelia, y logró momentos mágicos, como su gol en octavos contra Cabo Verde y el crucial empate en octavos frente a Egipto.

Pero en las etapas finales, el desafío europeo fue más duro. La semifinal contra Inglaterra y la final frente a España mostraron a un equipo que optó por tácticas menos limpias, buscando obstaculizar el juego rival. El árbitro permitió muchas faltas, y Argentina abusó de ellas, en especial en la final, donde jugadores como Alexis Mac Allister y Leandro Paredes rozaron la expulsión por acciones duras.

Un cierre poco digno

Argentina no ofreció un fútbol atractivo para compensar su dureza. La frustración creció cuando Enzo Fernández fue expulsado y el equipo bajó aún más su nivel. Tras el pitazo final, se produjo una pelea cuando Nahuel Molina agredió a Rodri, el mejor jugador del torneo, quien se llevó el reconocimiento que quizá Messi merecía.

A pesar de todo, Messi intentó mantener su clase hasta el último momento, con pases precisos y tiros potentes, pero al final hasta él cayó en las provocaciones, reclamando al árbitro por actitudes del rival. Fue un reflejo del estado desesperado del equipo.

La celebración española confirmó que esta final no será recordada con cariño. Tal vez sea mejor así, porque difícilmente alguien quiera asociar a Messi con un equipo que intentó ganar a toda costa con métodos dudosos. Eso no empaña su legado, pero sí entristece ver cómo terminó una era que había ofrecido tanto fútbol hermoso.