Stuttgart derrota a Everton: oportunidades perdidas y penalti fallido
En el cierre de su gira de dos partidos por Alemania, Everton salió del MHPArena con una sensación conocida y preocupante: el marcador, Stuttgart 3-1 Everton, no cuenta toda la historia, pero sí señala el problema que más pesa sobre el equipo inglés. Generó ocasiones para irse con “un puñado” de goles. Se marchó con uno, y de penalti.
Un inicio torpe, un aviso constante
Jarrad Branthwaite, capitán de salida, encabezó al equipo en un once marcado por la titularidad de Hayden Hackney y la ausencia de Christian Nørgaard, que ni siquiera se ha incorporado a la expedición en Alemania. O’Brien y Branthwaite arrancaron como pareja de centrales, con Röhl de nuevo improvisado en el lateral derecho. James Garner, mientras tanto, continúa recuperándose de su operación menor en la ingle.
El balón fue de Stuttgart desde el pitido inicial. Everton apenas lo olió en los primeros minutos. Branthwaite tuvo que abortar una acción muy peligrosa en el área propia y, acto seguido, Beto se abrió paso a base de potencia, pero su último toque regaló la pelota a un defensa. Primer síntoma de la tarde: la jugada estaba, la ejecución no.
O’Brien concedió un córner que casi cuesta el 1-0, con un disparo final que se marchó fuera por poco desde un ángulo muy cerrado. Dibling intentó soltarse con una conducción tímida, sin convicción. Hackney buscó un pase vertical imposible y Stuttgart volvió a cargar, aunque a partir del minuto 10 Everton empezó a asentarse con algo más de posesión.
El portero local le regaló el balón a Alcaraz en la frontal, una invitación de lujo. La respuesta de Beto fue un disparo muy desviado. Entre medias, buenos robos en el centro del campo… y pérdidas inmediatas. El patrón se repetía: recuperación, avance, mala decisión.
Un tramo de circulación más limpia llevó a Hackney a probar desde la frontal. Su disparo se fue rozando el palo equivocado. Fue el aviso de lo que venía: el gol que Stuttgart llevaba anunciando desde el inicio. Nartey apareció y soltó un derechazo a la escuadra, por encima de Travers, directo al techo de la red. Imparable, pero también demasiado fácil para el conjunto alemán.
Poco después, Iroegbunam tuvo que dejar el campo, aparentemente lesionado, y Michael Keane entró en su lugar, rompiendo de golpe la nueva sociedad O’Brien-Branthwaite. Dibling cayó en el área tras una entrada cuando encaraba, pero el árbitro no vio penalti. Stuttgart respondió al contragolpe, esta vez con un remate muy desviado.
Ocasiones por todos lados, goles por ninguno
Branthwaite se inventó una salida desde atrás que activó a Alcaraz y acabó con un disparo de Röhl bloqueado. Beto probó una chilena tan ambiciosa como fallida. Alcaraz, muy vivo entre líneas, se escapó y puso un centro raso y fuerte al primer palo; Beto llegó tarde por centímetros.
Dibling empezó a encontrar espacios, aunque sus centros morían por falta de tensión o precisión. Después llegó una cadena de oportunidades en el área rival en la que siempre faltó el último toque, el remate limpio, el golpeo decidido.
Röhl metió un gran balón para Beto. El delantero, en buena posición, eligió centrar al segundo palo hacia Dibling en lugar de finalizar. El envío fue demasiado largo, imposible de alcanzar. Otra ocasión que se desvanecía.
La jugada que definió la primera parte llegó desde un saque largo de Travers. Balón directo a Beto, peinada perfecta para la carrera de Röhl, y centro de vuelta medido al área pequeña. Beto, solo, con todo a favor, se quedó literalmente en blanco: swing al aire. Una ocasión increíble, de las que marcan pretemporadas y alimentan dudas.
Everton insistió. Röhl puso otro buen centro para Dibling, cuyo disparo forzó una parada baja junto al poste. En el córner, Dibling colgó un balón tenso al corazón del área; Beto, de nuevo, remató alto cuando el cabezazo solo pedía una ligera peinada.
Stuttgart, casi de manera esporádica, respondió con un zapatazo de Mittelstädt desde unos 25 metros que se fue por encima del larguero. Después, Keane tuvo que intervenir para bloquear un disparo que iba directo a puerta. De ese córner nació otra ocasión clarísima: un cabezazo se colaba en la escuadra hasta que Travers voló y la sacó con una mano espectacular. El portero volvió a lucirse con una parada con el pie en un disparo raso a quemarropa.
