Neymar se despide de Brasil entre lágrimas tras la eliminación
Neymar se despide de Brasil entre lágrimas tras el adiós más temprano desde 1990
La carrera de Neymar con la selección de Brasil terminó donde empezó: en el MetLife Stadium de New Jersey. Entonces era un chico que irrumpía con descaro en un amistoso ante Estados Unidos en agosto de 2010. Catorce años después, se marchó hecho un símbolo roto, de rodillas sobre el césped, llorando tras una eliminación que dolerá durante años.
Brasil cayó 2-1 ante Noruega en los octavos de final del Mundial, castigado por dos goles de Erling Haaland y condenado a su peor despedida mundialista desde 1990. El tanto de Neymar, de penalti en el tramo final, solo maquilló el marcador. No cambió la historia. Sí marcó el final de la suya con la Canarinha.
“Lo intenté, lo intenté. Ahora se acabó”, declaró a Globo, todavía con la voz quebrada. “Empecé aquí, terminé aquí”.
Un adiós con récords y cicatrices
Neymar se marcha con cifras que lo colocan en la cima de la historia de la selección brasileña. Cierra su etapa internacional como máximo goleador de Brasil con 80 tantos, tres más que Pelé. Solo Cafu, con 142 partidos, lo supera en número de apariciones; el delantero se queda en 130.
Su gol en el descuento ante Noruega lo convirtió, además, en el segundo brasileño que marca en cuatro Mundiales, un club reservado hasta ahora únicamente a Pelé. Estadísticas de leyenda que contrastan con un final amargo, marcado por lesiones, frustraciones y la sensación de que el desenlace quedó muy lejos de los sueños que acompañaron su debut.
El penalti transformado en New Jersey fue un consuelo mínimo. Una última celebración contenida, casi silenciosa, antes de que el pitido final lo derrumbara sobre el césped. Sus compañeros corrieron a levantarlo, pero el mensaje ya estaba decidido. Neymar no volverá a vestir la camiseta de Brasil.
Brasil se estrella y Ancelotti habla de “nuevo ciclo”
La derrota ante Noruega dejó a un vestuario hundido y a un país en shock. Una selección acostumbrada a medir sus Mundiales por títulos o, al menos, por semifinales, se marcha en octavos y con más preguntas que respuestas.
Carlo Ancelotti, serio, reconoció el golpe y apuntó directamente al futuro. Habló de un “nuevo ciclo”, de la necesidad de refrescar ideas y de transformar la decepción en combustible.
“Seguimos haciendo nuestro trabajo y buscando nuevas ideas. Es lo mismo que hicimos este año”, explicó. “Es una experiencia para mí, es un resultado muy decepcionante y todos estamos muy tristes”.
El técnico defendió a su grupo. “Fue un gran grupo y tengo que agradecer a mis jugadores, trabajaron muy duro. No creo que mereciéramos perder, pero tenemos que aceptarlo. Eso es el fútbol, eso es el deporte. A veces hay que gestionar la tristeza y el sabor amargo de una derrota”.
Ancelotti no escondió que está acostumbrado a noches duras, pero dejó claro que esta servirá de punto de partida: “Vamos a tomar esta derrota y usarla como combustible para el nuevo ciclo. Todos están profundamente tristes, como los aficionados. Es normal sentir esto, pero lo que tenemos que hacer es reaccionar de la manera correcta”.
El vacío que deja Neymar
Con la retirada de Neymar, Brasil pierde a su máximo goleador histórico y a una figura que, durante más de una década, cargó con el peso simbólico del “10” de la selección. También se libera de una dependencia que, en los últimos años, convivió con sus problemas físicos y con la sensación de fragilidad cada vez que el equipo lo necesitaba en las grandes citas.
Su legado se escribe entre cifras gigantescas y finales inconclusos. No levantó el Mundial que el país le exigía casi como obligación, pero marcó una era, arrastró defensas, cambió partidos y dejó una colección de noches inolvidables. Ahora, el reto para Brasil es doble: reconstruirse tras el golpe y aprender a vivir sin el futbolista que monopolizó el protagonismo de la última década.
El MetLife Stadium fue testigo del nacimiento y del ocaso internacional de Neymar. La pregunta, desde hoy, ya no es qué más podía darle a la selección, sino quién se atreverá a ocupar el vacío que deja su adiós.






