Odegaard impulsa el ataque del Arsenal en la Community Shield
Martin Odegaard se deslizó entre las sombras del área, apareció solo, sentó a Gianluigi Donnarumma y firmó la sentencia del Arsenal. Apenas habían pasado dos minutos de la segunda parte de la Community Shield en Cardiff cuando el noruego puso el 3-0. El marcador ya no se movería. El mensaje, sí.
El capitán volvió a levantar un trofeo con el Arsenal, esta vez sin necesidad de un fichaje galáctico en ataque ni de un nuevo héroe de verano. El plan de Mikel Arteta, por ahora, pasa por recuperar al mejor Odegaard.
El peso de un capitán que jugó a medias
Conviene recordar el contexto. Odegaard, 27 años, ya tiene su lugar reservado en la historia del club: fue el capitán que alzó la Premier League en mayo, cerrando una espera de 22 años. Pero, a nivel individual, la temporada fue mucho menos gloriosa.
Problemas en la rodilla, molestias en el hombro, ritmo interrumpido. Solo 16 titularidades en Liga. Un gol en 36 partidos oficiales. Demasiado poco para el cerebro del equipo campeón.
Las dudas no tardaron en llegar. Se pidió sitio para Eberechi Eze. Se habló de que el brazalete debía pasar al brazo de Declan Rice. La narrativa empezó a girar en su contra.
Arteta, tras la Community Shield, puso las cosas en su sitio: «Se perdió cinco o seis meses por diferentes cosas y fue extremadamente difícil para él coger cualquier tipo de impulso. Estoy seguro de que este año, si podemos mantenerle en forma, disponible y con los jugadores adecuados a su alrededor, vamos a ver a un Martin muy diferente».
El propio Odegaard no escondió la dureza del curso pasado: «El año pasado fue una lucha muy grande, con muchos momentos difíciles. Lo peor para un futbolista es no estar en el campo. Tuve bastantes lesiones raras y mala suerte… Después de la temporada, perderse tantos partidos es realmente frustrante, pero lo he usado como motivación para volver más fuerte».
Un verano sin estrella… y con solución interna
El mercado ha ido cerrando puertas al Arsenal. Morgan Rogers no llegó. Vinicius Jr tampoco. El club sigue buscando ese extremo zurdo de élite que lleva años en la lista de deseos, pero las opciones atractivas se han ido evaporando a medida que avanzaba el verano. A día de hoy, nadie sabe muy bien quién puede ser ese “statement signing” que rompa el mercado en el Emirates.
Mientras tanto, la realidad es otra: el cambio más transformador para este ataque no está en una oficina de fichajes, sino en la sala de fisioterapia y en el césped. Se llama Martin Odegaard, en plenitud física.
El noruego entra en los dos últimos años de su contrato. Cada partido cuenta. No solo para el Arsenal, también para él, que se juega probablemente el último gran contrato largo de su carrera. Y lo está afrontando como tal.
Señales claras en Cardiff
La jugada del 3-0 ante Manchester City fue el fotograma perfecto, pero no la única pista. Odegaard mandó en el partido. Su centro bombeado provocó el segundo gol. Fue el punto de apoyo constante de un Arsenal que, por momentos, desarboló al campeón.
La diferencia con el curso pasado fue evidente. Entonces se le veía corto de chispa, un punto lento, reacio al choque tras encadenar recaídas. En Cardiff, el guion cambió: ganó cinco de sus siete duelos y nadie sobre el césped realizó más recuperaciones de balón. Volvió a morder.
Odegaard llega lanzado desde el Mundial, donde solo Michael Olise dio más asistencias que él. Después de esa cita, se tomó tres semanas de descanso con su esposa y su hijo antes de regresar a la pretemporada. Desconexión, familia, y luego trabajo.
El propio jugador lo resume con sencillez: terminó la temporada con un título, firmó un buen Mundial, descansó y ahora se siente bien. Y se nota.
Arteta lo percibió desde el primer día de vuelta: «Desde el primer día que se reincorporó sentí que tenía algo más en el estómago, algo que quiere demostrar porque el equipo también lo necesita».
Más socios, más balón, más filo
Odegaard solo disputó sus primeros minutos de pretemporada hace poco más de una semana. Media hora ante Borussia Dortmund le bastó para dejar dos pases filtrados que rompieron líneas. Un aviso de lo que puede venir.
Con Bruno Guimaraes añadido a la plantilla, el Arsenal gana calidad técnica en la base de la jugada. Más pases verticales, más balones entre líneas, más escenarios para que el noruego reciba de cara y desmonte defensas con un toque.
El título liguero del año pasado se construyó desde atrás: solidez defensiva, sin un nueve de élite y con unos extremos irregulares. Pese a todo, alcanzó para coronarse. Ese es el listón.
Ahora, sin un fichaje rutilante en ataque, la mejora pasa por exprimir a los que ya están. Bukayo Saka es el ejemplo evidente: Arteta asegura que ha dejado atrás sus problemas en el tendón de Aquiles y se espera un escalón más en su producción. En la izquierda, Christos Tzolis ya ofrece sensaciones de mejora respecto a lo que había.
En medio de todo, Odegaard es el interruptor. Cuando está al máximo, eleva un escalón a todos los de arriba.
El techo del Arsenal pasa por sus botas
Las cifras lo respaldan. En la Premier League 2022/23 firmó 15 goles y 7 asistencias. Un año más tarde, 8 goles y 11 asistencias. Producción de jugador franquicia. Después llegó un problema de tobillo y, con él, el corte brusco de su ritmo. Desde entonces, las lesiones se convirtieron en un hilo conductor incómodo. Nunca llegó a encadenar la continuidad necesaria.
La Community Shield apunta a un punto de giro. No solo por el gol, sino por la sensación de que vuelve a ser dominante físicamente y determinante en los metros finales.
Arsenal ya sabe que puede ganar una Liga con Odegaard como capitán. La pregunta que se abre ahora es otra: con este Odegaard, sano, agresivo y rodeado de más calidad, hasta dónde puede llegar el campeón sin necesidad de ese fichaje soñado en ataque.






