Nottingham Forest se deja dos puntos en Portman Road
Nottingham Forest se marchó de Portman Road con la misma sensación que le persigue toda la temporada: dominio, ocasiones, datos que respaldan el plan… y un marcador que no se mueve al mismo ritmo. Otro partido, otro muro. Esta vez, un 1-1 ante Ipswich que sabe a poco, muy poco.
El equipo de Oliver Glasner generó 2,31 goles esperados, tiró 17 veces por solo 7 de los locales y, sin embargo, solo pudo celebrar el gol de Neco Williams en la primera parte. Un castigo severo para tanta producción ofensiva. Un patrón que ya es tendencia.
Forest golpea primero… y se castiga solo
El arranque fue de manual visitante ambicioso. Con viento a favor, literalmente y en el juego, Forest se plantó en campo rival desde el minuto uno. Jair Cunha avisó pronto, obligando a Christian Walton a intervenir con un disparo potente a los seis minutos. Era el preludio de lo que venía.
A los 13 minutos, llegó el premio. Daniel Muñoz puso un centro magnífico al segundo palo y Neco Williams apareció desde atrás para barrer la pelota a la red. Un gol que hacía justicia al guion del encuentro y que parecía abrir una noche plácida para los de Glasner.
Forest olió sangre. A la media hora, solo una combinación de la punta de la bota de Walton y un despeje sobre la línea evitó el 0-2 tras una acción en la que Morgan Gibbs-White también apareció en el área pequeña. El dominio era claro, Ipswich apenas podía salir.
Y, de repente, el golpe en la mandíbula.
Nikola Milenkovic quiso jugar hacia atrás, hacia Matz Sels, y se equivocó de forma grosera. El pase quedó corto, Julio Enciso olió el regalo, atacó la pelota y definió con calma para firmar el 1-1 en el minuto 41. Gol totalmente contra la corriente del partido. Forest se había disparado en el pie.
La jugada polémica que incendia a Forest
Nada más volver del descanso, el partido se encendió de verdad. James McAtee encaró, atacó el espacio y fue derribado por Issa Diop cuando se iba directo hacia portería. El árbitro Thomas Bramall señaló falta, pero la cuestión era el color de la tarjeta.
El VAR le mandó al monitor. El estadio contuvo el aliento. Tras revisar, Bramall explicó: falta del dorsal 6 de Ipswich, pero amarilla porque el balón iba hacia el lado derecho de la portería. Nada de roja por ocasión manifiesta.
En el banquillo de Forest, incredulidad. En la banda, Glasner no se mordió la lengua después: “Se sintió durante el partido que era roja clara. Creo que fue la decisión equivocada”, afirmó. La sensación en el entorno visitante era de agravio, de oportunidad perdida para jugar casi toda la segunda parte con un hombre más.
Hasta el exentrenador de Forest, Steve Cooper, analizando la acción en televisión, apuntó a un error de base: el árbitro, dijo, ni siquiera había señalado de inicio la falta que todo el mundo vio. Sobre la roja, admitió que dividiría opiniones, pero dejó claro que cualquier equipo en el lado sancionado se sentiría perjudicado.
Un asedio sin premio
Lejos de hundirse por el golpe del empate y la decisión arbitral, Forest apretó el acelerador. El segundo tiempo fue un monólogo visitante.
Leif Davis se convirtió en héroe local por partida doble. Primero, salvó bajo palos un remate de Dan Ndoye que ya se cantaba como gol. Era la segunda vez en el partido que el lateral de Ipswich aparecía sobre la línea para mantener vivo a su equipo. Dos intervenciones que valen un punto.
Liam Delap, ante su antiguo club, tuvo la noche en sus botas… y en su cabeza. A los 74 minutos, tras un despeje fallido de Abdoul Ouattara, se encontró con un cabezazo franco dentro del área. La mandó por encima del larguero. Poco después, soltó un disparo brutal desde unos 30 metros que se marchó rozando el poste. Dos acciones que resumen el drama de Forest en esta Premier League: se genera, se llega, se amenaza, pero no se remata.
Para colmo, Neco Williams, el goleador de la noche, se marchó con una preocupante lesión en el brazo en el tramo final. Otro golpe anímico para un equipo que ya arrastra demasiadas frustraciones.
Callum Hudson-Odoi también tuvo la suya. Recibió, encaró, armó el disparo y cruzó demasiado. Otra ocasión que se fue, otra mueca de impotencia. En la última gran acción del partido, el recién entrado Jack Clarke probó suerte para Ipswich, pero su disparo se perdió desviado. El empate quedó sellado.
Datos que delatan un problema serio
Los números son implacables. Ningún equipo ha rendido tan por debajo de sus datos de goles esperados como Nottingham Forest esta temporada. Solo seis goles marcados a partir de 13,4 goles esperados. Es casi la mitad de lo que deberían llevar según la calidad de sus ocasiones.
El balance en la tabla lo refleja: una sola victoria en ocho jornadas. Demasiado poco para un equipo que, por juego, no se parece en nada a un conjunto hundido.
Morgan Gibbs-White lo reconoció sin rodeos ante las cámaras: el equipo entrena el remate, las sensaciones en las sesiones son buenas, las actuaciones en los partidos también, pero la pelota se niega a entrar con la frecuencia que el juego reclama. El misterio del gol se ha instalado en el vestuario.
Glasner, por su parte, se aferra a la parte llena del vaso. Destacó la reacción tras el descanso, la capacidad de someter a Ipswich en su propio campo y el espíritu del grupo. Insiste en que, si el nivel de rendimiento se mantiene, los goles acabarán llegando. La paciencia, sin embargo, tiene un límite cuando la clasificación aprieta.
Ipswich resiste y suma como un veterano
Para Ipswich, la lectura es distinta. Sin brillar, sin mandar en el juego, el equipo de Gary O'Neil volvió a competir como un bloque maduro, acostumbrado a sufrir. El punto tiene valor doble: por el desarrollo del partido y por lo que significa en su regreso a la élite.
Con este empate, Ipswich ya suma en Portman Road los mismos puntos en la Premier League que logró en toda la campaña 2024/25 como local: siete. La comparación habla del salto competitivo del equipo.
O'Neil no se engaña. Sabe que la pelea por la permanencia será larga y áspera. Pero también sabe que partidos como este, en los que el rival domina y aun así no te tumba, construyen carácter. “Queremos un segundo año en la Premier League”, recordó, consciente de que cada punto ante equipos teóricamente superiores acerca ese objetivo.
Mientras Ipswich celebra haber sabido aguantar el chaparrón, Forest se marcha rumiando otra noche en la que lo hizo casi todo bien… salvo lo único que de verdad decide en el fútbol: mandar la pelota dentro. ¿Cuánto tiempo más podrá sostenerse este nivel de juego sin que el marcador, por fin, se ponga de su lado?





