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Ouahbi critica al árbitro y destaca la reacción de Marruecos

El vestuario marroquí salió del partido con Francia con una sensación doble: orgullo por la reacción, rabia por el primer gol encajado. En el centro de esa mezcla emocional, una jugada concreta. Y un nombre: Facundo Tello.

Nada más acabar el encuentro, el seleccionador Ouahbi apuntó directamente al colegiado argentino por validar el tanto inaugural de los franceses. Para él, la acción que acaba en el remate implacable de Mbappé nace de una infracción clara de Adrien Rabiot.

Según el técnico, el centrocampista francés tocó el balón con la mano antes de que este quedara suelto y terminara en los pies de Mbappé, que no perdonó ante la portería marroquí. Esa secuencia cambió el guion del duelo.

Hablando para beIN Sports, Ouahbi describió la jugada como un balón dividido en el que varios jugadores se frenaron al ver lo que interpretaron como mano. Subrayó que, para él, sí hubo mano de Rabiot, aunque admitió no saber si debía haberse señalado o no en ese contexto. Entre la indignación y la prudencia, dejó claro que la sensación en el campo fue de desconcierto.

La polémica, sin embargo, no le impidió reconocer la jerarquía del rival. Ouahbi se negó a refugiarse solo en el arbitraje y destacó la enorme calidad de Francia, una selección que les hizo sufrir especialmente en la primera parte. Ahí emergió la figura de Bounou, clave al detener un penalti que mantuvo vivo al equipo cuando peor lo pasaba.

Tras el descanso, el paisaje cambió. Marruecos dio un paso adelante, se ordenó atrás y, sobre todo, empezó a tratar mejor la pelota. El propio seleccionador subrayó que sus jugadores se mostraron “mucho más serenos” en la circulación, lo que les permitió salir con más criterio y sostenerse en el partido. Los mismos futbolistas que en la primera mitad parecían asfixiados, arrancaron el segundo acto con otra cara, con más aire y decisión.

El tramo final fue una prueba de resistencia. Cansancio, nervios, espacios que se abrían a la espalda. “Fue duro al final”, admitió el entrenador, consciente de que su equipo rozó el límite físico. Aun así, la selección marroquí se mantuvo competitiva hasta el último suspiro, aferrada a la idea de que todavía había algo que rescatar del encuentro.

Ouahbi, a sus 49 años, no se quedó solo en el análisis inmediato. Miró más allá del resultado y habló de construcción. Insistió en la necesidad de seguir creyendo, de seguir trabajando y de reforzar los fundamentos del equipo. Puso el foco en un aspecto clave para el futuro: ampliar el fondo de armario para que, cuando lleguen las lesiones o falte frescura, haya una base más amplia de futbolistas preparados para sostener el nivel.

El mensaje fue claro: decepción profunda, ambición intacta. “Queríamos más”, admitió, sin rodeos. Pero también dejó una promesa implícita: este tropiezo no será el punto final. Marruecos no piensa detenerse aquí. La pregunta ya no es qué ocurrió con esa mano de Rabiot, sino hasta dónde puede llegar este grupo si consigue convertir la frustración de hoy en el impulso de mañana.