Logotipo completo Alargue Final

Paolo Maldini regresa al fútbol italiano como director técnico

Paolo Maldini vuelve a casa. No a San Siro, sino al corazón mismo del fútbol italiano. La FIGC anunció en la noche del sábado su nombramiento como director técnico de la selección, una decisión que ha encendido algo que Italia llevaba años buscando: esperanza.

No estará solo. A su lado trabajará Leonardo, incorporado como asesor. Dos figuras que conocen la élite, el vestuario y los despachos. Dos personalidades distintas que se reencuentran para pilotar la reconstrucción de una Nazionale que lleva tres Mundiales seguidos viéndolos por televisión.

Un país que vuelve a creer

La reacción fue inmediata. Aficionados, exjugadores, campeones del mundo: el país se alineó con la elección. Italia necesitaba un símbolo para iniciar un nuevo proyecto, alguien capaz de mandar y, al mismo tiempo, unir. Maldini encaja el perfil a la perfección.

Giovanni Malagò, nuevo presidente de la FIGC, firma así su primera gran decisión. Y el veredicto popular es claro: acierto rotundo. En un contexto en el que Italia observa desde el sofá cómo Francia, España, Argentina y Inglaterra se disputan unas semifinales de Mundial convertidas en espectáculo global, la federación decide mover ficha y mirar hacia dentro.

El encargo para Maldini es mayúsculo: reconstruir la estructura deportiva de la selección y, de inmediato, encontrar al próximo seleccionador. No se trata solo de un nombre, sino de marcar una línea de futuro.

Conte, Mancini… y los sueños imposibles

Sobre la mesa ya hay candidatos evidentes. Antonio Conte y Roberto Mancini aparecen como los grandes favoritos para el banquillo azzurro. Conocen el entorno, dominan la presión, manejan la élite. Son opciones sólidas, reconocibles.

Pero la imaginación del entorno mediático italiano no se detiene ahí. Empiezan a circular nombres de otro nivel, casi de fantasía: Pep Guardiola, Didier Deschamps. Perfiles que hoy pertenecen a otros proyectos, pero que sirven para medir la dimensión del debate y las expectativas que despierta el nuevo ciclo.

Maldini, junto a Leonardo, tendrá que separar ruido de realidad. El encargo es claro: identificar al entrenador ideal para devolver a Italia a la escena que le corresponde.

La bendición de Zoff

Entre las voces que han salido a la palestra destaca una que pesa como pocas: Dino Zoff. Campeón del mundo en 1982, seleccionador en la Euro 2000 y hombre que conoce a los Maldini de primera mano, tanto a Paolo como a su padre Cesare.

“Paolo ha dado muchísimo a nuestro fútbol, al Milan en particular, pero también a la selección”, recordó Zoff, evocando aquella Eurocopa perdida en la final ante Francia y el vínculo con Cesare, ayudante de Enzo Bearzot en el Mundial del 82. No es solo nostalgia: es legitimidad.

Zoff va más allá del homenaje. Define el nombramiento con tres palabras clave: carácter, carisma y competencia. Y subraya un punto crucial para el futuro inmediato: Maldini debe ser libre para seguir sus convicciones, sin interferencias externas, cuando elija al nuevo seleccionador. Un mensaje directo a la federación, a la política y al entorno mediático.

Maldini y Leonardo, dos miradas, un proyecto

Si Zoff aporta memoria y autoridad, Alessandro Costacurta añade la perspectiva del compañero de batalla. Compartió con Maldini una vida de vestuario en el Milan, una colección de títulos y una forma de entender el fútbol.

“Es una gran noticia para el fútbol italiano, porque hemos traído a una de las personas más iluminadas y sinceras de este deporte”, valoró el exdefensa. No es una frase menor viniendo de alguien que lo ha visto mandar desde dentro.

Costacurta también pone el foco en Malagò: “Ha tomado la mejor decisión posible. De hecho, elegir a Maldini es quizá más importante que elegir al nuevo entrenador”. La frase resume el momento. Antes del banquillo, la estructura. Antes del sistema de juego, la idea de país futbolístico.

En ese esquema, Leonardo ocupa un rol complementario, casi necesario. Costacurta los dibuja como polos que se atraen: Leonardo, más soñador, más visionario; Maldini, más práctico, apoyado en su conocimiento y su instinto. Dos formas distintas de ver el juego que, según él, tienen una virtud común: se escuchan, parten de ideas diferentes y acaban encontrando soluciones compartidas.

Un giro de timón inaplazable

Italia necesitaba un punto de inflexión. Tres Mundiales seguidos sin competir, una Eurocopa reciente que no tapa la sensación de deriva, una generación de aficionados que ha crecido viendo a la Nazionale como espectadora. El nombramiento de Paolo Maldini no resuelve todo eso de un plumazo, pero cambia el tono de la conversación.

La federación pone al frente a un hombre que simboliza exigencia, elegancia y pertenencia. Alguien que ha vivido la gloria y la caída, que conoce el peso de la camiseta azzurra y el ruido que la rodea.

Ahora llega la parte más delicada: transformar el consenso inicial en decisiones valientes. Elegir al seleccionador adecuado, redefinir la identidad del equipo, recuperar el respeto internacional. Maldini ya tiene el cargo y el respaldo. Falta saber si Italia, esta vez, le permitirá trabajar con la libertad que sus propios campeones reclaman.