Mundial: Inglaterra, Escocia y el avance hacia octavos
El Mundial avanza hacia su tercera jornada de grupos y la sensación es clara: los gigantes ya no imponen como antes, las selecciones medianas se han plantado… y los márgenes se han vuelto mínimos.
Bellingham pide calma tras el frenazo ante Ghana
Inglaterra salió de Boston con un 0-0 ante Ghana que supo a poco y dejó un poso incómodo: la clasificación matemática para octavos tendrá que esperar. El mejor del partido, Jude Bellingham, eligió rebajar el ruido. Habló de “second game fever”, esa especie de bloqueo que persigue a los ingleses en el segundo duelo de los grandes torneos desde la Euro 2020, y lanzó un mensaje al vestuario: hay que “roll with it”, aceptar el bache y aprender.
El dato le da la razón: cuarto empate consecutivo de Inglaterra en el segundo encuentro de una gran cita. El sábado, ante Panamá, el grupo de Thomas Tuchel necesita algo más que control y posesión. Necesita un reset competitivo y, sobre todo, gol.
Harry Kane, señalado por la ocasión fallada en el tramo final, tampoco se escondió. El capitán admitió que “nueve de cada diez veces” esa pelota acaba dentro, pero se negó a dramatizar ni a alimentar el discurso de la “dependencia” de su figura. Para él, es la vida del delantero: a veces entra todo, a veces el balón decide rebotar en el lado equivocado.
El cuerpo de Inglaterra acusa el esfuerzo
El empate dejó también un peaje físico. Declan Rice abandonó el Boston Stadium con la pierna vendada y será evaluado antes del choque con Panamá. La BBC apunta a que no hay preocupación a largo plazo, aunque no se descarta descanso. Reece James, recién salido de problemas en el Chelsea, también pasará por revisión médica pese a completar los 90 minutos frente a Ghana.
Rice, además, camina sobre una cuerda disciplinaria: vio la primera amarilla inglesa del torneo por una falta sobre Jerome Opoku y, si repite tarjeta ante Panamá, se perdería el hipotético duelo de octavos. El reglamento es claro: dos amarillas en la fase de grupos suponen un partido de sanción; las cartulinas se limpian al cierre de esa fase.
Como si faltara ruido, desde Paraguay ha llegado un conflicto inesperado. La federación paraguaya ha presentado una queja formal a la FIFA por la acción de Bellingham tapándose la boca mientras hablaba con Jordan Ayew. Reclaman un criterio uniforme tras la expulsión de Miguel Almirón por un gesto similar ante Turkiye, primera roja mostrada bajo la nueva norma que castiga ocultar la boca en una confrontación. La FIFA sostiene que, en el caso del inglés, se trató de una conversación amistosa sin rastro de hostilidad, y por eso no se actuó.
Eberechi Eze, uno de los centrocampistas que mejor ha leído el torneo, insistió en que el punto ante Ghana no altera el plan. Inglaterra, líder del Grupo L, tiene la clasificación prácticamente encarrilada y sellará el primer puesto si mejora el resultado ghanés frente a Croacia. El mensaje interno es sencillo: no caer en picos de euforia ni en pozos de pesimismo.
Ronaldo se reengancha, Portugal respira
Mientras Inglaterra se mira al espejo, en otro rincón del Mundial un veterano decidió recordar quién es. Cristiano Ronaldo firmó un doblete en el 5-0 de Portugal sobre Uzbekistán y proclamó que está “de vuelta”. El eco de sus palabras dividió opiniones, pero dentro del vestuario luso el alivio es evidente.
Bruno Fernandes, asistente en el segundo tanto de su capitán, lo dejó claro: para Portugal, tener a Ronaldo marcando en un Mundial sigue siendo una garantía. Después de su flojo estreno ante DR Congo, el debate sobre su titularidad había ganado volumen. La goleada lo apaga, al menos por ahora, antes del cierre del Grupo K frente a Colombia en Miami.
Escocia, Brasil y una noche que puede cambiar una historia
En Miami, el Mundial se tiñe de azul marino. La Tartan Army ha tomado la ciudad, de la playa a los bares, a golpe de gaitas, kilts y cerveza. Escocia se juega ante Brasil algo más que un billete: la posibilidad real de romper, por fin, el techo de cristal de la fase de grupos.
El panorama es tan simple como brutal. Si Escocia vence a la pentacampeona, estará en octavos y podría incluso liderar el grupo si Marruecos tropieza con Haití. Un empate, casi con total seguridad, también les clasificaría como una de las mejores terceras con cuatro puntos. Incluso una derrota ajustada mantendría opciones: con tres puntos y un -1 en la diferencia de goles, los escoceses se aferrarían a los precedentes de otros torneos, donde ese registro ha bastado para colarse entre los mejores terceros.
La realidad, sin embargo, no invita a relajarse. El sufrido 1-0 a Haití y la derrota por 1-0 ante Marruecos dejaron dudas profundas. Escocia no puede permitirse otro arranque como el vivido ante los norteafricanos, encajando el gol decisivo de Ismael Saibari a los 70 segundos. Brasil, que ya ha encontrado ritmo con su 3-0 a Haití, no suele perdonar.
Carlo Ancelotti lo sabe. El técnico italiano, al mando de la ‘Canarinha’, advirtió del peligro escocés: un equipo “de calidad”, “bien organizado” y lleno de “luchadores” como Scott McTominay o John McGinn. No es cortesía vacía: Brasil ha sufrido más de una vez ante selecciones de ese perfil. Los antecedentes, eso sí, no sonríen a Escocia, que nunca ha derrotado a los sudamericanos en sus duelos mundialistas de 1974, 1982, 1990 y 1998.
