USMNT se enfrenta a Australia: la incertidumbre de Pulisic
La USMNT se mira al espejo: favorita ante Australia, pero con un enorme signo de interrogación llamado Pulisic
La sensación es casi unánime: todo lo que no sea una victoria de la USMNT ante Australia sonará a decepción. El recuerdo del paseo frente a Paraguay sigue fresco. Intensidad alta, presión coordinada, claridad en tres cuartos. Si el equipo de Mauricio Pochettino se acerca a ese nivel, el pronóstico parece sencillo: debería ser un partido controlado.
Pero nada alrededor de este duelo suena sencillo.
El choque llega cargado de roce previo, de declaraciones cruzadas y de un punto de orgullo herido tras el aviso que dejó Turquía. El equipo estadounidense sabe que, si entra confiado, lo puede pagar caro. Y enfrente no hay un rival brillante, pero sí un equipo áspero, físico, que disfruta cuando el partido se vuelve incómodo.
Favoritos… pero con nervios
Entre quienes analizan al equipo, el veredicto se repite: Estados Unidos es mejor. Más talento, más variantes, más fondo de armario. Aun así, nadie espera un trámite.
El partido apunta a ser cerrado, duro en los duelos, decidido por detalles. Ahí entran en juego los “gamechangers”, los futbolistas capaces de romper un plan con una sola acción. Australia tiene los suyos, con Nestory Irankunda como estandarte tras lo que hizo ante Turquía. La USMNT, sin embargo, parece tener más munición de ese tipo… siempre y cuando sus piezas clave estén disponibles.
Y ahí aparece el gran tema de la previa: Christian Pulisic.
Pulisic, el hombre que lo cambia todo
La lesión de la gran estrella estadounidense sacude el tablero. Perder a tu mejor jugador nunca es una anécdota. En este caso, es casi una redefinición del equipo.
Pulisic no es solo el extremo más desequilibrante. Es el eje emocional y futbolístico de la USMNT. Todo pasa por él: conducción, último pase, pausa cuando hace falta y agresividad cuando no hay mañana. Sin él, el equipo no se parece tanto a sí mismo.
Pochettino se enfrenta a un dilema clásico de torneo corto. ¿Arriesgar a su figura para intentar cerrar la clasificación cuanto antes y darle descanso en el último partido de grupo? ¿O aplicar prudencia máxima y protegerlo, aunque eso suponga complicarse la vida en el grupo?
La tentación es clara: ponerlo, intentar golpear primero y luego guardarlo “entre algodones” durante dos semanas. Pero la decisión no es sencilla. El cuerpo técnico sabe que el torneo puede ser largo y que el techo del equipo, sin Pulisic en plenitud, baja un escalón.
El vacío que deja el capitán
Más allá del nombre, está la función. Romper defensas cerradas. Ganar duelos uno contra uno. Crear algo de la nada.
En el último partido ya lo demostró en el primer gol: una acción individual que abre una puerta que parecía cerrada. Incluso dentro del vestuario hay consenso. Cuando a Sergiño Dest le preguntaron quién es el mejor del equipo en el uno contra uno —después de él, como bromeó—, señaló directamente a Pulisic.
Si no puede jugar, alguien tendrá que asumir ese rol incómodo: ser el que incomode a Australia, el que obligue a la línea de cinco a dar pasos atrás, el que fuerce errores donde no parece haber espacio.
La amenaza Irankunda y el reto para la zaga
Australia no llega con una constelación de estrellas de Premier League. Esta generación vive más lejos del foco europeo, pero eso no la convierte en inofensiva.
Nestory Irankunda es el nombre que se repite. Un extremo eléctrico, especialmente desde la izquierda, dispuesto a probar a Dest durante todo el partido. Y ahí se abre una grieta potencial para la USMNT.
La defensa estadounidense ha dejado dudas en los últimos meses. Errores de concentración, desajustes cuando los laterales se sueltan demasiado, dificultades ante rivales rápidos al espacio. Irankunda encaja a la perfección en ese perfil de amenaza: velocidad pura, hambre, desparpajo.