Antes del descanso, Everton aún tuvo más. Alcaraz lanzó a Röhl por la derecha, pero su pase hacia Beto se fue demasiado largo. Armstrong, atrás, firmó una entrada magnífica para frenar otra internada alemana. Röhl volvió a desbordar por la banda, sin encontrar rematador. Y Beto, de nuevo en carrera, frenó en seco cuando parecía tener ventaja, diluyendo la última acción de una primera mitad frenética.
El descanso llegó con un mensaje claro: Everton había hecho méritos para ir por delante. Su problema no era crear. Era definir.
Travers sostiene, el poste avisa
Alcaraz puso el balón en juego en la segunda parte, sin cambios en los ingleses. Stuttgart salió más afilado. Travers, otra vez, sostuvo al equipo con dos intervenciones de mérito, incluida una parada sobre la línea tras un cabezazo de Alcaraz hacia su propia portería en un córner. El guardameta estaba donde debía, una y otra vez.
Dibling mostró algo más de carácter con el balón, conduciendo hacia adelante, pero Beto quedó atrapado entre dos defensas. Keane fue sancionado con falta y Stuttgart volvió a avanzar metros. Dibling insistió en el uno contra uno, aunque pecó de pausa en el pase final.
En una acción más rápida, Dibling filtró un buen balón para la carrera de Röhl, cuyo centro no encontró destinatario. Poco después, el propio Dibling robó arriba y forzó una falta peligrosa, pero Everton optó por jugar hacia atrás, apagando su propio fuego.
Stuttgart respondió con un disparo seco al palo, con Travers ya batido. Un aviso serio. Mykolenko, en la siguiente acción prometedora, colgó un centro desastroso que mató la jugada. Keane, en cambio, lanzó un gran balón largo hacia Beto, que controló bien… hasta que decidió ceder el esférico directamente a un defensa.
Dibling conectó mejor con Armstrong en una internada por la izquierda, aunque sin premio ni córner. Al otro lado, Stuttgart hiló una secuencia de pases rápidos que solo encontró recompensa en un córner. Ese saque de esquina fue la señal para una batería de cambios masivos del conjunto alemán en torno a la hora de juego. En la defensa visitante, un segundo córner terminó con un cabezazo blando que dejó a Travers vendido, aunque sin consecuencias inmediatas en el marcador descrito.
El penalti de Beto y el castigo final
Ndiaye entró con otra velocidad en la circulación y soltó pronto a Barry por la derecha, pero el extremo quedó aislado y perdió la pelota. Branthwaite se llevó un susto al llevarse la mano al muslo —o quizás a la rodilla—, aunque tras hablar con los fisioterapeutas aseguró estar bien.
Everton encadenó una buena combinación en campo rival. Beto se lanzó al espacio, superó la salida del portero y, en una acción muy discutible, arrancó un penalti extremadamente blando. El árbitro lo concedió. Beto asumió la responsabilidad y no falló desde los once metros (72’): gol, 3-1, alivio parcial para un delantero que había tenido una tarde para el olvido en el juego abierto.
Stuttgart, lejos de bajar el ritmo, volvió a apretar. Un nuevo tramo de circulación precisa acabó con un cabezazo que rozó la parte superior del larguero de King, ya en el campo tras sustituir a Travers en el minuto 76. El propio King detuvo sin problemas un disparo escorado poco después.
Con la avalancha de cambios en el tramo final, el partido perdió forma y continuidad. Stuttgart, aun así, siguió encontrando espacios para llegar al área y rematar por encima. Un mal despeje de Keane fue devuelto con dureza: la jugada regresó sobre la defensa azul y el tercer gol local llegó con una facilidad que no dejará tranquilo al cuerpo técnico.
Everton todavía tuvo una última oleada. En un córner tardío, Keane cabeceó y el portero salvó sobre la línea. Ndiaye recogió el rechazo y vio cómo dos remates consecutivos eran bloqueados, uno de ellos posiblemente tras cruzar la línea. El árbitro dejó seguir. Otro córner, ya en unos insólitos diez minutos de añadido, terminó con Dewsbury-Hall ganando un balón aéreo que botó cerca del poste y se marchó fuera.
El silbatazo final cerró una buena sesión de trabajo físico y táctico para Everton, pero también dejó al descubierto, con crudeza, la gran urgencia del verano: un equipo que genera tanto no puede seguir fallando tanto. Pretemporada o no, el reloj ya corre.