Para añadir un giro más al guion, Neymar podría tener ante Escocia su primera aparición en este Mundial. Superado un problema en el gemelo, Ancelotti confirmó que el astro está “disponible”, en buena forma física y anímica, y listo para jugar desde media parte hasta los 90 minutos si es necesario. La mala noticia para Brasil es la baja de Raphinha, lesionado en el isquiotibial ante Haití.
La FIFA ha programado el Brasil–Escocia y el Marruecos–Haití a la misma hora, un recuerdo directo de la “Desgracia de Gijón” de 1982, cuando Alemania Occidental y Austria fueron acusadas de pactar un 1-0 que dejó fuera a Argelia. Evitar cualquier sospecha es prioridad… aunque el torneo vive en tensión con el clima: el Francia–Irak ya sufrió un parón por tormenta que alargó el partido casi cuatro horas y ha abierto el debate sobre qué ocurriría si un retraso obliga a desincronizar duelos decisivos.
México cumple, Alemania aprieta, el cuadro se dibuja
Mientras los focos apuntan a Inglaterra y Escocia, el resto del mapa se va ordenando. México, anfitriona, ya tiene el billete a la siguiente ronda y cerrará el Grupo A ante Czechia con la tranquilidad de los deberes hechos, mientras Sudáfrica y Corea del Sur se juegan el otro pase directo.
En el Grupo B, Canadá se mide a Suiza y Bosnia y Herzegovina busca ante Qatar su primera victoria en un Mundial, en un duelo donde el ganador tendrá pie y medio en la siguiente fase. Alemania, ya clasificada, se niega a levantar el pie: Nadiem Amiri aseguró que el choque ante Ecuador se afrontará “como una final”, por respeto a la competición y al resto de selecciones que dependen de ese resultado.
Argentina, por su parte, llega al último partido del Grupo J con el trabajo hecho. Con el primer puesto asegurado y Lionel Messi lanzado hacia la Bota de Oro con cinco goles en dos encuentros, Lionel Scaloni no contempla dejarle fuera ante Jordania en Dallas. El plan pasa por dosificarlo —al menos 45 minutos— sin cortarle el ritmo, mientras rota el resto del once y espera recuperar a Cristian Romero para los cruces.
Estados Unidos aguanta el susto… y espera a Pulisic
En territorio estadounidense, el Mundial convive con la naturaleza. Un terremoto de magnitud preliminar 5,6 sacudió el condado de Mendocino, en California, a poco más de 24 horas del duelo decisivo de Estados Unidos ante Turkiye en Los Ángeles. El temblor se sintió hasta Sacramento, pero el Centro Nacional de Alerta de Tsunamis descartó riesgos mayores.
En lo estrictamente futbolístico, la noticia para el combinado de Mauricio Pochettino es más amable: Christian Pulisic, ausente en la victoria ante Australia por un golpe sufrido frente a Paraguay, respondió con un rotundo “yes” cuando le preguntaron si estaría disponible contra Turkiye. Estados Unidos ya está clasificada; los turcos, eliminados.
Suecia se recompone tras el golpe
En Dallas, Suecia vive su propio vaivén emocional. De un estreno arrollador con una manita a Túnez a encajar un 5-1 doloroso frente a Países Bajos. En el centro de la diana, el capitán Isak Hien, señalado por tres de los goles encajados.
Graham Potter, sin embargo, se plantó. El seleccionador sueco defendió con firmeza a su central, al que sigue viendo como líder indiscutible. Rechazó el “juego de culpas” y asumió que, si alguien merece críticas, es él. La derrota ha dejado cicatrices en un grupo muy expuesto a las redes sociales, pero Potter insiste en la idea de equipo: se gana y se pierde juntos. Japón espera en Houston en un duelo que medirá la capacidad de reacción de los nórdicos.
Aficiones ejemplares y precios desorbitados
Fuera del césped, las gradas también cuentan su propia historia. La policía británica ha elogiado de forma contundente el comportamiento de los hinchas de Inglaterra en Estados Unidos. Unos 30.000 aficionados viajaron a Boston para el empate ante Ghana sin que se registrara un solo incidente ni detenciones. El ambiente, según el jefe de policía Mark Roberts, fue “ejemplar”, una continuidad de lo visto en Dallas. Lo mismo ocurre con los seguidores escoceses, muy bien valorados por los negocios y las autoridades locales tras su paso por Boston y ahora por Miami Beach.
No todo son buenas noticias para el aficionado. Gordon Brown, ex primer ministro británico, ha cargado con dureza contra los precios de las entradas del Mundial, que considera “extorsivos”. Reclama una investigación formal y denuncia que muchas familias quedan directamente expulsadas del espectáculo por el coste, especialmente de la final, que multiplica por varias decenas el precio de la última Eurocopa en Alemania.
Inglaterra y Escocia, rumbo de colisión
Mientras los cálculos se multiplican, una posibilidad empieza a tomar forma en los cuadros de octavos: un Inglaterra–Escocia en Ciudad de México el 6 de julio. Hoy, los ingleses lideran el Grupo L y los escoceses son terceros en el C. Si ambos confirman sus posiciones, el clásico británico se mudará al corazón de México para un cruce de eliminación directa con más historia que cualquier estadística.
Claro que, para que ese escenario cobre vida, falta lo más difícil. Inglaterra debe sellar con autoridad su pase ante Panamá. Escocia, sobrevivir a Brasil sin derrumbarse. El Mundial, de momento, se encarga de recordarles a todos la misma verdad: aquí nadie regala nada.