Si entra en una carrera larga con Tim Ream, el desenlace parece escrito. Chris Richards llega de una lesión de tobillo, los laterales tienden a proyectarse y el espacio a la espalda queda expuesto. Australia no va a desperdiciar esa vía de escape. Si Irankunda tiene su día, puede convertir un partido controlado en una montaña rusa.
El factor Mathew Ryan
Mientras todos señalan a Irankunda como el gran peligro, hay otra figura australiana que puede torcer el guion: Mathew Ryan.
Portero veterano, curtido en Europa, acostumbrado a noches grandes. Ha transmitido confianza durante la semana y no se esconde al hablar de las opciones de su selección. Y hay un matiz clave: frente a Paraguay, Matt Freese casi no fue exigido. El marcador abultado escondió la ausencia de un examen serio para el guardameta estadounidense.
Si el duelo ante Australia se vuelve denso, si el gol se resiste y todo se reduce a una ocasión aislada, la experiencia de Ryan puede marcar la diferencia. Un mano a mano, una estirada a la escuadra, una salida firme en un córner. En partidos así, un portero puede ser tanto héroe como verdugo de un plan.
¿Quién da un paso al frente en la USMNT?
Con Pulisic tocado, el foco se desplaza inevitablemente hacia otros nombres.
Malik Tillman es uno de ellos. Ante Paraguay, su trabajo sin balón fue sobresaliente: presión, ayudas, lectura táctica. Con balón, en cambio, quedó la sensación de que podía ofrecer más. Pochettino puede haberle encontrado una nueva zona de influencia, retrasándolo desde el rol clásico de “10” a una especie de interior “8” con llegada. Si se suelta, si añade gol o asistencia a ese despliegue, puede cambiar la cara del equipo.
Otro señalado es Folarin Balogun. Lo que contra Paraguay fue un partido abierto, ante Australia no lo será tanto. Menos espacios, más choques, más centros laterales y menos transiciones limpias. Ahí se verá cuánto ha madurado el ‘9’. Si Pulisic no está, la responsabilidad ofensiva se reparte, pero el delantero queda en primera línea. Necesitará ofrecer apoyos, descargar de espaldas, arrastrar centrales y, cuando aparezca la ocasión, ser clínico.
En un encuentro que puede decidirse por un detalle, un gol suyo puede significar mucho más que tres puntos.
El peso de un tropiezo
Perder ante Australia no sería el fin del mundo desde la aritmética. Con tres puntos aún se puede pelear la clasificación en el último partido del grupo. Pero el golpe iría más allá de la tabla.
En términos de impulso, sería un frenazo en seco. El plan ideal es claro: llegar al último duelo sin necesidad imperiosa de ganar, con margen para rotar, con la cabeza en las rondas de eliminación directa. Un tropiezo lo cambiaría todo.
Hay un componente estratégico evidente: no liderar el grupo abre la puerta a un cruce temprano con selecciones del calibre de Argentina. El camino se empina de golpe. Y, por encima de eso, está la narrativa de un programa que lleva dos décadas intentando dar “el siguiente paso” sin terminar de consolidarlo.
La USMNT ha vivido demasiadas ocasiones en las que parecía a punto de algo grande… hasta que llegó una actuación gris, un partido de más dudas que certezas, y todo volvió al punto de partida. Esta vez, el contexto es distinto: inversión fuerte en Pochettino, una generación con talento y una expectativa creciente alrededor del equipo.
Por eso, ganar el grupo no es solo un objetivo deportivo. Es un mensaje. Una forma de justificar la apuesta, de demostrar que el proyecto avanza y no se conforma con competir: quiere mandar.
Ante Australia, el equipo de Pochettino tiene la oportunidad de confirmar que ya no vive de promesas, sino de hechos. La pregunta es si puede hacerlo sin el hombre que, casi siempre, ha sido su faro: Christian Pulisic.






