Silbidos en el regreso de Julian Alvarez al Metropolitano
Julian Alvarez volvió al Metropolitano y el recibimiento fue todo menos cariñoso. El argentino, en pleno pulso con el club para salir este verano, escuchó una tormenta de silbidos desde el primer paso sobre el césped. La fractura con la grada ya es imposible de disimular.
El delantero quiere marcharse de Madrid y su nombre lleva semanas ligado con fuerza a Arsenal, vigente campeón de la Premier League, y a Barcelona. Desde los despachos de Atlético, sin embargo, el mensaje se mantiene firme: no está en venta. Entre ese bloqueo institucional y el deseo del jugador se ha abierto una grieta que el domingo quedó expuesta ante todo el estadio.
Era el primer partido en casa de la temporada y mucha atención estaba puesta en la alineación para recibir a Villarreal. Alvarez no apareció entre los once titulares, pero sí en el banquillo. Lejos de interpretarse como una reconciliación, su presencia fue la chispa que encendió a una afición molesta con la forma en la que el argentino está forzando su salida.
Ni el calentamiento se salvó. Cada toque de balón de Alvarez en la banda venía acompañado de abucheos. Cuando en el minuto 66 el técnico decidió darle entrada, el ruido subió varios decibelios: una mezcla de silbidos y gritos que le acompañó hasta que pisó el campo.
La noche ya venía torcida para Atlético. Marc Pubill había adelantado a los locales, pero un penalti transformado por Gerard Moreno cerca de la hora de juego había devuelto el empate. Con el duelo abierto, Alvarez saltó al césped en un clima enrarecido, sin rastro del apoyo que suele recibir un jugador propio en un momento delicado.
El castigo del Metropolitano no se quedó ahí. Otro penalti, esta vez convertido por Georges Mikautadze, dio la vuelta al marcador y puso a Villarreal por delante. La tensión se mascaba. Sobre el campo y en la grada.
Cuando el partido se escapaba, apareció otro argentino. Giuliano Simeone, a cinco minutos del final, rescató el 2-2 y evitó una derrota que habría dejado aún más heridas. El gol encendió al estadio, pero no cambió el clima alrededor de Alvarez.
El cierre del encuentro retrató mejor que nada la situación. Mientras el resto de sus compañeros se quedaron sobre el césped para agradecer el apoyo a la afición, Alvarez se marchó directo al túnel de vestuarios. Sin mirar atrás. Entre nuevos silbidos.
La imagen resume el momento: un jugador decidido a salir, un club que se niega a vender y una grada que ha tomado partido. La temporada acaba de empezar, pero el pulso entre Julian Alvarez, Atlético y su gente ya se juega a cara descubierta.






