Tottenham empata sin goles ante Nottingham Forest
Tottenham Hotspur por fin dejó de perder. Ese es el titular frío. El matiz: sigue sin ganar, sigue sin marcar y sigue atrapado en el mismo laberinto ofensivo. El 0-0 en el City Ground ante Nottingham Forest le dio al equipo de Roberto De Zerbi su primer punto de la temporada en la Premier League, pero no alivió la sensación de bloqueo en el último tercio.
Fue un partido duro, físico, desordenado por momentos. Un choque de piernas, choques aéreos, segundos balones. Y en medio de ese ruido, una certeza: este Tottenham no rehúye la pelea. La cuestión es si sabe cómo rematarla.
De Zerbi, entre la satisfacción y la frustración
El técnico italiano salió del City Ground con una mezcla evidente de orgullo y rabia contenida.
“Decepcionado por el resultado, pero por la actuación, muy contento”, admitió tras el encuentro. “Teniendo en cuenta que empezamos a trabajar juntos el jueves por primera vez, jugamos bien. Creo que podemos mejorar en el último pase. Si mejoramos en el último tercio, creo que podemos marcar muchos, muchos goles porque tenemos jugadores con mucha calidad. Ahora es un momento duro para aceptar este resultado, porque creo que jugamos bien”.
El diagnóstico fue directo: no se trata de “desbloquear” el área rival con alguna fórmula mágica, sino de reducir errores en esa zona decisiva.
“No es desbloquear el último tercio. Son los errores. Tenemos que trabajar en esa parte. Creo que jugamos muy bien con balón, encontramos soluciones porque ellos presionaban a nuestros defensas con tres, pero uno de nuestros laterales estaba siempre solo y lo encontramos durante los 90 minutos. En la salida de balón jugamos muy bien. En el último tercio, creo que podemos ser… mejores. Mucho mejores”.
El plan estaba claro, la ejecución se quedó corta justo donde más duele.
Cambios forzados y pérdida de equilibrio
El segundo tiempo dejó a De Zerbi con una espina más. Las sustituciones no estaban en su guion ideal, pero el riesgo de lesión pesó más que la necesidad de continuidad.
“En la segunda parte, lo siento porque el cuerpo médico insistió en cambiar a Savio y Udogie después de 60 minutos. Kudus y Robertson jugaron muy bien, pero quizá dos sustituciones en ese momento no fueron tan buenas. Pero ahora no podemos arriesgar con lesiones otra vez. Savio es demasiado importante para nosotros, lo mismo Destiny. Quizá perdimos algo de equilibrio, algo de conexión, cuando se marcharon”.
El técnico apuntó también a un factor que no se arregla en una sesión de vídeo ni en un par de entrenamientos: la condición física y la química de un grupo prácticamente nuevo.
“Creo que hoy defendimos muy, muy bien. Tenemos que mejorar la condición física de algunos jugadores, la conexión entre ellos. Hemos cambiado, no sé cuántos jugadores, en esta ventana de fichajes. Hemos traído jugadores muy, muy buenos, pero el equipo no se ajusta como en los nombres sobre el papel o en el Football Manager”.
El mensaje fue nítido: el talento está, el equipo aún no.
Un sistema que exige al límite… y un central que sostiene el piso
El problema de Tottenham no está en los primeros metros. Ni siquiera en la zona media. Está en ese rectángulo blanco al que todos miran y al que nadie consigue apuntar con precisión.
El propio De Zerbi lo subrayó: su equipo funcionó muy bien en dos tercios del campo y se atascó en el último. Y eso, en un modelo como el suyo, es casi una contradicción vital. Su sistema está diseñado para poner a la línea defensiva en situaciones complicadas con el balón, asumir riesgos atrás para ganar ventajas arriba. Cuando el ataque responde, el intercambio compensa. Cuando no, se queda en un ejercicio de alto riesgo con poco premio.
Ahora mismo, Tottenham vive en ese filo. Lo sostiene, sobre todo, una pieza: Micky van de Ven. El neerlandés se mueve cómodo en escenarios que a otros centrales les queman. Ha empezado la temporada a gran nivel junto a su compatriota Jan Paul van Hecke. Incluso en la derrota ante Newcastle la semana pasada, lo que castigó al equipo fueron las jugadas a balón parado, no un colapso estructural en campo abierto. Van de Ven eleva el suelo competitivo del Tottenham más que ningún otro jugador de la plantilla.
El techo, sin embargo, sigue muy bajo. Tan bajo que, metafóricamente, ni Micky puede ponerse de pie en la casa del Tottenham cuando se trata del último tercio.
Sin creador, sin pausa y sin claridad
Sobre el papel, el frente de ataque impresiona. Nombres, regate, velocidad, desequilibrio. De Zerbi lo sabe y lo repite: los partidos no se juegan sobre el papel.
La raíz del problema lleva tiempo ahí: falta un verdadero creador en el centro del campo. Sin ese organizador, el equipo solo consigue progresar con claridad por fuera. El balón viaja a banda, una y otra vez. Eso da tiempo al rival para replegar, ordenarse, llenar el área y marcar individualmente sin sobresaltos.
Forest leyó el guion con precisión. Presionó alto en los primeros minutos, incomodó la salida, y cuando el partido se estabilizó, se hundió atrás con nueve o diez jugadores alrededor del área. Bloque bajo, área abarrotada, líneas juntas.
Y Tottenham, repleto de extremos y delanteros de uno contra uno pero sin un “10” de verdad, se estrelló contra ese muro. No hubo pases filtrados, no hubo cambios de ritmo interiores constantes, no hubo esa figura que recibe entre líneas, gira y desordena al rival.
El nombre que todos miran es James Maddison. Su regreso tras lesión podría ofrecer ese punto de lucidez entre líneas que ahora mismo falta. Pero pedirle que vuelva de golpe a su mejor nivel después de prácticamente un año parado es, como mínimo, ambicioso.
Lo más realista es otro escenario: que muchos partidos se parezcan mucho a este. Dominio a ratos, buenas sensaciones con balón en campo propio y medio, solidez defensiva aceptable… y una incómoda sensación de impotencia cuando llega el momento de decidir.
Tottenham ya ha dejado de perder. El siguiente paso es mucho más complejo: ¿cuándo empezará, de verdad, a ganar partidos desde el área rival y no solo desde la pizarra?






