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Tottenham busca la élite en la Women’s Super League

El mensaje de Tottenham es claro antes de que ruede el balón en la próxima temporada de la Women’s Super League: ya no les basta con sobrevivir. Quieren irrumpir en la élite… y lo están demostrando con la chequera.

El club ha firmado un verano de inversión agresiva, diseñado al milímetro, que encaja con una trayectoria reciente de crecimiento acelerado. Sobre el papel, la plantilla que dirige Martin Ho tiene tamaño, talento y ambición como para incomodar a los gigantes establecidos del campeonato.

De coquetear con el descenso a pensar en Europa

Hace dos años, Tottenham miraba de reojo la zona baja de la tabla. La temporada pasada terminó quinto en la WSL, un salto considerable que sirvió como declaración de intenciones y como punto de partida para el siguiente paso: acercarse a los puestos europeos.

La directiva ha acompañado ese cambio competitivo con una modernización profunda del entorno. Más personal, mejores recursos y una base propia en el centro de entrenamiento de Hotspur Way, aunque el proyecto de una nueva academia específica para mujeres y niñas se haya topado esta semana con un bloqueo en los tribunales.

El club ya había mostrado músculo en otros momentos clave: tras el ascenso en 2019, llevó a casi 40.000 aficionados al Tottenham Hotspur Stadium para un derbi del norte de Londres ante Arsenal. Poco después, sorprendió al mercado con la llegada en préstamo de la estrella estadounidense Alex Morgan tras su maternidad. En 2024 alcanzó la final de la Women’s FA Cup. No son golpes aislados. Es una línea ascendente.

La caída llegó en 2024-25, con una temporada decepcionante bajo Robert Vilahamn que acabó en destitución. La respuesta fue la llegada de Ho y, con él, un rebote inmediato: el equipo regresó a la zona alta en su primera campaña.

Un plan de fichajes de 12 meses, no de última hora

Cuando Martin Ho firmó en julio de 2025, Tottenham no improvisó. Activó un plan de reclutamiento a 12 meses vista, con objetivos claros para las tres ventanas de fichajes siguientes. Las conversaciones con la delantera Cathinka Tandberg y la defensora Toko Koga ya estaban muy avanzadas incluso antes de que se cerrara el contrato del técnico. Hoy ambas son piezas clave en su esquema.

Ho se tomó su primer verano como un periodo de observación. Analizó línea por línea, perfil por perfil, antes de impulsar una evolución profunda del vestuario. Desde entonces, fuentes del club insisten en que han logrado cerrar todos sus objetivos prioritarios tanto en enero como en este verano, pese a que el mercado no se cierra hasta el 3 de septiembre.

La estrategia ha sido nítida: cerrar operaciones pronto para que el entrenador pueda trabajar con la plantilla completa durante toda la pretemporada. Nada de parches de última hora.

Este verano, el movimiento más ruidoso ha sido la llegada de la defensora francesa Alice Sombath desde Lyon, nuevo fichaje récord del club. El salto económico es evidente si se compara con los aproximadamente 375.000 euros invertidos en enero en la noruega Signe Gaupset. Tottenham ha pasado de ser un actor prudente a uno dispuesto a competir en cifras con los grandes.

Alrededor de Sombath, la lista de incorporaciones dibuja un equipo con equilibrio y profundidad: las delanteras Shekiera Martinez y Kirsty Hanson, la defensora Caitlin Dijkstra, la centrocampista Victoria Pelova y la guardameta Selma Panengstuen. Juventud con techo alto, gol probado en la WSL y refuerzos en todas las líneas.

Al frente de la operación ha estado Andy Rogers, director general con 24 años en el club, decidido a dejar un legado sólido antes de dar un paso al lado. Su verano ha sido el de un ejecutivo que quiere entregar un proyecto armado, no un puzle a medio hacer.

Aspiración declarada: meterse entre las tres grandes

La gran pregunta es obvia: ¿hasta dónde puede llevar todo esto a Tottenham?

El club ya ha consolidado su presencia en la WSL. La estructura fuera del campo es lo bastante robusta como para pensar en algo más que la permanencia. Ho no se ha escondido. Ha repetido una y otra vez que la ambición es competir con las mejores del país y construir un equipo capaz de jugar en Europa.

Ahí está el muro. Solo las tres primeras de la WSL acceden a la Women’s Champions League. En los últimos años, esos puestos han sido territorio casi exclusivo de Arsenal, Chelsea, Manchester City y Manchester United. Desalojar a una de esas potencias no es un reto menor.

Además, Tottenham no pelea solo. London City Lionesses y Brighton también han abierto la cartera y sueñan con colarse en ese podio. El efecto dominó es evidente: cada inversión de un rival obliga al resto a no quedarse quieto. En un mercado en el que los récords de traspasos se superan con frecuencia, Spurs ha entendido que la pasividad equivale a retroceder.

Todo esto ocurre en un contexto en el que las normas financieras y los posibles topes salariales en el fútbol femenino aún están en una fase embrionaria. Mientras no haya un marco más rígido, los clubes que quieran y puedan invertir tienen margen para hacerlo con poca resistencia regulatoria. Es un escenario que puede cambiar pronto, pero Tottenham ha decidido aprovechar el momento.

Un cambio de era también en los despachos

El giro no se limita al equipo femenino. El gasto ambicioso de este verano coincide con una ventana intensa para el conjunto masculino, que busca reaccionar tras una campaña nefasta en la Premier League, rozando el descenso.

Todo forma parte de una reorientación estratégica tras la salida del histórico presidente Daniel Levy en septiembre de 2025 y los movimientos posteriores en el consejo. La llegada de Vinai Venkatesham como director ejecutivo, procedente de Arsenal en abril de 2025, es una pieza clave. Su experiencia fue determinante en el éxito del equipo femenino gunner, y ahora pretende replicar ese modelo al otro lado del norte de Londres.

La fórmula que persigue Tottenham es reconocible: fichar a algunas de las mejores jóvenes de Europa —como Gaupset y Sombath— y rodearlas de goleadoras contrastadas en la WSL como Hanson y Martinez. El objetivo es entregar a Ho un grupo al que pueda moldear, desarrollar y hacer crecer durante varios años, no solo una temporada.

El reto pendiente: llenar las gradas

En el césped, el proyecto avanza. Fuera de él, queda un desafío mayúsculo: la afición. Tottenham promedió solo 1.734 espectadores en la WSL la pasada campaña, una cifra que además se ve maquillada por los partidos puntuales disputados en el estadio principal, con entradas bastante superiores.

El contraste con la ambición deportiva es evidente. Para que el proyecto alcance la dimensión que busca el club, el crecimiento de la masa social será tan importante como el de la plantilla. Más inversión, más estrellas, más victorias… y la necesidad de convertir todo eso en hábito de estadio, no solo en evento ocasional.

Tottenham ha elegido su camino: gastar, planificar y atacar el statu quo de la WSL. El plan está trazado, los fichajes están hechos y el mensaje está lanzado. Ahora falta la respuesta definitiva: ¿será suficiente para derribar la puerta de Europa o habrá que volver al mercado con aún más fuerza la próxima vez?