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Un nuevo tono de gris en St James’ Park

Como grito de guerra para inaugurar una era dorada, “soy bastante optimista” no va a pasar a la historia. No es “pregunta qué puedes hacer por tu país”, ni mucho menos un “creo que soy un special one” al estilo del protagonista del último documental de Netflix. La presentación de Matthias Jaissle como nuevo técnico de Newcastle tampoco encajó con la previa incendiaria que había vendido el ejecutivo principal del club, que prometía “fuego” y “una estrella del rock” ante los periodistas. Visto el verano de turbulencias en Tyneside, el tono sobrio resultó casi inevitable.

Las expectativas del Toon Army ya no son las de aquella noche en la que los geordies descorcharon latas de cerveza, se pusieron pañuelos en la cabeza y celebraron la marcha de Mike Ashley y la llegada del consorcio sostenido por los petrodólares del Public Investment Fund de Arabia Saudí. Entonces se fantaseaba con un futuro en el que Lionel Messi cortaba el césped y vendía las empanadas. La realidad ha sido bastante más prosaica.

De la euforia al matiz

Según a quién se escuche, el hecho de que Newcastle aún no haya levantado la Premier League ni la “Bigger Cup” se debe a unas autoridades serviles rendidas ante el odiado “cartel rojo”, o a que aquel día de júbilo desatado fue, simplemente, una gigantesca sobredosis de ilusión. La verdad, como casi siempre, se sitúa en algún punto intermedio.

La última temporada de Eddie Howe dejó un rastro de errores. Los fichajes que llegaron con el sello oficioso de “here we go” se quedaron muy lejos del nivel esperado. Aun así, cuesta discutir que la etapa de Howe fue, en términos generales, un buen ciclo: un trofeo real en las vitrinas y dos participaciones en la “Bigger Cup” devolvieron al club a escenarios que parecían olvidados.

Lo que no ha hecho la conexión saudí es pavimentar St James’ Park con oro negro. Convertirse en juguete de un actor geopolítico de primer nivel tiene trampa: la geopolítica no se detiene para ver fútbol. Los estados del Golfo tienen varios frentes abiertos y los intereses del fondo van mucho más allá de un club situado a 3.000 millas de Riad.

Un nuevo ciclo, menos brillo y más dudas

El cambio de fase ya está en marcha. Anthony Gordon, Sandro Tonali y Bruno Guimarães se han marchado. Tres salidas que, para muchos, apuntan a un supuesto desinterés saudí. Sin embargo, la llegada de Jaissle procedente de Al-Ahli, otro club dentro de la cartera del PIF, sugiere que las manos siguen firmes sobre el timón, aunque el rumbo sea menos ostentoso.

En su presentación, el veredicto fue claro: el alemán habló bien. Muy bien, según algunos. Él mismo relató, casi con ternura, cómo él y sus asistentes se quedaron mirando el estadio por primera vez: “nos mirábamos con sonrisas y la piel de gallina”, confesó. Entre la emoción, dejó espacio para la realidad: reconoció un “vacío” evidente tras la venta de esos activos clave. Ni rastro, eso sí, de las supuestas explosiones en la banda que muchos perfiles habían pronosticado.

Jaissle también se ajustó a una costumbre reciente ya muy asentada en el club: estrechar la mano, uno a uno, de todos los periodistas que serán sus futuros interrogadores. ¿Detalle de clase? ¿Movimiento de poder? Cada cual que lo interprete. Lo cierto es que el adiós de Howe y la pérdida de esos nombres pesados devuelven a Newcastle a un estado de transición que, durante años, fue su paisaje natural.

La cuestión ya no es si el club puede comprar el siguiente gran nombre del mercado. La pregunta es otra: cuánto durará la calma medida de Jaissle en un entorno que vive al borde de la ansiedad permanente. Y, sobre todo, hasta cuándo alcanzará ese optimismo moderado para sostener a una grada que ya ha probado, aunque fuera por un momento, el sabor de soñar a lo grande.